lunes, 13 de febrero de 2012

Illuminations


“Pero, ¿de qué manera debemos sepultarte?
Como queráis –respondió-, si es que me cogéis y no me escapo de vosotros”.
Platón, Fedón, 115c.


Arthur Rimbaud, por Verlaine.

Decía el bueno de Sócrates, antes de palmar, que sueños le instaban a componer música (Fedón, 61a), y bueno, dado que las últimas profecías mayas nos dan por muertos este último mes del año, yo me decanto por las artes visuales y la filosofía, “la música más excelsa” (61a). En efecto, para la Navidad del presente año 2012 espero publicar un número sobre las relaciones entre la filosofía hermética y el arte. Y como avance del afortunado evento, les adelanto que el grandioso pintor Ramiro Tapia intervendrá en los próximos meses (si todo va según lo previsto) en la revista de arte N-Sphere. Lo cierto es que me parece genial la temática y la estética de este proyecto que es The Spheres, y no se me ocurrió mejor idea, tras mi ensayo sobre literatura victoriana y ocultismo, que la de proponerles la intervención de este titán del arte que es Ramiro.
Y en fin, como saben, actualmente estoy trabajando en un nuevo número dedicado al concepto de gnosis, en el que cuento con la ayuda inestimable de grandes investigadores de renombre internacional. Este número, que en principio estaba previsto para las Navidades pasadas, se ha pospuesto intencionadamente debido a un cúmulo fortuito de circunstancias: exceso de trabajo, indisposiciones sobrevenidas y, cómo no, necesidad de descanso, reposo y reflexión. De todos modos, este hecho no me preocupa: los números de Studia Hermetica serán pospuestos lo que haga falta dentro de lo razonable, no en vano es una revista de publicación “irregular”. Este mi proyecto (nuestro proyecto), trata de actualizarse con la frecuencia y el ritmo oportunos, pero en el mundo académico se hacen ineludibles el buen hacer y la paciencia. Y en fin, este número será publicado, si nihil obstat, en torno al próximo mes de marzo.
Con respecto a otro de mis proyectos (¿recuerdan aquella revista de literatura decimonónica y victoriana de la que hablaba hace un año?), la cosa marcha sin prisa pero sin pausa. Este proyecto, que adoptará el sonoro vocablo inglés Gloom, versará sobre todas aquellas regiones oscuras e ignotas de la ciudad y del alma, y será mucho más que un magazine cultural. Se pretenderá recuperar un espacio ético-estético generado en las vanguardias de finales del siglo XIX y principios del XX. Filosofías oscuras y crepitares lejanos de corrientes y crematorios. El mecanismo elevadizo del Castillo de Kafka y las Ligeias ocultas de Poe. De momento, el proyecto está desarrollando su propia imaginería en esa curiosa plataforma que es el tumblrhttp://gloomproject.tumblr.com/ Y si fuera menester habría que hablar largo y tendido de este recurso (me refiero al tumblr), pero me limitaré a decir que veo a bastante gente metida aquí (sobre todo mozalbetes), con un gusto exquisito y una maravillosa intuición en lo que respecta a la fuerza, la expresividad, y el poder de la imagen y de la palabra, ocultos tras lo que se ve y se siente. Y en especial, tengo que expresar mi admiración por ese proyecto tan interesante que constituye Amoelbarroco (en tumblrhttp://amoelbarroco.tumblr.com/), auspiciado por la diseñadora Viveka Goyanes, que está desarrollando un grandioso e inusitado trabajo en estas difíciles lides. Personalmente, estoy aprendiendo y maravillándome a diario con su excelente trabajo, y lo cierto es que es un soplo de aire fresco en el ambiente enrarecido y monótono de este nuestro país. ¡Ánimo!
Volviendo al tema de este mi nuevo proyecto, aquella Kircher’s Cabinet ha devenido en esta mi verdadera intención: hablar y expresar arte y alma, haciendo uso de la imagen y de la palabra, las dos caras de una misma moneda. Y para esta empresa, contaré con la inestimable colaboración de D., compañero de fatigas desde que tengo uso de razón e insigne doctorando en la Universidad de La Laguna, experto en las resbaladizas y complejísimas lides de la fenomenología husserliana, entre otras muchas cosas. Una persona dotada de una cultura sin límites y de un gusto y una sensibilidad artísticas que le van a la zaga. Todo un lujo para este Gloom Project que amenaza con despertar. Dos proyectos de cara a una década. Más noticias están al caer. ¡Hasta pronto!

domingo, 12 de febrero de 2012

Veritas Odium Parit (cuarta parte)


“Por eso, la peor angustia del mundo estriba en tener conciencia de muchas cosas pero no poder controlar ninguna” (Heródoto, IX, 16, 5).


Hoy vuelvo con una de mis más fervientes obsesiones: el concepto del saber en nuestras actuales sociedades. Estos años de estudio y de formación de mi propio espacio (en forma de proyectos académicos y artísticos), han hecho que pueda construirme una opinión bastante aproximada de cómo y adónde se dirige el saber en nuestro país (y cuando digo “saber”, hablo de la cultura y la universidad, y también de la innovación, la investigación y la capacidad inventiva, entre otras muchas cosas que ninguna institución puede enseñar, como son la clase, las buenas maneras, la elegancia y el buen gusto). Por cierto que podríamos hablar de la cultura o de la universidad como de cualquier otra cosa, porque estamos asistiendo a un amago algo preocupante durante estas primeras semanas del aún joven 2012. El barco va a la deriva , haciendo uso del castizo lenguaje marinero. ¿Y por qué? La respuesta no es unívoca ni sencilla, pese a que uno sienta tentaciones de despachar todo el asunto con una frase altisonante. 
Hay que tener en cuenta que nuestro país, estimado lector, es un reino muy particular en estos difíciles y movedizos terrenos de la cultura. Y podría decir prácticamente lo mismo de nuestros hermanos hispanos, supongo. Pero no lo haré por vergüenza torera. En mi opinión, esto es así porque desde antiguo se han valorado más la tradición y la obediencia, que la innovación y el espíritu de libertad que han caracterizado, con altibajos, al quehacer cultural de otros países europeos. Para estos países, la cultura no se despachaba entre una serie de pedantes y vagos pseudointelectuales que andaban de cháchara por los cafés de Madrid o Barcelona, proclamando con discurso grueso panfletismos políticos al margen de la paupérrima e iletrada plebe (en fin, el mismo tipo de intelectualidad barata y aburguesada que atacaba ferozmente Dostoievski en Los Demonios), sino de algo mucho más sutil y sencillo: el aprecio por la palabra escrita y la conciencia queda del valor del trabajo. Ese aprecio que se construye día a día, silenciosa y constantemente.
Y tranquilos, no tengo especial intención de utilizar ese recurso facilón que consiste en despachar a nuestra malograda patria con cuatro insultos e imprecaciones prefabricados, que ya nos lo decía la preclara y aguda inteligencia de nuestro Mariano José de Larra, tiempo ha:
« “En este país...”, ésta es la frase que todos repetimos a porfía, frase que sirve de clave para toda clase de explicaciones, cualquiera que sea la cosa que a nuestros ojos choque en mal sentido. «¿Qué quiere usted?» -decimos-, «¡en este país!» Cualquier acontecimiento desagradable que nos suceda, creemos explicarle perfectamente con la frasecilla: “¡Cosas de este país!”, que con vanidad pronunciamos y sin pudor alguno repetimos» (“En este país”, 1833).
España tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, pero de una vez por todas debe tomar conciencia de los vertiginosos cambios que se están operando en el resto del mundo, o acabará en ese lamentable estado en el que se encuentran otras naciones que no es preciso citar.
Hagamos algo de memoria. Desde hace unas décadas, esa entrañable generación de ciudadanos criados en la Posguerra, nos ha repetido hasta la saciedad a los cachorros nacidos entre mediados de los setenta y mediados de los ochenta, que “estudiáramos”. Y esto es muy loable, qué duda cabe, pero es perfectamente conocida su española y abierta intención de que su retoño “se colocara”, antes que otro propósito de índole más bohemio o elevado. Hablo en términos generales, naturalmente. Y así, una generación entera ha pasado –de hecho, está pasando– toda una década de su vida malgastando sus energías estúpidamente en esa institución podrida y absurda que es la universidad, más como un ritual ciego de nuestra cultura, que por el fruto de una verdadera vocación e inclinación por crear, cambiar o desplegar su alma. Y así, cientos de “licenciados” están siendo escupidos tontamente a una sociedad que los recibe con una colleja: “¿Qué saben hacer estos boquiabiertos y babosos coge-apuntes? ¡Ni la o con un canuto!” (piensannuestras generosas y modernas empresas). Por no hablar de que al menos la mitad de ellos deberían haberse decantado por otras dignas vocaciones al margen de las humanidades y de las ciencias sociales. ¿Y cuál es la forma de “rebotar” que están teniendo estos letrados mozalbetes? Pues bien, quitando a aquellos que sencillamente se dedican a mirar a las musarañas, muchos otros tratan de volver a la universidad, amparados en ese negocio absurdo que son los másteres y los doctorados tontos y faltos de vocación y talento (cuatro años más otros cuatro, generan un sueldito de ochocientos pavos durante casi una década… luego merece la pena el estéril esfuerzo, ¿no?). Y en fin, un porcentaje (no sé si alto o bajo) tiene la suerte y el talento de trabajar en aquello para lo que han estudiado, muchas veces patrocinados por familiares: “Hey Paco, ¡que mi Manolito ha terminado la carrera!…” (es el caso habitual en las ciudades pequeñas, como Granada). Y bueno, un caso vagamente aparte lo constituye esa entrañable figura del “opositor”, que integra a una masa variopinta de “soñadores” que enarbola una gloriosa idea a la altura de un Luther King o de un Gandhi: aposentar sus traseros en una sinecura pública y languidecer a gusto: “Sara, por fin podremos cumplir nuestro sueño: hipotecarnos a cuarenta años y pegarnos un viajecito de novios a Punta Cana”. Y todos estos lúgubres hechos, en un país que carece de un tejido industrial y empresarial fuerte y competitivo como el nuestro, dan como resultado el lento declinar que padecemos, y puede que la misma autodestrucción a largo plazo (¡Lejos, pobre España, lejos de nosotros el profeta y la profecía! “La calamidad europea”, M. José de Larra, 1835).  
Y es que el lenguaje, estimado lector, nos vuelve a jugar una mala pasada: se nos habla de “fracaso escolar”, y de “falta de preparación” a todas horas en el telediario… pero aceptémoslo de una vez: esto no es otra cosa que una retórica regla de estilo, debido a que una gran parte de aquellos que integran las listas del INEM son esos mismos retoños con una o dos carreras y un máster en paridas del tipo Asimilación Urbana de los Métodos Aplicados, o Experto en Gestión de los Recursos Fluviales en el término de Valladolid, etcPor lo tanto, se dibuja día tras día un inusitado y cómico retrato, a saber: el de esa gris y suburbana cola del paro en la que se dan cita el cani y el doctor: el uno hablando del Gran Hermano y el otro del último botellón en casa de Vanessa. En fin, cada vez que pienso en esto, me viene a la mente el cómic de ese genio que es Francisco IbáñezChicha, Tato y Clodoveo (de profesión, sin empleo)Porque, efectivamente, la respuesta de esta nuestra gloriosa generación de treintañeros a la crisis, no es otra que el hedonismo barato y el alargamiento indefinido de la adolescencia, dando lugar a un nuevo tipo de españolada: en vez de los Martínez Soria y los Andrés Pajares, nosotros proponemos al futuro algo mejor y más moderno: los Yónatans las Yénifers, bajo la divisa de “cobro cuatro duros y no voy a poder formar una familia en los próximos quince años de mi vida, pero me lo pasé de puta madre en el pub anoche”.
De acuerdo Iván, -podrá pensar acertadamente el curioso lector de estas líneas-, ya veo que eres un listillo y un pedante, pero cuál es tu alternativa a esta algarada y a este cachondeo. Mójate al menos, cenutrio. Pues bien, contestaré a esta hipotética e hipostasiada réplica con un encogimiento de hombros: humildemente me limito a tratar de sobrevivir, trabajar y cultivarme, y a observar atentamente lo que me rodea, para si así se da el caso, sucumbir al menos con las botas bien puestas. Nada de eso amigos, para arreglar problemas tan graves como éstos, que mezclan una herencia cultural bastarda, con una ignorancia y una estrechez de miras manifiestas, se necesita mucho más que un buen nivel de inglés y un máster en economía: se necesitan grandeza y altura de miras. Y aquí, amigos míos, es donde se hace necesaria una fuerte cultura de corte humanista, y no la pésima formación técnica de esos pobres enanos mentales que tenemos la fortuna de tener en las primeras líneas de la política y la economía. Estamos tan acostumbrados a que las personas cultas sean vistas como unos pobrecitos empollones, eternamente aturdidos y pusilánimes y sin ánimo y voluntad para emprender nada que merezca la pena, que hemos renunciado a concebir a un hombre o a una mujer de coraje y gran capacidad de sacrificio y trabajo, dotados ineludiblemente de una vasta cultura que les haga más fuertes y equilibrados frente a los continuos cambios que genera el mero transcurrir del tiempo. Algo absolutamente necesario si se desea no tanto “cambiar las cosas”, como dirigir convenientemente el gobernalle. Todos debemos remar para que este barco vuelva a tomar un rumbo cierto.
Definitivamente, los Veritas Odium Parit se están convirtiendo en todo un subgénero satírico de corte hermético. Y por cierto, cuando ataco a la universidad o a cualquier otra institución, no tengan duda alguna de que tengo muchos ejemplos bochornosos en mente. Si nunca personalizo mis invectivas es porque no me gusta darle bombo a los personajillos. Verán que cuando se trata de realizar una loa a alguien digno, soy el primero en hacerlo, pero no estoy dispuesto a ponerle nombre y apellidos a la estupidez humana. Mucho me tendría que calentar para eso.