martes, 16 de agosto de 2016

Entrevista al Dr. Federico José Xamist

Damos la bienvenida a Studia Hermetica al Dr. Federico José Xamist (Pontificia Universidad Católica de Chile). Espero que se sienta a gusto entre nosotros y que este sea un primer paso en una mutua y fructífera colaboración.

Le confieso que me intriga la preciosa y profunda mística que subyace a la iconografía religiosa ortodoxa, y que por ese motivo le invité a que colaborara con nosotros. Deseamos conocer a esos artistas y académicos que, como usted, trabajan silenciosa y tenazmente; queremos comprender de qué está hecho su mundo interior y cuáles son sus raíces históricas.



F. José Xamist. "Sabiduría", 2013.




Entrevista



Iván Elvira: ¿Cómo se definiría el Dr. Xamist? ¿Es usted un artista que pinta la palabra sagrada, un escritor y académico que da forma a las Escrituras y sus propios pensamientos, o quizás un humanista en el sentido estricto del término?

F. José Xamist: Antes que nada, querría agradecerle esta amable invitación a conversar. La verdad es que mi trayectoria ha sido errática e imprevisible incluso para mí mismo. La base de mi formación se desarrolló en el ámbito disciplinar de la Arquitectura, donde el espacio del taller se convierte en el crisol que funde diversos ámbitos de conocimiento. Pero desde muy pronto sentí un profundo llamado hacia la Palabra. Por eso estudié griego, para comprender el sentido de la palabra Logos, que es la palabra primera. Mis estudios también siempre estuvieron asociados a viajes, y así fue que después de vivir en España me fui a Grecia. Allí me inicié en el oficio de la pintura de íconos y realicé estudios de Teología ortodoxa. Hoy me encuentro enseñando en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile e intento no perder de vista ese horizonte de taller que da cuerpo a la Palabra.   


I. E.: Es indudable que la iconografía religiosa ortodoxa está vinculada a un modo especial de entender la relación con lo divino. ¿Qué es lo que más le cautiva de esa vinculación? ¿Qué le llevó a dedicarse en cuerpo y alma a su forma y significado?

F. J. X.: La clave para entender el sentido de los íconos en la vida de la Iglesia es el misterio de la Encarnación. La Encarnación es el acto de amor supremo a través del cual Dios mismo se hace hombre para que el hombre se haga Dios. Y ser Dios en este caso no significa empoderarse sino donarse, por muy absurdo o escandaloso que pueda parecer. Por otro lado, la tradición del ícono surge justamente como testimonio histórico de la Encarnación. Como señala un teólogo estudioso de la tradición de los íconos, la Encarnación fundamenta el ícono y el ícono muestra la Encarnación. Esta perfecta reciprocidad entre materia y espíritu, entre experiencia y lenguaje, y, en último término, entre hombre y Dios que testimonia el ícono es lo que me ha cautivado profundamente.




F. José Xamist. "San Lucas" (2014).





I. E.: Usted ha viajado por el Mediterráneo, retornando a las raíces erigidas por la Antigüedad grecorromana. ¿Dónde ha tenido la oportunidad de vivir con mayor intensidad el espíritu de esas raíces? ¿Por qué motivo?

F. J. X.: Al llegar a Grecia, habiendo estudiado filología clásica, sentí la profunda necesidad de ver qué decían los griegos sobre esa Grecia que yo había estudiado en un modo a veces tan aséptico. Qué decían los griegos de ahora, fueran como fueran. Yo vengo de Latinoamérica y sé lo que significa ser considerado de otro mundo, segundo o tercero, sin condiciones de posibilidad para la “alta cultura”. Pues bien, en Grecia me di cuenta que la idea que se tiene de la Antigüedad clásica en Occidente es una caricatura. La civilización griega siempre fue una civilización “popular”, y con esto quiero decir que la cultura siempre estuvo asociada a usos y costumbres, a cosas, a sabores, a un medio geográfico, a necesidades. El horizonte metafísico que alcanza la cultura griega en un momento determinado no tiene nada que ver con especulaciones ociosas sino con la posibilidad de disfrutar la vida en el más alto grado posible. Cuando en griego se habla de una “idea” se habla de algo íntimamente relacionado a una experiencia, algo que “se ha visto”, “se ha saboreado” y que tiene una incidencia directa en la vida de los hombres... incluso en la metafísica extrema de Platón se aprecia esta “condición de facticidad”. El poeta griego moderno Giorgos Seferis comenta en uno de sus escritos que en lengua griega es imposible disociar una idea de su correlato sensible. Creo que el mundo occidental tiene mucho que aprender todavía de Grecia, sobre todo de los periodos que ha ignorado largo tiempo y posteriormente ha romantizado, como Bizancio o la época de la turcocracia. El modo en que pervivió la democracia, por ejemplo, no como ideología sino como forma de vida. 


El poeta griego Giorgos Seferis, Premio Nobel de Literatura.



I. E.: Háblenos ahora, si no le importa, tanto de las razones de su arte como de su técnica. Usted ha tenido la oportunidad de conocer a grandes artistas como el Dr. Giorgos Kordis. ¿Qué destacaría de ese periodo de aprendizaje? ¿Se aprende algo más que iconografía cuando se estudia codo a codo con maestros de su talla?

F. J. X.: Kordis, antes que nada, es un gran pintor. Posee talento y una sabiduría plástica difícil de encontrar. Conoce la historia del arte y la tradición, y tiene clara conciencia de que la imitación sólo puede conducir a una muerte por inanición. De Kordis y el grupo de profesores que trabajaban con él en su escuela aprendí que la pintura de íconos es un sistema plástico, un modo de emplear la línea, el color y la composición en vistas de su cometido litúrgico. 


Giorgos Kordis. Cúpula de la Iglesia de la Santísima Trinidad, Columbia. Fuente: orthodoxartsjournal.org



I. E.: En otra ocasión fue el Sr. Andrew Gould quien le entrevistó, destacando uno de los elementos más atractivos de su obra: la perfecta unión entre modernidad y tradición. De hecho, puedo identificar en su obra una frescura “postimpresionista”, si me permite la comparación. ¿Cree usted que el canon establecido por la “maniera greca” desde la caída del Imperio Bizantino debería ser reinterpretado y de algún modo “adaptado” a los nuevos tiempos? ¿Ha añadido algo a esta reinterpretación las sucesivas corrientes de vanguardia artística? ¿Por qué es importante partir de las raíces de la iconografía?

F. J. X.: La tradición del ícono se encuentra en un momento determinante: o sigue su camino, liberándose de la tipificación, o desaparece. Pero a mí parecer también el mundo del arte en general se encuentra como en ascuas, como si algo tuviera que pasar. Creo que las búsquedas del arte moderno fueron truncadas (por muchas razones y muchas veces por sus mismos promotores) y todavía tenemos mucho que aprender de ellas. Y la tradición del ícono debe hacerse cargo de esas búsquedas, pues de ellas surgió su restitución como praxis actual. Por otro lado, el sentido que tiene la tradición en la práctica iconográfica no tiene tanto que ver con la conservación de un canon como con la continuidad de una experiencia histórica. Michail Bachtin decía que todo poeta encuentra ya hablada la lengua con la que pretende hablar como si fuera la primera vez. En este sentido, tradición y modernidad, en su sentido más profundo, son las dos caras de una misma moneda. Yo quiero creer que la tradición del ícono se renovará y entrará en comunión con el mundo del arte, que es su medio, sólo en la medida en que la Iglesia funcione como un órgano vital, como el corazón de una nueva sociedad que ilumine la vida de los pueblos. 



F. José Xamist. "San Onofre" (2013). 



I. E.: Háblenos de Michalis Vasilakis. ¿Por qué decidió decantarse por él para construir su tesis? Tengo la impresión de que esa particular alianza entre tradición y modernidad tuvo algo que ver, a juzgar por la fuerza y el misterio emanados de la obra de este genio contemporáneo.

F. J. X.: Como usted bien dice, para mí Vasilakis es un extraordinario ejemplo de síntesis entre tradición y modernidad. La verdad es que fue Kordis, que dirigió mi tesina, quien me nombró algunos iconógrafos contemporáneos para hacer mi investigación. Yo encontré una entrevista que le habían hecho a Vasilakis y quedé completamente maravillado con lo que decía. De una sencillez y transparencia tan contundentes. Igual que su obra. Y luego tuve la oportunidad de entrevistarlo personalmente y de ser su huésped. Es un hombre que ve el mundo a través de la pintura, del color y la línea, y para quien la historia sagrada es un cuento inmemorial pero aconteciente, ese drama que sucede cada día en la plaza del pueblo.


Michalis Vasilakis, "La entrada a Jerusalén" (2002).



I. E.: ¿Con qué personalidad o icono ha sentido más cercana eso que usted mismo denomina “experiencia eclesiástica”?

F. J. X.: El ícono de la Trinidad, y en particular el de Andrei Rubliov, creo que tiene un significado especial para mí. Además de ser una de las primeras obras del mundo de la iconografía ortodoxa que conocí, además de haberla conocido a través de la mirada de Andrei Tarkovski, y además de admirar la formidable sutileza de sus trazos, me parece que como tema iconográfico sintetiza magníficamente el núcleo de la experiencia cristiana de Dios: la comunión. En primer lugar la comunión como modo de ser de Dios, en segundo lugar la comunión que se manifiesta en la existencia teándrica de Jesucristo y en tercer lugar la comunión como realidad de vida de la Iglesia. Contemplando el ícono de la Trinidad se puede meditar largamente sobre aquella relación de compenetración mutua que une y diferencia a la vez –perichôresis, dicen los griegos. En todo caso, cada vez que pinto un ícono de un santo, por ejemplo, experimento la posibilidad de conocerlo de un modo más personal, incluso de encariñarme con él, de entrar en comunión con el cuerpo místico de la Iglesia. 


Fotograma de la película de Andrei Tarkovsky, Andrei Rublev (1966).



I. E.: Los que nos dedicamos a la literatura de la Antigüedad y el Renacimiento, guardamos como oro en paño algunas obras que nos emocionaron, enseñaron y guiaron. ¿Podría decirnos de qué piezas literarias y pictóricas de estos dos periodos conserva un especial recuerdo?

F. J. X.: Para ser conciso, le diría que la Odisea y el Partenón. Esta última si bien no es una pintura es un objeto de una calidad plástica insuperable. Del Renacimiento... para serle sincero, un autor que me apasiona es Jorge Manrique, sobre todo por su existencialismo avant la lettre, pero creo que no es renacentista. En pintura prefiero la espesura plástica de los españoles a la virtuosidad de los italianos o el manierismo de los flamencos. Nombraría a Velázquez, pero tampoco es renacentista. O al Greco, pero es una mezcla extraña.


Partenón. Fuente: Wikimedia Commons.



I. E.: Desde que estudio y leo obras escritas en lengua griega, tengo la impresión de que un poderoso anhelo filosófico se desprende de cada una de sus letras. ¿Cree usted que las lenguas son las portadoras vivas de un modo de ver el mundo? ¿Y qué hay del griego, es una lengua privilegiada en tal sentido?

F. J. X.: Si bien estoy convencido de que cada lengua dice cosas que en otras lenguas no se pueden decir, no creo que haya una lengua superior a otra. Yo soy un amante de la lengua griega por su ambigüedad semántica y su exactitud plástica. 



F. José Xamist. "Juan Damasceno" (2014).



I. E.: Ahondando en una idea ya expuesta, y por lo que he visto y leído, creo que hay un modo muy particular y hermoso de contemplar la experiencia mística y eclesiástica en los países de tradición cristiana ortodoxa (y tengo en mente especialmente a Grecia y Rusia). ¿Podría definir de alguna manera esa experiencia, usted que vivió allí durante una etapa de su vida?

F. J. X.: La gran virtud de la tradición oriental, a mi modo de ver, está en el principio gnoseológico que anima su tradición teológica, el apofatismo. El apofatismo consiste en la negación a identificar la verdad con la formulación de la misma. La verdad es una experiencia y sólo en la medida en que se haga esa experiencia se tiene acceso a la verdad. En este sentido, cualquier formulación de la verdad, sea filosófica, teológica o científica siempre será relativa a la experiencia misma, de modo que ninguno de esos discursos podrá nunca arrogarse la posesión de la verdad. Y esto no significa que dé lo mismo la formulación o que no podamos tener certeza de nada, sino que cada certeza tiene un campo de acción, por decirlo de algún modo, que no es extrapolable a la totalidad de la realidad. Toda experiencia de la verdad resulta en una forma discursiva, y no sólo por acrobatismo intelectual sino porque aquella formulación es la consumación de la experiencia y el modo en que comulgamos la verdad entre nosotros. Es decir, la formulación de la verdad no es un mal necesario sino que es el modo a través del cual accedemos a ella, nos mantenemos en ella. Entonces, si se fija, la tradición oriental se mantiene en un equilibrio perfecto entre los dos extremos de la tradición metafísica occidental: el idealismo totalitario y el nihilismo ofuscado. Más bien viene a ser como una tercera vía. Y justamente por esta premisa gnoseológica la lengua del arte asume un rol fundamental, porque el arte es la lengua apofática por excelencia: reconoce sus límites, es aquello que representa y al mismo tiempo no lo es. Todo esto que le digo puede sonar sumamente abstracto, pero ha dado lugar a una realidad eclesial profundamente diversa respecto al catolicismo o al protestantismo. Yo creo que hay que empezar a mirar el lado oriental del asunto. 



F. José Xamist. "San Jorge" (2015).




I. E.: Me consta que es usted un gran conocedor de España, ¿destacaría algún monasterio, iglesia o catedral que le cautivara especialmente durante su estancia entre nosotros?

F. J. X.: España está llena de monumentos magníficos y es un mosaico de las culturas más diversas, como se puede contemplar en las maravillas de Andalucía. Tengo especial debilidad por el románico catalán, por su solapado espíritu griego y renacentista, puro, volumétrico, incluso abstracto. Pero un lugar que fue determinante para mi vida es el Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, a las afueras de Barcelona, donde tuve la oportunidad de residir durante tres años. Más que su arquitectura, fueron sus habitantes los que me cautivaron, me acogieron y me acompañaron en momentos decisivos de mi vida.   


San Jeroni de la Murtra. Fuente: diaridebadalona.com



I. E.: Como americano, ¿cree que hay alguna diferencia en el sentir religioso a ese lado del océano, con respecto al europeo?

F. J. X.: Podría hablar sólo en términos generales y eso siempre es un peligro. Diferencias hay, sin duda, pero hay un punto en el que se da la comunión. Lo que se podría mencionar y que tiene una explicación histórica es que en América hay menos recelo respecto a la experiencia religiosa. Existen menos resentimientos históricos entre Iglesia y Estado, por ejemplo, y en el caso de Chile en particular la Iglesia fue uno de los principales defensores de los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet. Creo que en América el creyente no ha dejado de ser un interlocutor válido en la vida social y cultural de la nación, mientras que en muchos países europeos sí. La Iglesia en América ha sido un poco más permeable a la realidad, me da la impresión.   



F. José Xamist. "San Marcos" (2012).




I. E.: La labor académica relacionada con el sentir religioso y artístico de la Antigüedad a veces nos aparta de los cauces por los que se mueve actualmente la sociedad. ¿Se siente de alguna manera un “extraño” en el mundo contemporáneo? ¿Son los filólogos clásicos y los artistas de inspiración cristiana más necesarios que nunca?

F. J. X.: Sin lugar a dudas. Pero para serle honesto no me siento extraño, me siento sumamente vanguardista, sumamente moderno, como requería Rimbaud. El conservadurismo ha adoptado formas insospechadas en nuestra época. Considero que no hay nada más retrógrado que querer sólo avanzar, nada más supersticioso que creer que nuestra forma de vida actual es superior a la de otras épocas. En todo tiempo se cuecen habas, y en el nuestro a calderadas.



F. José Xamist. "Juan Bautista" (2011).


lunes, 23 de mayo de 2016

El hermetismo en la red

¿Tienes contenido de calidad? ¿Deseas encabezar los resultados de búsqueda en Google? Estas dos preguntas, dotadas de un prurito marketiniano que me afila las uñas, me rondan la cabeza desde hace meses. Añadiré otra más: ¿qué es el hermetismo?

Robert Fludd, Utriusque Cosmi.. Historia.

Internet es una puerta abierta al futuro, al acceso libre a la información y por ende al conocimiento. No seré yo quien cuestione estas aseveraciones, dado que Studia Hermetica nació de esa maravillosa posibilidad brindada por la red desde finales de los años noventa. Ahora bien, ¿se ha preguntado alguna vez si es eso cierto?, es decir, ¿privilegian los buscadores el “contenido de calidad”?… ¿A qué llamamos “contenido de calidad”? Empecemos argumentando desde esta última cuestión. En un contexto académico (historiográfico, filosófico o filológico) entendemos por “calidad” lo siguiente: todo documento escrito (artículo científico, ensayo de divulgación, texto argumentativo), cuyo contenido esté basado en fuentes (paleográficas, epigráficas, impresas o arqueológicas), lo mismo que falseado y contrastado con otros estudios clásicos o recientes. Y claro, debe estar correctamente redactado (es decir, de acuerdo con las normas gramaticales), además de ser coherente desde un punto de vista lógico. Esto en lo que respecta a la “calidad” a secas, a la que podríamos sumar otros elementos tales como la ecdótica, el aparato crítico o la revisión por pares. El mayor o menor grado de aplicación de estos controles académicos nos ofrece una visión muy aproximada del nivel científico de un proyecto.
Ahora bien, ¿a qué aluden los principales buscadores de Internet cuando hablan de “calidad”? De acuerdo con numerosas páginas “especializadas”, podemos afirmar que es aquella web cuyo contenido reúne los siguientes elementos: es “útil” para el usuario, es ameno y fácil de comprender, está bien redactado, dispone de material audiovisual ilustrativo, es compartido y valorado en las redes sociales y es frecuentemente actualizado. Hasta aquí nada que objetar, pero pongamos a prueba la teoría con un análisis de los resultados ofrecidos por la primera página de dos conocidos buscadores (Google y Bing) cuando un usuario cualquiera (le he pedido a un buen amigo que me envíe dos pantallazos) escribe “hermetismo” en la caja de búsqueda del navegador.


De entrada obtenemos dos resultados mundialmente privilegiados por los buscadores que utilizan la tecnología Google: Wikipedia y Wordreference. Ambos son recursos del que hacen uso millones de usuarios debido a un gran número de factores, del que destacaremos dos: su volumen de información y su carácter didáctico y divulgativo. En esta ocasión procederemos a analizar algunas entradas de la primera, la mayor enciclopedia de la Historia. Por ahora centrémonos en desentrañar aquellos resultados privilegiados por los buscadores que no están respaldados por “gigantes” virtuales.
1. Analecta Malacitana electrónica
Esta revista online vinculada a la Universidad de Málaga y editada por el Dr. Cristóbal Macías, mantiene desde hace bastantes años una página ad hoc de divulgación dedicada a la presencia del hermetismo en la red, que es privilegiada por los buscadores y cuyo valor académico es prácticamente nulo. Analicemos su forma y contenido.
En primer lugar, procedamos con su estructura formal: (1. Introducción al hermetismo en la red); 2. Guías de recursos sobre hermetismo; 3. Páginas con textos herméticos; 4. Enciclopedias online; y 5. Sociedades herméticas.
Si bien su primer capítulo es “correcto” desde un punto de vista divulgativo, en el plano académico presenta las siguientes incorrecciones, que valoraremos sobre la base del siguiente fragmento:
“Pronto se atribuyeron a la inspiración directa de esta divinidad una serie de textos ocultistas, de temática diversa (alquimia, magia y astrología), que se conocen con el nombre genérico de Corpus Hermeticum, una parte importante de los cuales procede de las traducciones que los griegos hicieron de tratados egipcios de ocultismo y que comenzaron a realizarse sobre el siglo II a.C., y cuyo éxito fue inmediato.”
El contenido subrayado es erróneo por diversos motivos: en el Corpus Hermeticum (recordemos que el primer códice conocido data del s. XIV, Cod. marc. Gr. Z. 242 (=993)) no se integra ese volumen heterogéneo de textos bajo el patronazgo de Hermes Trimegisto incluido en las categorías de “magia” (integrados en los Papyri Graecae Magicae) y “astrología” (ΙΑΤΡΟΜΑΘΗΜΑΤΙΚΑ EPMOY, etc.). Y ya no digo con respecto a la alquimia, cuya tradición manuscrita es aún más compleja. En cuanto a la última aseveración que realiza el Dr. Macías, no podemos sino negar su validez teórica: es muy probable que las “ciencias de lo oculto” del periodo tardohelenístico y romano se basaran en el acervo cultural mágico-religioso “egipcio” (i. e. pregrecorromano), pero no podemos afirmar que fuera una “traducción”, por mucho que así lo diga Jámblico (DM VIII 4). Y lo mismo con respecto al siglo II a. C. como fecha ante quem, ¿por qué este siglo? Hoy por hoy sólo podemos asegurar con rotundidad que el hermetismo filosófico fue una construcción teórica aparecida bajo el periodo de dominación romana (ss. I-IV d. C.) en Egipto y que existía una tradición mágica, astrológica y alquímica que se vino gestando desde el periodo ptolemaico; pero estas “ciencias ocultas” lo son gracias al contacto entre la población foránea grecomacedonia y la nativa egipcia, a sus mutuas influencias y al desarrollo de un saber abstruso y erudito basado en las grandes obras de filosofía griega.
En cuanto al segundo apartado, las consabidas “guías de recursos”, debemos hacer una primera crítica: el método de elección de los enlaces expuestos. El Dr. Macías no hace uso de un criterio de aproximación claro, y así, nos encontramos con enlaces a páginas de corte esotérico o neognóstico (en su mayoría, enlaces rotos) junto a la muy útil The Alchemy Website, sostenida por el gran especialista Adam McLean. Afirma asimismo que la página del Dr. Renau Nebot es (era, porque aparece caída en la actualidad) “la mejor página de información sobre hermetismo en Internet”, lo que no se corresponde con la realidad. La web del Dr. Renau Nebot no hacía más que exponer la estructura básica de los λόγοι herméticos tal y como se mostraba en su edición de los textos y tesis doctoral, y además presentaba iguales o peores defectos en lo que respecta a la forma de tratar la alquimia y la, digamos, “heterogénea” sección de enlaces. Por último, me parece imperdonable que el Dr. Macías considere a una página tan poco seria y rigurosa como es The Hermetic Library, una de “las mejores” en cuanto a recursos se refiere.
En conclusión, esta “guía” del Dr. Macías no es tal, sino que estamos ante un recuento azaroso de recursos inútiles y poco apropiados que desconcertarán a la persona deseosa de acceder a un conocimiento contrastado y de calidad sobre hermetismo y temas afines.
Pasemos ahora al tercer apartado, que sin solución de continuidad con el anterior, nos “arroja” una serie de enlaces sin ton ni son, cuyo supuesto elemento común es el de ofrecer a los usuarios textos herméticos o gnósticos online. Pues bien, de nuevo nos encontramos con que gran parte de esos enlaces están rotos y no presentan biblioteca virtual sobre hermetismo alguna, salvo la Gnostic Society Library, cuyo valor académico siempre he puesto en entredicho, debido a su carencia de afiliación académica y un mínimo aparato crítico sometido a la revisión por pares; por el contrario, nos encontramos con un recurso sostenido por una sociedad de corte esotérico, si bien dotada con propósitos más o menos eruditos. Y nada que decir con respecto a la Bibliotheca Philosophica Hermetica, que sigue siendo, pese a sus fondos mermados, una de las instituciones mejor valoradas de nuestro ámbito académico.
En cuanto al cuarto apartado, más de lo mismo: enlaces rotos y carencia de un criterio de valoración. Lo que resulta aún más sangrante es que el Dr. Macías desconozca las principales publicaciones académicas sobre hermetismo y alquimia que existían por aquel entonces, y que aún continúan su andadura, apoyadas por sólidos departamentos universitarios o bien por investigadores independientes, como es el caso de Azogue que, esta vez sí, es mencionada, curiosamente en último lugar. Y así llegamos al quinto apartado, que presenta idénticos defectos: los enlaces no funcionan y su contenido no está convenientemente fundamentado.
¿Cuál es mi valoración? Muy negativa, claro. A pesar de la buena voluntad que demostró el Dr. Macías por aquel entonces, la mejor solución en la actualidad pasaría por retirar la página o bien actualizarla, reflejando la gran cantidad de los recursos y los proyectos académicos que existen en la actualidad, tanto en el ámbito hispanohablante como en el internacional.
Le emplazo para una futura entrada de este cuaderno de notas en la que describa minuciosamente los recursos online sobre hermetismo y materias afines más interesantes, ¿de acuerdo?
¿De veras tengo que argumentar en contra de esta página? Se trata de una web dedicada a yetis, ovnis, zombis y frikadas. Su inclusión en la primera página de un buscador de Internet que supuestamente privilegia el “contenido de calidad” es un insulto a la inteligencia y produce en nosotros una “duda metódica” que empequeñece la conocida cartesiana: los genios informáticos de Google han creado un algoritmo ingenioso y sofisticado, de eso no hay duda, pero ¿con qué fin?: ¿se busca el conocimiento o el entretenimiento? Y con respecto a la “definición” que ofrece del hermetismo, qué decir, se trata de un “copia-pega” elaborado por un usuario anónimo cuyo contenido semántico y sintáctico es paupérrimo. No merece la pena que nos detengamos más en esto.
El hermetismo es la Ciencia magistral del Universo, y llegó al planeta tierra en los tiempos de Lemuria, según lo afirma la tradición, traída por maestros extraterrestres”, reza el encabezamiento de la susodicha página…
Aquí tengo que hacer una precisión al lector: demande calidad. No deje que le mangoneen personas iletradas que por el mero hecho de defecar sus ideíllas en la red, ganan un protagonismo impostado y espurio. Internet es, repito, un recurso magnífico y una libérrima herramienta, pero sólo si es manejado por personas “dignas”, es decir, aquéllas que en virtud de su oficio o vocación tienen cosas que decir y disponen de los recursos y el talento para ello. ¿Qué es el talento? Bien lo sabe usted: capacidad de abstracción, vasta cultura, originalidad en la ejecución y habilidad dialéctica; desde Platón a nuestros días así ha sido y eso no lo cambiará ningún hipócrita y estulto ganoso de protagonismo.
“La Filosofía Operativa, inspirada en el Hermetismo del universo, enseña el reglamento del tránsito, el mapa de carreteras de la vida.”
Abandonamos el terreno sapiencial para adentrarnos en las turbulentas aguas de la doctrina religiosa. Cuidado, y se lo digo como amigo, cuidado con creerse tonterías por causa de sus carencias. Si se siente solo, agénciese un gato; si está dolido con la humanidad, huya a la montaña o al bosque y medite; y si ha perdido a alguien, recuérdele. Pero de ninguna manera le aconsejo que se decante por vivir en un mundo de abstracción eidético-platónica, en una ilusión sostenida por personajillos vampíricos que persiguen la muy terrenal finalidad de domeñarle para sus siniestros propósitos crematísticos y lascivos. Recuerde la genial cita de Andréiev: “La ciencia es el misticismo de los hechos; la verdad es que nadie sabe nada.
La segunda página de resultados, además de incluir a Studia Hermetica (em, gracias, supongo…), prosigue con las incoherencias y el contenido defectuoso propio de webs esotéricas o de carácter personal, dirigidas por fulanos de dudoso calado intelectual.
Otro asunto que no quiero obviar en esta extensa entrada: la frecuencia de actualización. En Internet hay una especie de psicosis colectiva por mantener a la peña despierta y enmonada; se espera de la persona que escribe en el medio digital que sea una especie de bombero-torero de la información, obligado a la fanfarria y la pompa sapiencial e ilusionista. Así, cual hipnotizador expresionista salido del Gabinete del Dr. Caligari, lo que mola es escribir tres posts al día, a pesar de que el nivel intelectual de los mismos esté a la altura de Sálvame deluxe. Amigos míos, no. En serio, deberíamos cambiar el chip de una vez y demandar calidad por encima de cantidad. Para cualquier escritor, humanista o académico que se precie es imposible escribir bien tropecientasmil páginas en un espacio de tiempo tan corto. Estos escritorzuelos que vomitan novelones “de éxito” cada mes, lo hacen movidos por el dinero fácil. Los verdaderos artistas de la palabra tardan lo que tengan que tardar en gestar su obra.
En lo que concierne a Studia Hermetica, me comprometo a su actualización trimestral y anual, o lo que es lo mismo: cuatro posts y un artículo, ensayo o reseña académicos al año. Otra cosa sería abandonar el proyecto a su suerte, y de momento no estoy dispuesto a eso.



Detengámonos ahora en varias entradas de la Wikipedia en español relacionadas con nuestros campos de estudio, en particular los artículos “hermetismo”, “alquimia”, “ocultismo” y “teúrgia”.
Ya me despaché a gusto en otra entrada acerca de su forma y contenido, pero concretaré aún más. Hace meses caí en la cuenta de que alguien había alterado subrepticiamente el tenor literal de mi pretérito texto, de la siguiente manera:
“La excelencia del hombre que ha realizado la Gran Obra propuesta por la Alquimia es el núcleo de la antroposofía hermética”.
La oración subordinada adjetiva resaltada en negrita es una adición posterior y ajena al texto original que pone en evidencia la escasa potencia intelectual de su autor. ¿A qué “Gran Obra” alude, cuando de lo que hablo es del hermetismo filosófico contenido en los Hermetica tardoantiguos? A ver, lo que quiero poner de manifiesto aquí es que cualquiera puede añadir contenido engañoso a los artículos de la Wikipedia, y siendo sus controles escasamente especializados y eficaces, estas engañifas son muy difíciles de detectar y corregir. Como es natural, no pienso revertir tonterías de esta laya continuamente, tengo mejores cosas que hacer.
Me gustaría que José Rodríguez escribiera alguna vez una entrada en su cuaderno de notas con el fin de desmontar este artículo infame. Es tremendamente cansino repetir lo que los especialistas en Historia de la Alquimia han demostrado por activa y por pasiva: no, la filosofía hermética no está directamente vinculada a la práctica de la alquimia greco-egipcia u “occidental”. No, no podemos considerar a esa figura sincrética, Hermes Trimegisto, como el “Padre de la alquimia”, sino que se trata de una de tantas tradiciones heredadas de la Antigüedad (ésta en particular proviene de la Chrysopoeia del Filósofo Anepigráfico 2, ca. VIII-IX). No, no es metodológicamente válido hablar de una “alquimia material” y otra “espiritual”, antes bien, los sabios preilustrados basaban sus obras en postulados propter quid, y por ese motivo no deslindaban como nosotros lo “manual” de lo “espiritual”.
Probemos con un extracto:
“La mayoría eran investigadores cultos, inteligentes y bien intencionados, e incluso distinguidos científicos, como Isaac Newton y Robert Boyle. Estos innovadores intentaron explorar e investigar la naturaleza misma. La base es un conocimiento del régimen del fuego y de las sustancias elementales del que tras profundas meditaciones se pasa a la práctica, comenzando por construir un horno alquímico.”
De acuerdo, imaginaré que usted no sabe nada de alquimia, y procederé a desgranarle por qué estas afirmaciones son ridículas e infantiles, lanzando interrogantes. En primer lugar, ¿por qué un artículo de enciclopedia que pretende ser riguroso coloca epítetos a los investigadores a los que alude en vez de analizar sus descubrimientos y obras desapasionadamente?, ¿por qué añade aseveraciones faltas de todo rigor académico y que no aportan información alguna al lector? En segundo lugar, ¿qué es el “régimen del fuego”? y ¿a qué se refiere con esas “profundas meditaciones” que pasan a la “práctica”? Y sólo planteo preguntas porque el artículo en cuestión no examina la alquimia desde un punto de vista historiográfico o filológico, o en otras palabras, que no está redactando un artículo de enciclopedia, sino ofreciéndonos un cuadro sinóptico de sus opiniones esotéricas, así que no hay nada que rebatir al que se limita a consignar sus dogmas de fe.
Otro ejemplo pseudoparacélsico:
“Para los alquimistas toda sustancia se componía de tres partes: mercurio, azufre y sal, siendo estos los nombres vulgares que comúnmente se usaban para designar al espíritu, alma y cuerpo, estas tres partes eran llamadas principios.
¿Quién dice que “los alquimistas” afirmaban que toda sustancia se componía de esas “tres partes”? Sí, sí, Paracelso (quien por cierto era médico y teólogo reformador, no alquimista), pero repito la pregunta: ¿quiénes dicen eso?, ¿dónde?, ¿cuándo? ¿Y esa relación analógica entre los mencionados elementos y el “espíritu”, el “alma” y el “cuerpo”?, ¿de dónde la sacamos? Por razones de difícil exposición divulgativa, estos tres principios (que no “partes”) fueron planteados por Paracelso (De mineralibus, I, Opus paramirum, I, De natura rerum, I) con el propósito de revolucionar la maltrecha medicina galénica: “Hac necessitate adjunctus est Sali & Sulphuri Mercurius. Tria haec corporum omnium Principia” (Petrus Severinus, Collectanea chymica medico-philosophico-polonica, apud Petrum Bellerum, 1698, p. 62). O bien: “In hoc Balsamo sunt Elementa & tria illa corpora, Sal, Sulphur, Mercurius” (Petrus Severinus, Idea medicinæ philosophicæ, fundamenta continens totius doctrinæ Paracelsicæ, Hippocraticæ, et Galenicæ…, 1660, p. 58).
Dejémoslo ahí. No merece la pena continuar expulsando espumarajos.
Este artículo, apenas digno de mención, es un “quiero y no puedo” de la pseudoerudición popular. Su método de aproximación a un fenómeno tan complejo como el del “ocultismo”, ya sea considerado como tal, es decir, como un cuerpo de doctrina más o menos homogénea que se fue desarrollando desde finales del siglo XVIII para embarrancar en las primeras décadas del siglo XX, o bien visto de un modo más abstracto, tomando como referencias las “ciencias” aparecidas en la Antigüedad Tardía empeñadas en desvelar las “cualidades ocultas” analizadas con maestría por Festugière, es erróneo. Hay, como en la inmensa mayoría de artículos de la Wikipedia, una carencia intolerable de notas a pie de página, de fuentes y de referencias bibliográficas secundarias, así como de un análisis contrastado sobre las distintas posturas en liza. Y apenas se citan obras “ocultistas”, lo que demuestra de manera fehaciente la enciclopédica ignorancia del autor de este despropósito.
Pero no me limito a criticar, sino que propongo mi propia definición de “ocultismo”, extraída de uno de mis artículos (“Pneumaturgia…”, SHJ III, 1, pp. 5-8):
Desde nuestro punto de vista, el ocultismo del que fueron deudores personalidades como Austin Osman Spare (1886-1956), Max Théon (1848–1927), L. W. de Laurence (1868-1936), Louis Charbonneau-Lassay (1871-1946), Ivan Aguéli (1869-1917), Gérard Encausse (Papus) (1865-1916), Pierre-Augustin Chaboseau (1868 -1946), Victor-Émile Michelet (1861-1938), Joseph Alexandre Saint-Yves (1842-1909), Antoine Fabre d’Olivet (1767-1825), Henri Durville (18871963), Éliphas Lévi (1810 -1875), Stanislas de Guaita (1861-1897), Emmanuel Lalande (Marc Haven) (1868-1926), Adolphe Desbarolles (1804 - 1886), Edward George Earle Bulwer-Lytton (1803-1873), Albert Poisson (Philophotes) (1868-1893), Camille Flammarion (1842-1925), Victor-Émile Michelet (1861-1938), Fernand Rozier (1839-1922), Paschal Beverly Randolph (1825-1875), Arthur Edward Waite (1857-1942), Edmund William Berridge (18431923), Robert Wentworth Little (1840-1878), William Robert Woodman (18281891), William Wynn Westcott (1848-1925), Samuel Liddell MacGregor Mathers (1854-1918), Paul Foster Case (1884-1954), Paul Le Cour (1871-1954), Hargrave Jennings (1817-1890), Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), Henry Steele Olcott (1832-1907), William Quan Judge (1851-1896), Annie Besant (1847-1933), Katherine Tingley (1847-1929), Charles Webster Leadbeater (1854-1934). James Ingall Wedgwood (1883-1951), George Sidney Arundale (1878- 1945), George Robert Stowe Mead (1863-1933), John William Brodie-Innes (1848-1923), Robert William Felkin (1853-1926), John Yarker (1833-1913), René Philipon (1870-1936), Frederick Hockley (1809-1885), entre muchos otros, encaja muy bien en la definición de astrología planteada por Festugière en el primer volumen de su Révélation: “una amalgama de doctrina filosófica seductora y de mitología absurda[1], y de métodos eruditos empleados a destiempo”[2]. Y sobre la base de estos tres elementos, argumentaremos:
En efecto, ocultistas y teósofos se valieron de una “seductora” filosofía de corte platónico-hermético que pintaba una imagen de Dios infinita, atemporal[3], una Tri-Unité que actuaba como ley universal[4], una teodicea que bascula entre el neoplatonismo y el deísmo[5], y cuya gnoseología consistió por un lado en la visualización, la imaginación, la “analogía” on détermine les rapports qui existent entre les phénomènes[6], la interpretación simbolizante, y en la habitual correspondencia astrológica, y por otro en supuestas “técnicas” o sciences occultes para alcanzar la clarividencia, la realidad oculta de la materia y de algún modo la apoteosis y la gnosis, hablamos, claro está, de la théurgie, la magie y l’alchimie[7]. Y si bien se dejaba a un lado la argumentación dialéctica o filosófica, se mantenía una forma de razonamiento inductivo sui generis, derivado de la mencionada analogie, y sobre la que Gérard Encausse traza su trinidad epistemológica: faits, lois et principes[8] y la pseudomatemática[9] que con tanto ardor desplegó en obras como la Clef absolue de la science occulte: le tarot des bohémiens (1889).
Todo esto se aúna a favor de una representación del mundo fantástica en la que campaban forces fatales susceptibles de ser activadas por la acción del magiste, mediante sus poderes de concentración y de irradiación sobre el “plano astral” o “pneumático”[10], esa región oculta (o monde invisible[11]) y latente sobre la que el ocultista obraba sus supuestos prodigios, y en el que se producía un dédoublement de l’être humain. Este sofisticado constructo paracientífico trataba de elaborar un universo a beneficio de inventario, adecuado a los propósitos del estudiante de ciencias ocultas y a la realización de sus supuestas obras.
Un caso que merece especial atención es el de aquellos estados de mediumnidad[12] y clarividencia en virtud de los cuales, al teósofo (más que al “ocultista”, que pretendía forjar en su sola persona una alianza entre profeta, sacerdote y mago), podían revelársele la naturaleza oculta de la materia[13], y las ideas-formas o impresiones que subyacen en los diversos estados de ánimo y en los pensamientos humanos[14], lo que suponía además una actitud positiva de cara a la ciencia y su evolución: “nosotros podemos desvelar las regiones infinitesimales sin necesidad del microscopio, y ahondar en la psique humana sin necesidad de la psicología”, parecían susurrar estos indagadores de lo oculto. De esta manera, los avances científicos correrían paralelos y en alianza con sus descubrimientos mediúmnicos, en una lucha por reivindicar el poder del alma humana frente al materialismo y al positivismo que buena parte de la ciencia asociaba a sus quehaceres.
Eso sí, tengo que decir que las entradas sobre ocultistas y movimientos relacionados, como la Antroposofía, la Teosofía, la Ariosofía o el Neopaganismo, se cuentan por centenares en los artículos de la Wikipedia escritos en inglés, alemán y francés. Es tal el caudal de información que un examen detenido de éstos revela al curioso lector numerosísimos datos jugosos. No digo más, que cada cual se dedique a buscar por sí mismo.
Dejo lo mejor para el final. Este artículo nos enseña que la Wikipedia es un sitio anárquico, en el que se puede encontrar lo mejor y lo peor de cada casa. Este “artículo” en cuestión es una sonora estupidez carente del más mínimo sentido de habilidad retórica, cuya validez es aún más difícil de encontrar que la honra de un político. Ni siquiera tengo que argumentar; eche un vistazo a mi sección dedicada a la teúrgia y compare.
Construir una enciclopedia anónima es un error, y alejarla del método histórico-crítico y científico para, paradójicamente, tratar de retornar a él, un despropósito. No propongo su “cierre”, ni mucho menos, sino su conversión. La Wikipedia es una buena idea mal manejada; desde luego no existe una receta perfecta para su correcto mantenimiento y uso (como para nada en la vida), pero ya es hora de ir limando sus asperezas y defectos. La libertad es buena si se utiliza correctamente. Un moderador lego en la materia no sería capaz de distinguir lo “bueno” de lo “malo” (lo incorrecto, el vandalismo), y probablemente en ocasiones, por esta misma causa, se roce el ridículo.
Mi propuesta es bien simple: eliminar el anonimato de las contribuciones y hacer una distinción muy clara entre conocimiento (artículos sobre ciencia, tecnología y humanidades), información (artículos sobre acontecimientos presentes, tales como guerras, atentados, conflictos, hambrunas…) y entretenimiento (cultura popular en sentido amplio: páginas sobre actores, películas, videojuegos…). Para cada sector de la Wikipedia, los moderadores deberían poseer distintos perfiles: los primeros, deberían ser invariablemente académicos (asociados a una institución pública o privada, o investigadores independientes); los segundos, periodistas; los terceros, pues cualquiera (manteniendo la configuración actual de la enciclopedia para este nivel de contribución). De esta manera se garantizaría un mínimo prestigio y se aseguraría su supervivencia, consiguiendo de paso otra de sus pretensiones: romper la exclusividad y el elitismo de las enciclopedias tradicionales.
¿Cuál es la razón de esta propuesta? Sencilla: si la Wikipedia es privilegiada en los buscadores porque sí, sus administradores deberían ser conscientes de su responsabilidad frente a la sociedad y su importante papel como agentes educativos. En otras palabras, la “calidad” no deben medirla los informáticos sino los académicos, los especialistas de cada campo.
Ahora, si no le importa, retomemos el argumento principal (ya sabe, la mencionada calidad), y respóndame: ¿los buscadores le han ofrecido tal “contenido de calidad” en los ejemplos descritos? ¿No? Ergo, ¿de qué hablan los ingenieros informáticos cuando se les llena la boca de semejantes conceptos? Puede que andemos faltos de un buscador orientado a la divulgación veraz (o una herramienta parecida que iguale la maestría de increíbles recursos como Google Books o Google Académico). Aun así, los ejemplos enumerados me hacen ser pesimista con respecto al futuro de la red, entendida ésta como una verdadera fuente de conocimiento para aquellas personas legas en una materia cualquiera, que un buen día deciden buscar información de calidad para su divertimento o trabajo escolar. Para que me entienda: ¿comprendería que buscando recursos sobre “astronomía” en Google no le apareciese la página de la Nasa entre los primeros puestos? Pues eso es precisamente lo que ocurre con los fenómenos históricos que estudiamos, ahogados en la marea sucia del esoterismo barato.
Por lo demás, me resta recordar que nuestra campaña de crowdfunding sigue adelante. Tendrá más noticias en breve.
¡Muchísimas gracias por su atención, como siempre!




[1] Dejamos para otro trabajo el estudio pormenorizado de la “iconografía ocultista” y su particular mitología, de la que autores tan prolíficos como Lévi hicieron gala.
[2] Cfr. La Révélation d’Hermès Trismégiste (1983), vol. 1. p. 89. Es más, creemos que esta definición acuñada tanto por Bouché-Leclercq como por Festugière no es útil para referirse a la Antigüedad Tardía que trataban, sino que debería ser aplicada mejor a estos occultistes, lo que nos recuerda que el estudio científico sobre estas realidades se ha encontrado más de una vez enturbiado por la opinión que sus autores tenían sobre sus supuestos herederos decimonónicos.
[3] Cfr. por ejemplo, CROWE, C., The Night Side of Nature, 2 vols., London: Martin and Stephens, 1848, p. 28. La atemporalidad de Dios es una característica común a las teodiceas platónicas más heterodoxas, y el ocultismo no iba a ser una excepción a esta regla.
[4] Traité pratique élémentaire de science occulte, p. 4 (de ahora en adelante, Traité pratique). Es más, Papus remite a Balzac (concretamente, a su obra Louis Lambert) para enunciar los tres mundos que constituían el todo: el natural, el espiritual y el divino (ibid., p. 37). La antropología ocultista obraba del mismo modo: “Les occultistes enseignent que l’homme est composé de trois parties: l’âme, le corps astral, et le corps physique” (FLAMMARION, C., pp. 367-368). Igualmente discurre Lévi: “Il y a trois mondes intelligibles qui correspondent les uns avec les autres par l’analogie hiérarchique: Le monde naturel ou physique, le monde spirituel ou métaphysique, et le monde divin ou religieux” (Dogme et rituel de la Haute Magie, vol. 1, París: Chacornac Frères, 1930 (de ahora en adelante, Dogme), p. 137). Como se puede ver, la visión del ocultismo que aquí exponemos es, principalmente, la de los autores franceses de finales del siglo XIX; una descripción completa y exhaustiva que tuviera en cuenta cada uno de los autores implicados en ese enorme escenario europeo, escapa a los estrechos márgenes de este trabajo.
[5] El panteísmo, el deísmo y el inmanentismo son características comunes a la teología hermética y a otras filosofías antiguas, como el estoicismo. Sobre la diatriba “ocultista” entre el neoplatonismo cristiano y el panteísmo hermético, recomendamos la lectura del troisième dialogue: Un pantheiste-Éliphas Lévi, en Le livre des sages,  París: Librairie Général des Sciences Occultes, 1912, pp. 23-32.
[6] Cfr. por ejemplo, PAPUS, Traité pratique, p. 477 o Traité pratique élémentaire de science occulte, p. 28 (de ahora en adelante, Traité occulte). Estas y otras ideas son repetidas de manera resumida en otra de sus obras: La science des mages, París: Librairie du Merveilleux, 1892. La misma idea encontramos de manera recurrente en Lévi, con bastante probabilidad el fundador de este curioso modo de razonar, si bien ejecutada de un modo más “abstracto”, (Dogme, vol. 1, pp. 137, 157, 159, 182, 203, 217, etcétera). Este modo de razonar abstruso, enigmático y heraclitano que tuvo Lévi, le valdría el apelativo de transcendentalist (Waite, por ejemplo, en su introducción a la Neurypnology de J. BRAID, p. 58, y en The Book of Ceremonial Magic, London: William Ryder & Son Ltd., 1911: “Ritual of Transcendental Magic”).
[7] PAPUS, Traité occulte, p. 3.
[8] PAPUS, ibid., p. 34.
[9] PAPUS, ibid., pp. 45-53.
[10] Cfr. LÉVI, E., Dogme, p. 53. La llamada Theorie der Geisterkunde (1808) de Jung-Stilling, cuya traducción inglesa, a cargo de Samuel Jackson, conduce al término Pneumatology.
[11] PAPUS, Traité occulte, p. 5.
[12] Haremos mención aquí del caso de Friederike Hauffe, la “Seeress of Prevorst”, en cuyo caso se basó Kerner para su obra Die Seherin von Prevorst (1829), dado que efectivamente sirvió de inspiración para la constitución del movimiento espírita.
[13] LEADBEATER, C. W.; BESANT, A., Occult Chemistry, London: The Theosophical Publishing House, 1919 (primera edición, 1908). Los supuestos descubrimientos pseudocientíficos llevados a cabo por los teósofos, resultan tan asombrosos como útiles para el historiador de la ciencia: “Three states of matter exist between the atomic state and the gaseous (…) We have been obliged to name this states; we call the atomic state of the chemist elemental; the state which results from breaking up chemical elements, pro-elemental; the next higher, meta-pro-elemental; the next higher, hyper-meta-proto-elemental; then comes the atomic state” (p. 24).
[14] LEADBEATER, C. W.; BESANT, A., Thought-Forms, London and Benares: The Theosophical Publishing Society, 1905 (primera edición, 1901).