miércoles, 3 de noviembre de 2010

Studia Hermetica (2ª Parte)


Ha llegado la hora de hacer balance en Studia Hermetica. Para mí ha sido un largo periplo personal, lleno de magníficas experiencias, trabajo duro, proyectos frustrados, horas de estudio y devaneo, noches de ajetreo frente al monitor, imponentes columnas de libros, y buenos amigos. Mi propósito desde el principio -ya lo he dicho muchas veces-, ha sido el de dar a conocer a la comunidad académica y a los amantes y estudiosos del tema, una herramienta útil en el estudio de la filosofía hermética y de su entorno. En fin, siento que en esto he fracasado un poco: no creo que haya un número suficiente de investigadores españoles e hispanohablantes ávidos de hermetismo en un plano estrictamente académico, y aunque sé que esta mi página es leída ampliamente en la red, lo es por gente que no sabe muy bien de qué va el tema, y que sólo entra esporádicamente y por mera curiosidad.

Por supuesto, no ignoro que hay investigadores y docentes que saben de mi labor aquí, pero no era a ellos a los que me dirigía en un principio, sino a los que empiezan. No lo digo con pesar: mi pasión es conocer, me divierto haciéndolo, y con eso me basta. Además, en lo que no he fracasado es en dar a conocer mi trabajo y que se me valore como investigador independiente vinculado a Azogue. Creo que sí, que la gente cuando piensa en hermetismo o alquimia en España, piensa en nosotros, y eso me llena de orgullo, porque para mí es muy importante que se valore esta labor.

En fin, digo que ha llegado la hora de hacer balance porque creo que Studia Hermetica se ha convertido en una base de datos más que suficiente para el lector habitual hispanohablante, y a partir de ahora no me molestaré demasiado en su continua renovación. Yo ya dispongo de mis ocupaciones y estudios en mi espacio personal: mis fuentes, mi bibliografía, mis novelas, mis películas, mis obras de arte favoritas y mis pensamientos y pesquisas, y a estas tareas me dedico día a día. En otras palabras, seguiré desarrollando Studia Hermetica, pero lo importante para mí es el trabajo personal de investigación, y no pienso perder un minuto más de lo necesario en dar a conocer dicho trabajo a los demás. Le doy la razón a José Rodríguez en esto: no vale la pena perder mucho más tiempo en "divulgar", cuando la contraprestación es tan mínima y tan poco agradecida y reconfortante. En este sentido, pienso muy seriamente en reescribir Studia Hermetica en inglés y orientarla exclusivamente al plano internacional; creo que así cobraría más sentido todo este esfuerzo.

En general, creo que las personas que se acercan a nuestros cuadernos de notas y a Studia Hermetica en particular, no tienen muy claro cómo utilizar las secciones de Azogue. Por ejemplo, y volviendo a Studia Hermetica, no sé hasta qué punto la gente se interesa por las secciones principales: El Hermetismo Filosófico, El Hermetismo Técnico, la Biblioteca, los Enlaces, etc. En vez de eso van directamente a las entradas de este cuaderno que encuentran aquí y allá en los buscadores, y esa no era la idea. A mí me divierte sobremanera escribir en De Umbris Idearum, y además es un desahogo casi necesario para mi delicada salud mental, mermada por el deprimente paisaje humano que observo día a día, pero sinceramente preferiría que algún estudioso o investigador joven (como yo), dedicara tiempo a estas secciones y a las entradas más interesantes, que no son aquellas que tratan de mis opiniones o "chascarrillos". Yo estoy más que dispuesto a compartir mis ideas, trabajos, mi esfuerzo y mi ayuda, pero para eso necesito más gente que se acerque a Studia Hermetica y a Azogue con ánimo de aprender, colaborar y compartir.

Es cierto que recibo todo tipo de correos, pero la mayor parte de éstos son tonterías o gente algo perdida en estos temas, y que cree que me dedico en mis ratos libres a leer ridiculeces esotericoides como el Kybalion, el Libro de Urantia o demás frikadas. Studia Hermetica es una página integrada en el mundo académico y está enfocada al estudio del esfuerzo filosófico y filológico de la Antigüedad y el Renacimiento, y no pretende dilucidar los nuevos movimientos religiosos o penetrar en las paranoias mentales de tal o cual personaje bizarro del siglo XX, y de los que a veces hablan mis amigos de La Rosa de los VientosEspacio en BlancoMilenio 3-Cuarto Milenio (Dios los guarde, por cierto, porque me hacen pasar unas noches muy entretenidas).
Yo me considero un humanista a secas, especializado en las obras filosóficas heredadas de la Antigüedad, y a estos menesteres procuro dedicarme, aprendiendo de manera lenta pero segura. Se puede decir, además, que mi doctorado es mi vida, y que para mí el estudio de los textos y la labor historiográfica que desarrollo son necesarios para mi alma. Y no, no estoy especialmente interesado en publicaciones como Aries o Esoterica, y en general en la labor que desarrollan los investigadores vinculados a laESSWE, sobre todo si sus trabajos lindan con las corrientes esotéricas modernas. Sinceramente me siento más apegado a los estudios de los investigadores dedicados al estudio del neoplatonismo y temas relacionados, como la teúrgia, los Oráculos Caldeos o el gnosticismo, aunque entre mis obras necesarias y favoritas también se cuentan las de toda la vida, poco o nada relacionadas con el hermetismo.

Por otra parte, he estado dándole vueltas y más vueltas y he llegado a la conclusión de que un poco de ayuda para la navegación no vendría nada mal, y por eso he creado una sección de búsqueda por temas en orden alfabético. Creo que así no nos perderemos en calendarios abstrusos, sino que iremos directamente a aquellas entradas encuadradas en los temas que realmente nos interesan.

Por último, he decidido cambiar el Twitter por el Facebook para dar a conocer la página al "gran público". Tan sólo pido un pequeño gesto al que considere interesante el trabajo que hacemos aquí: un simple clic en el enlace feisbuquiano y listo. Yo agradezco siempre los gestos de amistad, y mucho más si parten de gente desconocida.

Nos seguiremos viendo las caras, y mientras tanto aquí os cedo mi espacio: explorad, leed y pensad, que es sano y necesario.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Veritas Odium Parit (Tercera Parte). Loa a Arturo Pérez-Reverte


"Y es esto lo que me va a condenar, si me condena, no Meleto ni Ánito sino la calumnia y la envidia de muchos. Es lo que ya ha condenado a otros muchos hombres buenos y los seguirá condenando. No hay que esperar que se detenga en mí". Platón, Apología de Sócrates, 28a-b.
Sí, ese fulano era un perfecto mierda. Como suena. Y no sólo él ostenta tal título (al fin y al cabo es otro abotargado botarate más del panorama politiquero y bombero-torero nacional), sino que otros muchos disfrutan de la misma vergonzosa condición. Tanto en las oficinas de los partidos, como de los ministerios y de sus protegidos y "colocados" (a dedo, se entiende), y como -y sobre todo- en los medios de comunicación de masas, siempre pendientes de la gresca, la guasa facilona y la moralina barata de tal o cual signo. Los policías piji-guai de lo "políticamente correcto" y del buenismo subvencionado. Buscando entre las basuras de las morgues cuando toca la gripe asesina, y dando "en exclusiva" imágenes obscenas de furcias "trabajando" en plena calle, o bien linchando a bombo y platillo a quien se ponga por delante con "declaraciones desafortunadas", como se dice ahora. Por chulos y enterados, supongo.

Y ahora le ha tocado al Sr. Pérez-Reverte. Muy bien, fantástico. Sin ironías. En cierto modo él se lo ha buscado. Le va la marcha; está acostumbrado a la guerra (no a jugar a ella, sino a la de verdad): a ser el objetivo anónimo de la metralla errante, a esconderse a vida o muerte, a la cara de los hijos de puta desalmados de contiendas absurdas. A los frutos bastardos de la indolencia, la maldad y la ignorancia. Y después de haber visto a tanto fiambre que en otro tiempo más feliz pudo ser tu vecino risueño o tu hermanita perfecta, volver a casa no es fácil. El cultivo de la literatura, la filosofía, la historia y en definitiva, de las studia humanitatis, unidas a un espíritu inquisitivo y valiente y a una lucidez generada a hostias, han dado sus frutos en un perfecto caballero de mirada penetrante, dura, inquisitiva y escrutadora. Un español de los de antes, y un modelo de hombre que escasea cada vez más, ahogado y arrastrado por la mariconería de la levedad ontológica. Ya lo sabe todo el mundo, pero lo repito: El Sr. Pérez-Reverte no es un tipo simpático cuando le tocan las pelotas. Como todos los caballeros elegantes que alguna vez fueron en este perro mundo, por cierto. Sólo que él se encuentra enclavado en la palestra, frente a los leones amanerados del circo mediático español, y con un montón de bobos y mierdecillas con el dedo gordo señalando al suelo, animándose unos a otros por constituirse en masa y por el estruendo que ésta provoca. Cobardes y malnacidos, ignorantes e idiotas.



Arturo Pérez-Reverte, antiguo corresponsal de guerra y escritor.


He pensado mucho en escribir estas líneas en su defensa. ¿Defensa? ¿Para qué? Él ya se defiende solo, y muy bien. No, en realidad estas frases me las dicta el mismo ánimo espontáneo que arrastra a un hombre a defender a un amigo o a una persona de bien. Porque para mí el Sr. Pérez-Reverte es un maestro y un amigo que me ha acompañado desde casi siempre. Y además es un modelo. Y lo es debido a su cultura, su producción literaria, y a su trabajo de "mercenario honrado" durante tantos años. Es un modelo por lo que ha visto y por lo que ha luchado. Es un modelo porque tiene cojones para decir lo que otros tipos simpáticos, apocados y mingafrías se callan. Y además ha tenido éxito. Y no sólo en Murcia y en Valladolid, sino en todo el mundo. Sí, creo que una de las evidencias filosóficas de la veracidad de Dios es que este hombre tenga semejante libertad para hablar y escribir, y espero que no le falten amigos que desenvainen sus toledanas cuando escuchen el griterío de la chusma ávida de linchamiento.

En dos semanas, poco más o menos, todo quedará olvidado a favor de un gesto tontuno de tal o cual político, de un nuevo caso de violencia genérica o de que el Madrid gana setecientos cero al Alcorcón y jugando en casa. Lo que antes era un estadio repleto de fulanos embravecidos por el anonimato internetesco y el bombo mediático, se convertirá en un silencio repentino. Y tras esta aljama indiferenciada y ridícula quedará el escritor y el hombre brillante dotado de la areté de la que todos carecen. Por eso no escribo con el fin de ahondar con mi "opinión" en ninguna "polémica", sino por dar la cara. Y yo me entiendo.

Esta entrada tendría que ir en octubre, pero me parece más didáctico ponerla aquí, dado el hilo argumental de mi anterior parrafada.



jueves, 30 de septiembre de 2010

Veritas Odium Parit (Segunda Parte)


Hay días en los que uno se levanta, digamos, de un humor especial. Y después de una huelga general mucho más. Como siempre digo, Studia Hermetica es una página dedicada al estudio del hermetismo, y no pretende cambiar el mundo, la sociedad, la política, el hombre, España, Andalucía, mi calle, etc., pero obviamente está escrita por alguien que siente y padece, y que en consecuencia espera que las cosas marchen mejor, por el bien de todos. Pensé en escribir esta entrada ayer, pero estaba en el trabajo

En fin, que quede claro que a mí la política me importa un carajo. Y esta afirmación ya de por sí puede sonarle sospechosa a mucha gente, y por distintos motivos. El típico cincuentón (incluso el cuarentón) sostendrá que porque "no tengo espíritu ni ideas" (el jovenzuelo apolítico que no tiene los arrestos suficientes para interesarse sobre ideologías, movilizaciones, transiciones democráticas, huelgas, etc). Otros -los más comprensivos a lo posmoderno-, dirán que porque la juventud actual desconfía de la política y de los políticos, y en consecuencia prefiere a las oenegés, los grupos ecologistas y demás ridiculeces. Hay incluso un tercer grupo, de espuria raíz comunistoide, integrado por jóvenes con ideas e iniciativas que no se tragan lo que la sociedad les dicta, y no sé cuántas boberías más, y que opinaría más o menos como mis carrocillas del sesenta y ocho. Bien, opinen lo que opinen, me sigue importando un carajo, y que conste que he leído a Marx y Engels, Lenin, Trotsky, Bakunin, Mao, Lukács, Sartre, Marcuse, Adorno o Horkheimer; así como las visiones más meditadas del socialismo (desde mi punto de vista, obviamente), como las de Max WeberRaymond Aron o la de Schumpeter. E incluso tratados de economía política marxista "revisionista" como el de Wlodzimierz Bruz (y así un largo e insustancial etcétera). En fin, me imaginaba a mí mismo como un político socialista convencido y eficaz que ayudaría a la clase obrera y a la humanidad a emanciparse del pérfido sistema económico imperante.

Bueno, ¿y qué ha quedado de todo eso? Casi nada, tan sólo algunos principios que me han guiado toda mi vida y que seguramente me seguirán guiando en el futuro: que los ricos lo son por el robo y la estafa y que eltrabajo, el talento y la libertad, son valores que están por encima de cualquier otra consideración economicista (es decir, lo que diría cualquier buen filósofo estoico, platónico o cristiano). Está claro que las filosofías marxistas dominaron buena parte del discurso y de la realidad de la segunda mitad del siglo XIX y de buena parte del XX, pero a estas alturas tendríamos que saber que las ideologías que sostienen por encima de todo el concepto de hombre-masa son las más peligrosas, y además están viciadas del mismo principio mercantilista que el capitalismo, precisamente por huir de lo que ellos llaman vacuas "filantropías" a favor de tesis pretendidamente científicas y evolucionistas. En fin, no quiero extenderme más sobre esto. No es mi terreno y me trae al pairo.

Adoro la política y el derecho (sí, me contradigo conscientemente). Por ejemplo, me encantó leer El Príncipe de Nicolás Maquiavelo precisamente porque trata la cuestión política desde un punto de vista llano y directo; y además es una visión muy realista y lúcida de la condición humana. Y así podría seguir hacia atrás, desde Tucídides, pasando por Platón, Aristóteles, Polibio (la ex imperio libertas como uno de los motores de la Historia, todo un concepto, sí señor), Tito Livio, Cicerón, o Marco Aurelio; y así con los clásicos de la ciencia jurídica: Gayo y sus Instituciones, y la labor de compilación del Corpus Iuris Civilis (¡cuántas horas pasé en cierto sótano prohibido para mí leyendo y releyendo sus benditas páginas!). Los clásicos y sus contrapuntos renacentistas tienen una idea muy clara sobre la pobre condición humana, y sostienen casi sistemáticamente que hay que huir de los partidismos con el fin de encontrar la mejor -i. e. la más bella y sabia- organización política. Es evidente que desde nuestro punto de vista moderno éstos son cándidos y poco "realistas" (odiosa palabra) planteamientos. Bien, pues mi opinión es distinta, y a mucha honra. Creo que la humanidad sigue siendo la misma, y que el ridículo binomio izquierda-derecha no es más "científico" que los partidos circenses azul-verde de época imperial romana. Es el mismo planteamiento colectivizante y alienante del ser humano, sólo que en otro periodo histórico y sobre la base de circunstancias bien distintas. Por eso detesto la política (otra vez la dichosa contradictio): porque el discurso socio-político habitual sobre la materia en nuestros días (revestido por esas imposturas que llamamos ideologías: "soy de izquierdas", "soy de derechas", "soy de centro (¿?)"), encubre en realidad una trama de intereses inconfesables de partidos políticos, grandes empresas, medios de comunicación, sindicatos, y asociaciones y grupos de presión de todo tipo. Acuchillándose, insultándose, adulándose, lamiéndose y hablando ante las cámaras con fingida convicción, mientras cuentan los billetes (los propios y los ajenos). Y en medio de todos, el imbécil e inculto medio, sosteniendo con el puño en alto esos fragmentos de ideas leídos por la mañana en El País o en El Mundo.

Llamemos a las cosas por su nombre: un tipo que gana un millón de pesetas al mes por representar una sinecura pública no puede llamarse "socialista" o "cristiano". Y unos tipos que se sacan fotos y estrechan manos, mientras ponen sonrisa profident y aceptan regalitos de tal o cual tipo de tez cetrina rayosuvesca, tampoco. No me vengan con monsergas y gilipolleces: por razones personales los conozco, los he visto en acción, los he olido; su hipocresía va a la zaga de su incompetencia y desvergüenza. Aceptando con sonrisa de conejillo cualquier estipendio inmerecido por no hacer nada (sólo succionar falos de tal o cual fulano adecuado en el momento justo). Con una carrerita de Derecho o Economía apoyada por papi ("estudia, estudia, ya verás..."), sin un puto libro como Dios manda en el cuerpo y hablando un inglés de "Ayán Fransisco an aigul-laic tubí politishian", un francés de "Mesié le diputé, mesié le presidán", o un alemán de "Suban-estrujen-bajen" o, sin ir más lejos, de un español de "Yo.. pues yo pienso de que claro, no, pues... pues... Nosequién miente(aplausos)", pretenden dirigir los destinos de un país, de una región, de una ciudad, o de un pueblo del Occidente europeo (con un par de huevos). Como si los viera ahora, con la ceja levantada mientras un humilde y entontecido chófer les lleva la maletita ("tenías que haber estudiao, Manolo").

Y luego estos cazurros con carrera y sueldazo a cargo del pechero medio hipotecado, sueltan majaderías intolerables como aquella buenísima de que la culpa del paro tan terrorífico en el que estamos sumergidos se debe a esos pobres diablos que dejaron de estudiar muy pronto para meterse en la obra. Y yo digo, me alivio en vuestra meretriz progenitora, vástagos de lupanar. Pero claro, que no parezca tampoco que le echo la culpa al presidente y al ministro (eso sería una solución muy a la española, sí señor). No: es evidente que estas flatulencias pestilentes están expulsadas desde la sociedad misma (en nuestro caso, la española). Una sociedad de indolentes, subvencionados, acostumbrada a la sopa boba desde hace más de veinte años (por lo menos la juventud de papis solventes), poco dinámica y cosmopolita, y lo peor de todo, ignorante. Dispuesta a gritar tanto Viva la Virgen, Viva el Carnaval, Viva la cabra, Viva el borracho, y Viva yo, como Viva la República, Viva Franco o Viva la huelga. En definitiva, una sociedad cateta y clientelar, creada a salto de mata y sálvese quién pueda; propicia a desconfiar de lo ajeno y a esconder los pecados propios, profundamente endogámica y malahostiada, donde una economía fuerte de corte liberal jamás podrá asentarse sobre una base sólida. Y por eso la coyuntura económica nos golpea el doble. ¿La solución?: [Consejo de Ministros, justo antes de comer; habla Zetapé]: "Pues em, esto, um, espera... es difícil. ¡Ah, sí! Lo que diga Bruselas" (traducción en lenguaje técnico: flexibilidad laboral y bajada de pensiones). Y en román paladino: "Que se joda el trabajador y el pensionista".

El resultado es un país empobrecido y cabreado, con una generación de jóvenes entre los 18 y los 30 años sin futuro laboral, con unas pensiones que peligran de aquí a pocas décadas, y en general sin una estructura económica sólida. Por si esto fuera poco, mantenemos por decreto a una administración repleta de incompetentes e indolentes (y señalo directamente a las universidades), así como a una piara de malnacidos que han copado, mediante un sistema de castas indisimulado, los puestos de responsabilidad más elevados del Estado. Y como hablamos de España, tenemos que unir a estos afortunados hechos, esos sistemas nobiliarios que se esconden bajo el estandarte de "lo nuestro" (fuera el charnego, fuera el godo, fuera el catalán, fuera, fuera, fuera), que son los partidos nacionalistas. ¿Más? Claro, amigos: una juventud indolente, rácana, boquiabierta, de sonrisa gilipollas, sin sentido ético-estético alguno, sin moral ni ganas, y sin ná. Los veo cuando reúno el valor suficiente para subir a ese paripé de universidad que tenemos en Granada: inmaduros, incompetentes, acostumbrados a vivir entre fines de semana, sin una idea o lectura coherentes, sin rigor. Sin alma. Y entonces me digo: "Bien, estos capullos son los que nos librarán de todo mal. Amén".

Asimismo, siempre me ha maravillado esta naciente burguesía flojilla, hipócrita y semi-analfabeta (la pueden ver ustedes en los carteles publicitarios del Bebeuveá o de los anuncios de móviles), que ronda los cuarenta tacos y que desempeña una profesión liberal (abogado, médico, profesor de universidad, arquitecto, etcétera) donde obviamente lo gana bien, y por lo tanto se puede permitir el lujo de mirar con asco a esas "clases inferiores" y marchitas que trabajan en cosas manuales y "poco especializadas", con cara de "pobrecitos míos, qué pena dáis... ¡Si es que no estudiásteis!", mientras compran como locos cachivaches inútiles de marca último modelo-súper-fashion, por Internet y le enseñan a sus hijos que reciclar está chuli y que las bolsas de plástico cacaporque joden a los patos y los peces, que decir "mierda" y "tonto" está mal, que hay que sacar buenas notitas y no juntarse con los tiradillos, y que todos esos niños muertos del telediario viven muy lejos, así que cambia de canal. Y además, son precisamente estos bobos cuasi-ricos los consumidores habituales de literatura apestosilla, tipo Pilares de la Tierra, El Ocho, La Sombra del Viento, El Código Da Vinci, etcétera. Si usted se siente identificado en este grupo le recomiendo vivamente tres libros preciosos y muy enriquecedores: Les Onze Mille Verges de Apollinaire, Les Chants de Maldoror, de Isidore Ducasse y Justine del Marquis de Sade.

Está claro: nuestro padres nos dijeron: "Estudiad, que si no no seréis nadie". Pues bien, ahora hay toda una generación con crisis existencial. Ergo: con carrera, segundas y terceras lenguas y másteres, y en el paro. Y yo me descojono, de veras que sí. Las lágrimas me corren cálidas por mis mejillas mientras me imagino a esos desideologizados jóvenes sin perspectiva, living in papis's home, y con cuarenta tacos. Sin responsabilidades familiares, sin hijos y sin conciencia. Sin vida ni intimidad, pero eso sí: recicladores, ecologistas, feministas, delgados, vacunados frente a gripes hipostasiadas y apadrinadores de los niños del África. Mientras escribo continúo mi algarada en forma de luciferinas risotadas que recorren las calles del centro de Granada, mientras en mi mente resuena la voz de mi daimon: "¡Que vengan mis amigos de otro tiempo! Mis escritores, mis héroes y heroínas. Mis amigos. Que vengan aquí a resolvernos la papeleta". Ya veréis que festín nos damos comiendo, blasfemando, desflorando y dando estocadas por doquier. ¡Que vengan los barandas, los inquisidores, los pendencieros, los bergantes, los dandys, las femmes fatales, los enfants terribles y los libertinos de otra época! Si bien no arreglaremos nada, por lo menos nos divertiremos con estilo durante las noches de luna llena.

Y no, hoy no he tomado ninguna sustancia estupefaciente. Aunque como dijera ya mi Séneca:
"...sólo el alma perturbada puede decir algo grande y superior a los demás. Después de que desdeñó lo vulgar y lo habitual y con instinto sagrado se elevó hacia las alturas, entonces, por fin, cantó algo demasiado grande para la boca de un mortal. No puede alcanzar nada sublime ni situado en lugar escarpado mientras esté en sus cabales. Conviene que se salga de la ruta habitual y se desboque, y muerda los frenos, y arrastre a su jinete y lo lleve a donde habría tenido miedo de ascender por sí solo" (Sobre la tranquilidad del alma, 17.11).
Dice en alguna parte el Sr. Pérez-Reverte que un tipo de veintisiete años (como yo) y en el paro (de momento no es mi caso), le inquirió sobre qué libros le recomendaba, y éste le respondió: un libro para aprender otro idioma y pirarte del país y otro sobre cómo hacer cócteles molotov. Suscribo tal recomendación.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Ciento cincuenta años de hermetismo


Pues bien, ya tengo otro artículo en el horno. Su título es el mismo que encabeza esta entrada, y en él pretendo describir un panorama general sobre el estudio del hermetismo. Asimismo, lo he planteado como una bibliografía en toda regla, que imite a otras bibliografías sobre el hermetismo ya publicadas, desde los años ochenta, como son:

BLANCO, G., "Hermetism. A Bibliographical Approach", en W. HAASE, H. TEMPORINI, Aufstieg und Niedergang der römischen Welt, Berlín, 1984, vol. II 17,4, 2240-2281.

Corpus hermeticum: testo greco, latino e copto. Edizione e commento di A. D. Nock e A.-J. Festugière; edizione dei testi ermetici copti e commento di I. Ramelli; a cura di Ilaria Ramelli, Milano: Bompiani, Il Pensiero Occidentale, 2005, pp. 1549-1619.

PARRI, I., "Bibliografia ermetica", en Hermetism from Late Antiquity to Humanism, Turnhout (Belgium): Brepols, 2003, pp. 747-760.

He seguido además el fabuloso planteamiento metodológico expuesto por José Rodríguez en su cuaderno de notas, es decir, que he dividido a las distintas perspectivas académicas y extraacadémicas en función de lo que el editor de Azogue llama "estudio descriptivo", "normativo" e "interpretativo". Eso sí, he hecho un ligero cambio en esta tripartición con ánimo didáctico, dividiendo al estudio interpretativo entre el propiamente interpretativo (ligado más o menos al mundo académico) y el esotérico, donde integro sobre todo la morralla ocultista y esotérica. Obviamente, Azogue se identifica con esta primera perspectiva, y mi intención al menos es continuar dicha tendencia.

Finalmente, he de decir que mi humilde aportación al estudio del hermetismo es la de incidir en el estudio multidisciplinar y abierto de la materia, no cerrando las puertas gratuitamente a bibliografías que puedan parecer poco relacionadas con la materia, como el neoplatonismo, o la alquimia, la magia o la astrología antiguas. No me extiendo más porque una vez publicado en el número de MHNH correspondiente, lo expondré en Studia Hermetica.

En fin, el resultado es un artículo de diecinueve páginas que pretende ser un colofón didáctico a mis años de estudio. Ahora he de pensar y repensar el siguiente, que será para la revista brasileña Veredas da História, dado que mi amigo y compañero de fatigas, Francisco de Mendonça Jr., ha tenido la deferencia de invitarme a que participe en dicha revista. Amigo, que sepas que para mí es un honor y un verdadero placer hacerlo.

Por último, y esto es algo que me entristece comentar, tengo que decir que mi relación como docente con el Phoenix Rising Academy ha finalizado. La decisión la he tomado debido a ciertas insignificantes desavenencias con su directora. La organización y funcionamiento de dicha "academia", digamos, no conecta demasiado con mi forma de ver las cosas, y para mayor abundamiento no comparto su perspectiva académica. Esto es algo que obviamente ya sabía cuando ofrecí mi colaboración, pero ciertas gotas han colmado el vaso, debido en parte a mi propia personalidad y a que imaginé desde un principio un sistema distinto de enseñanza. En efecto, creo que no llegué a comprender hasta hace un mes de qué iba el tema, y tal. Por otro lado, mantengo la misma opinión de la Srta. Chaitow y animo a la gente a que participe en su estupendo y riguroso centro de estudios. Asimismo, he cambiado la sección dedicada al Phoenix Rising a un enlace en la sección correspondiente. ¿Qué puedo decir? Tengo unas convicciones y unas ideas. Y un tiempo y una paciencia escasos para algunas cosas.

Además tengo en casita un curso de iniciación a los estudios esotéricos y el hermetismo casi terminado, y pretendo promocionarlo aquí de la misma manera que Adam McLean lo hace: un cedé a un precio razonable donde la gente interesada en estos temas encuentre los elementos suficientes para desarrollar su curiosidad. Creo que pretender más que eso no es razonable. Pero es mi humilde opinión, claro. Por cierto, dicho curso tendrá más o menos la misma estructura que el que pretendía impartir en el Phoenix Rising.

No puedo acabar esta segunda entrada del cuaderno sin expresar mi deseo de que José vuelva por Azogue para contarnos cosas. Sé muy bien que la vida es una losa resbaladiza que hemos de cargar, pero aún así merece la pena. ¡Un saludo y un abrazo afectuoso, amigo! Espero que nos veamos muy pronto, ya lo sabes. Por cierto, no quiero acabar sin hacer mención de una panadería alquímica de deliciosa fama en Madrid, llevada por dos personas a las que admiro y estimo infinitamente. ¡Visitadla!

lunes, 7 de junio de 2010

Qal'at al-Hambra, el rubí de la corona de Granada



"El Paraíso, en al-Andalus, tiene una belleza que se muestra [como la de una desposada] y el soplo de la brisa está deliciosamente perfumado.
En efecto, el resplandor de sus soleadas mañanas viene de una boca con hermosa dentadura y la negrura de sus noches del rojo profundo de los labios..."
Ibn Jafāŷa.


Esta entrada, tras un par de meses de silencio, está dedicada a la Alhambra de Granada, una de las maravillas del mundo moderno, tanto por su idílico entorno como por el asombroso hecho de que se nos haya conservado tan portentosamente bien, y que podamos contemplar, así sin más, una ciudad palatina de ensueño surgida de las Mil y una noches. Asimismo, otro hecho afortunado es que el entorno natural continúe casi idéntico al de hace seis siglos (por supuesto, salvando las distancias): el precioso Albaicín blanco al frente, la colina de la Sabīka dominando la ciudad de Garnata, y las arboledas cobijando el trino de los pájaros y el rumor de las acequias. Como si de un sueño fantástico se tratase, aún resulta fácil imaginar a Abu Ya'afar al-Qunyi, un asceta sufí del siglo XIV, ascendiendo por la colina y contemplando, muy poco a poco, la grandeza de Alá, su imagen (el reflejo de la Suprema Belleza) en todas las cosas de este mundo. Y si no que se lo digan al insigne investigador y docente vinculado a la Universidad de Granada, José Miguel Puerta Vílchez, probablemente la principal referencia que tenemos a día de hoy sobre la Fortaleza Roja (sin olvidarnos de O. Grabar), y por supuesto, sobre el misticismo sufí y el consustancial sentido estético de la Civilización Árabe. Como él mismo escribe en su precioso artículo "La belleza del mundo es la belleza de Dios (El núcleo estético del ‘Irfān de Ibn ‘Arabī), 1ª parte", en los Anales del Seminario de Historia de la Filosofía (2000), nº 17, pp. 77-100:
"El resultado sigue aún hoy impresionándonos e interpelándonos: liberación de la Imaginación frente al uso restrictivo de la razón, visión feminizante, positiva y estética del mundo, aceptación gozosa de la permanente transmutación del universo y del ser, asunción de la diversidad interpretativa de los Textos y del Mundo procurando superar las limitaciones de la misma, fusión deforma y contenido en los ámbitos artístico y filosófico, superación imaginativa del problema de la iconoclasia, y creación, en fin, de un nuevo vocabulario capaz de situar el lenguaje natural en otra dimensión simbólica y cognoscitiva".
¿El resultado de qué? Pues del núcleo estético de toda una civilización (la árabe clásica), canalizado a través de su más bella filosofía: el sufismo. Para este místico murciano del que habla el Sr. Puerta Vílchez (Muhyī al-Dīn Ibn ‘Arabī, 1165-1240) (ibid. p. 80, nota 2), el amor es una estancia divina (maqām ilāhī), y el Creador se nombró a sí mismo el infinitamente amable (wadūd) y los textos proféticos el Amante (muḥibb). Es por esto, continúa, por lo que el Amor se convierte en Universal, donde Dios-Creación son una sola cosa (consagrando el concepto teofánico-teopático frente a la procesión-emanación hispostática de las filosofías de corte platónico del periodo que habitualmente nos ocupa: ss. I-IV d. C., y que no pueden ser identificadas en este sentido con el hermetismo). Es decir, que nuestro místico estaba consagrando esta idea siempre heterodoxa de la inmanencia de Dios en el mundo, a la que tienden de manera habitual las filosofías místicas de la Tradición Occidental menos dualistas, como nuestro hermetismo. Esto es, además, y sin lugar a dudas, una evocación estética de la concepción platónico-plotiniana de la Unidad-Amor, pero expresada en terminología "coránica". Vayamos con una interpretación de carácter más íntimo, más gnóstico.
"Cuando las gentes de la intimidad, la belleza y la
misericordia (divinas) contemplan el Corán, y
todas las cosas, sus ojos no encuentran más que
belleza y hermosura"
lbn 'Arabī, Futūḥāt.
"Dios Es Bello y Ama la Belleza". En este ḥadīt, nuestro místico andalusí encontrará la fundamentación de su propia cosmovisión (La belleza del mundo es la belleza de Dios). Asimismo, en este artículo suyo, el Sr. Puerta Vílchez, cita una obra que suena muy interesante de H. Corbin, donde se nos cuenta que el Anthropôs gnóstico es el receptáculo de la conciencia divina, y Dios el hogar de esa conciencia, ahondando en las mismas ideas de las filosofías gnósticas de la Antigüedad Tardía que tanto hemos comentado por aquí. Así, la potencia del corazón es una energía oculta (quwwa jafiyya) susceptible de aprehender la realidad divina.

Paseemos, ahora sí, por los palacios nazaríes...

Detente en la explanada de la Sabīka y mira a tu alrededor:
la ciudad es una dama cuyo marido es el monte.
Está ceñida por el cinturón del río y las flores
sonríen como alhajas en su garganta (...)
Mira las arboledas rodeadas por los arroyos:
son como invitados a quienes escancian las acequias (...)
La Sabīka es una corona sobre la frente de Granada,
en la que querrían incrustarse los astros.
Y la Alhambra (¡Dios vele por ella!)
es un rubí en lo alto de esa corona.
Ibn Zamrak.

Hoy propongo un viaje a la Alhambra de la mano del misticismo andalusí. Pues bien, una vez que nos encontremos con el bullicio blanco de la Plaza Nueva (en pleno casco histórico de la ciudad), y nos decidamos por ascender a pie (eso sí, deteniéndonos muchas veces, porque la empinada cuesta bien lo merece, así como las bellezas naturales que nos envuelven a medida que ascendemos), iremos por buen camino para nuestros futuros descubrimientos; eso suponiendo, claro está, que decidamos optar por esa ruta, y no por la empedrada Cuesta de los Chinos o por el barrio del Realejo, donde contemplaremos la bella techumbre de Granada, en tonos ocres y blancos, recortada contra el cielo infinito, y siempre amenazada por la Sierra Nevada.

Una vez que la muralla se nos muestre a la izquierda, no está de más conocer el nombre de las cuatro puertas exteriores que permitían el paso en otro tiempo a la ciudad. La primera de ellas es la Bab al-Sari'a (La Puerta de la Ley, más conocida como La Puerta de la Justicia). La segunda puerta es Bab al-Gudur, la "Puerta de las Cisternas" (modernamente conocida como la Puerta de los Siete Suelos). La tercera puerta se denomina Bab al-Hadid (la Puerta de Hierro), conocida hoy como la Puerta del Arrabal. Y la cuarta es la Puerta de las Armas, en el extremo occidental del recinto.

Una vez dentro, tenemos que saber que la Alhambra se compone de algunos elementos fundamentales, que me gustaría apenas reseñar aquí: la Alcazaba, el Palacio Real y el palacio del Generalife. En la actualidad, uno puede acceder al recinto desde la entrada principal en las taquillas, o bien a través, por ejemplo, de la susodicha Puerta de la Justicia que da lugar al nada desdeñable recinto (de entrada libre y gratuita) del Palacio de Carlos V y sus alrededores. De hecho, es este palacio (que tan mala prensa tiene en estos tiempo de buenismo militante) una edificación sólida, recia e imperial, donde Carlos V e Isabel de Portugal tuvieron su luna de miel, y concibieron al mayor príncipe de la cristiandad en el Renacimiento, Felipe II.

En cuanto al Palacio Real, nos encontramos con un conjunto de edificaciones cuya belleza queda bien resumida en esta vista del Patio de los Leones.




Como todos sabemos, estas puertas alojaban una de las maravillas más portentosas que existieron en Al-Andalus, inscrita, curiosamente, en un periodo de decadencia de la civilización árabe en el Occidente (Magrib). Esta esplendorosa decadencia, si se me permite el oxímoron, construyó los magníficos palacios de la dinastía Banu Nasr, valiéndose de la piedra y el yeso, y no del mármol y los minerales preciosos de las evocaciones orientales bagdadíes, pero el resultado fue el mismo: una arquitectura única que aún hoy se nos conserva asombrosamente intacta. Un conjunto palatino y una ciudad que habla por sí misma. Todavía escucho las palabras de mi última visita guiada, en la que se nos explicaba que el palacio arabo-islámico era una continuación del jardín, en la que se pretendía jugar con la luz y el agua, y con sus reflejos. Las columnas rielaban la luz del Sol, jugando a ser un palacio de cristal y una cúpula del cielo (nuestro Salón de Comares pretende ser eso mismo, de hecho). Un conjunto arquitectónico cuya esencia sólo podrá ser comprendida entendiendo la armonía matemática del más insignificante de sus alicatados.

Supongo que cada persona tiene su parte favorita de la Alhambra, y en mi caso adoro el Palacio del Generalife y sus inmediaciones; tanto el denominado paseo de las Torres (justo enfrente), como los preciosos jardines que adornan a este palacio de ensueño me estremecen, y siento que podría caminar por ellos durante toda mi vida. Resulta muy difícil de explicar las sensaciones que te embargan al contemplar el paisaje granadino en lontananza y su violenta orografía, que se recortan de manera distinta según la época del año y la luz. Cuando llueve, sus colores se tornan fríos y melancólicos, y cuando la luz es primaveral quedamos cegados por la explosión de color. Cualquier época del año y cualquier día son oportunos para visitar al Alhambra, pueden creerme. Por otra parte, uno parece entender observando este paisaje maravilloso, el drama que supuso su pérdida para un trocito de civilización que aguardaba su hora con el llanto contenido.

La Alhambra es, sin lugar a dudas, una utopía arquitectónica cuya médula espinal fue analizada magníficamente en Los Códigos de Utopía de la Alhambra de Granada, (Granada: Diputación de Granada, 1990), de nuevo del Sr. Puerta Vílchez. Una utopía arquitectónica eterna, que parece desafiar el desvelo de Ibn Jaldūn por desmitificar la labor historiográfica torticera, al plantearnos un extracto del Corán (89, 6-7): "No has visto cómo ha obrado tu Señor con los aditas, con Iram dāt al 'imād"... Aquella inmensa ciudad de las columnas, que según la leyenda tenía palacios de oro, columnas de esmeraldas y rubíes, árboles, arrayanes, y surtidores, y que fue destruida para castigar a 'Ād... De aquella ciudad imaginaria del Islam encontramos pedazos hoy en Damasco, Bagdad, Estambul, El Cairo, FezJerusalén, o en Isfahān, pero en Granada nos la encontramos de cara, así sin más. De este modo resulta comprensible el asombro de escritores románticos y viajeros decimonónicos como Washington Irving, Chateaubriand, Jules Goury, Owen Jones y Girault de Prangey.

En otro orden de cosas, la Alhambra dispone de su propio órgano director (esto interesa a los investigadores, sobre todo), el Patronato de la Alhambra y el Generalife; dicho ente público desarrolla en la actualidad algunos proyectos de restauración, conservación, mantenimiento, e intento de comprensión del monumento, mediante la encomiable labor investigadora canalizada a través de los Cuadernos de la Alhambra, y a través del resto de obras y monografías publicadas por nuestro Patronato. Particularmente frustrante para el turista es no poder contemplar hoy día la famosa Fuente de los Leones. En fin, invito a todo al mundo a que se dé una vuelta por su fondo digitalizado, porque merece la pena.

Precisamente por estas razones, una riada interminable de turistas se dejan sus ahorros año tras año en esta maravilla del mundo. Porque en efecto bien lo merece, aunque dé pena que semejante recinto quede profanado por la histeria fotografiadora del turista medio, que pantalón corto en ristre y calcetines blancos por encima de las pantorrillas, pregunte lindezas como ¿Dónde está el Palacio de Felipe V? o ¿a qué hora visitar Palasios Nasis?, o bien, ¿venden playeras de la Alhambra? Es evidente: estamos en la era de la banalización, y en la de fotografiarse al lado de "piedras" para enseñarle a nuestros cuñados que -de verdad, en serio, te lo juro, o sea- estuvimos allí mismo, no vaya a ser (¡Dios nos libre de esa desgracia!) que no nos crean, y nos tachen de pobretones-working class y de gordos y zafios no-recicladores. De cutres, vamos.

Por cierto, que existe (cómo no) una interpretación esotericoide-fulcaneliana de la Alhambra: se trata del Tratado de La Alhambra Hermética (Granada: Port Royal, 2005), de un tal Antonio Enrique... En fin, supongo que lo que procedería en estos casos es que hiciera una crítica o reseña integral sobre la obra, pero tengo la mala costumbre de que cuando leo cosas como "...para algunos descienden de los antiguos egipcios (gitano derivaría en tal caso de egipciano), de los que quedó la adoración por las vírgenes negras, tratándose para otros de una raza subraza atlante, y prueba de ello sería su propia lengua, el achi pichí..." (p. 28), sencillamente cierro el libro y a otra cosa mariposa. Lo terrorífico de todo esto es que he oído hasta guías hablando maravillas de esta "obra", alabando incluso la sapiencia del autor. En fin compadres, cada uno a lo suyo.

Al hilo de esto, me gustaría hacer un brevísimo recorrido por la historia de nuestro Hermes en la tradición árabe. Esta tradición no se ha visto nutrida de un grupo suficiente de investigadores (solventes), hasta hace muy poco tiempo. Entre estos investigadores habría que citar en primer lugar a Charles Burnett y Kevin van Bladel, y por supuesto a Julius RuskaLouis Massignon, dos grandes arabistas del pasado siglo que se ocuparon de la famosa Tabla de Esmeralda el primero y el segundo de las raíces de la tradición hermética árabe en sí misma. En cuanto al resto de investigadores que se dedican en la actualidad a este "hermetismo árabe" y cuestiones relacionadas, tendríamos que citar a Dimitri Gutas (de hecho, el director de tesis de Bladel), y a Massimo Pappacena, Carmela Baffioni, Pinella Travaglia, Antonella Straface y Annunziata Russo, entre otros.

Las genealogías árabes sobre Hermes generalmente nos hablan de tres figuras "históricas" distintas. El primer Hermes vivía en Egipto antes del Diluvio, y fue el patrocinador de las ciencias. El segundo vivió después del Diluvio en Babilonia. Finalmente, el tercero de nuestros Hermes habitó en Egipto en un tiempo tardío. Los tres fueron considerados grandes sabios, pero la tradición árabe otorga predominancia al primero de ellos, el profeta antediluviano divulgador de la ciencia. Este Hermes estaría para la tradición árabe al mismo nivel de relevancia que el profeta coránico Idris (Corán XIX, 56-57). Massignon explica la asimilación de la figura de Hermes Trimegisto en el ámbito islámico como un intento de sincretismo. Asimismo, esta asimilación sincrética la encontramos en el Génesis (5, 21-24), pero en este caso con el profeta hebreo Enoch. En estos casos nos topamos con un culto sincrético típico de algunas de las culturas del Mediterráneo en la Antigüedad, sostenida por una figura de orden divino patrocinador y maestro de las ciencias y benefactor del género humano.

No obstante, aquí nos centraremos en ciertos grupos del Oriente Próximo que preservaron la tradición hermética dentro del Islam. Hablamos, claro está, de los famosos sabeos de Harrán. Acerca de estos sabeos de Harrán discurre Kevin van Bladel en su tesis, y en su reciente obra publicada sobre la base de la misma: The Arabic Hermes: From Pagan Sage to Prophet of Science. El término "sabeo", de hecho, puede aplicarse a un gran número de grupos religiosos no adscritos a la religión islámica, por lo que este gran investigador se afana por delimitar con precisión a qué se refiere exactamente cuando los cita: ¿a una Escuela Platónica de la Antigüedad Tardía?, ¿a hermetistas paganos?, ¿a gnósticos? ¿A todo eso a la vez? Desde luego, resulta muy atractivo para los investigadores dedicados al tema afirmar la existencia de una escuela platónica en el tardío siglo X, en pleno corazón del Islam.

De hecho, la opinión general acerca de la recepción de los textos herméticos en el contexto arabo-islámico, es que su fuente son estos sabeos de Harrán, por el mismo hecho de que ellos mismos han sido considerados habitualmente como "hermetistas". Sin embargo, según van Bladel, "there has been no concerted studies of the Arabic works of Hermes themselves to establish this idea with certainty" (p. 80). En efecto, poco sabemos sobre la verdadera entidad de estos sabeos de Harrán, y las especulaciones han sido muchas y de diversa índole (van Bladel se centra en criticar a Scott en este punto, como representante de la vertiente investigadora que ha querido ver similitudes entre los Hermetica tardoantiguos y ciertos textos árabes); estos textos nos informan de un trasfondo exclusivamente platónico, que cita como autoridades no sólo a nuestro Hermes o a otras figuras relacionadas como Poimandres, sino también a neoplatónicos como Porfirio o Plotino, además, claro está, de a Platón y Pitágoras. En todo caso, el punto de partida de Bladel es inmejorable, al preguntarse constantemente qué debemos considerar bajo la etiqueta de "hermético"; al final, el investigador que se precie llega a la conclusión de que un buen punto de partida metodológico es el de considerar como herméticos a todos aquellos textos puestos bajo la advocación del Hermes sincrético, y eso es precisamente lo que trata de hacer Bladel.

¿Y qué hay de las evidencias de transmisión de los Hermetica por estos sabeos? Pues bien, van Bladel enumera algunas razones que no pueden ser aducidas en su totalidad como evidencias indiscutibles de esta supuesta transición, pero que ilustran perfectamente este proceso de helenización; por ejemplo en lo que se refiere a una polémica antipagana sostenida en Siria en torno al siglo VII. En cualquier caso, les invito a echar un vistazo a esta magnífica obra de Bladel, que demuestra mucho más que buen hacer investigador: denota perspicacia metodológica a la hora de abordar el tema del hermetismo, huyendo de los generalismos que tanto daño han hecho a esta peculiar disciplina historiográfica.

En definitiva, el hermetismo árabe es para mí un misterio, que habitualmente ubico casi exclusivamente en las obras de índole "científica" (me refiero sobre todo a algunas de las obras de astrología, adivinación y astromagia tan maravillosamente editadas por Burnett en el proyecto Hermes Latinus). En cuanto a las supuestas raíces árabes del hermétisme savant en el Islam, en fin, su procedencia no está clara, y en cualquier caso no deberíamos ver sofisticadas y originales construcciones filosóficas donde no las hay: en cierto sentido el helenismo se trasladó de la misma manera a muchas culturas del Mediterráneo, y las tierras dominadas por el Islam (tanto el oriental como el occidental) no fueron una excepción. Un ejemplo lo encontramos en los Extractos de Estobeo, que son una compilación "por encargo" de un noble macedonio, y por ende no son fuentes herméticas realizadas de primera mano, como los tratados gnósticos de Nag Hammadi. Sobre si las obras más "gnósticas" del helenismo inspiraron a las filosofías místicas desarrolladas en Dar al-Islam, en fin, supongo que es algo lo suficientemente evidente como para no tener que argumentarlo.

Por último dejo aquí unos enlaces a tres artículos portentosos sobre materia sufí (y andalusí), a cargo del Sr. Puerta Vílchez. Espero que los disfruten como yo (es decir, muchísimo).




Y con esto sólo me resta invitarles a Granada, y sobre todo a esta Alhambra tan preciosa que domina a nuestro paisaje andaluz de insuperable belleza.


P.D. Por cierto, no quisiera despedirme en esta entrada sin aclarar que mi silencio durante este par de meses se debe, entre otras cuestiones de índole mundana, a que no consideré que tuviera nada tan interesante que contar. Aunque, entre ustedes y yo, estoy mintiendo deliberadamente: siempre hay algo nuevo que contar acerca de estos apasionantes temas. En fin, me gustaría comentar un par de cosas al hilo de esto. Una de las cosas menos agradecidas de escribir un blog es que a veces puede parecer que esto es un tipo de recurso de "usar y tirar", en el que uno está casi obligado a "entretener al personal". Me explico: las entradas anteriores de este blog, así como del resto de blogs de Azogue pueden caer en el olvido muy fácilmente, y eso es algo que me preocupa bastante (a ver si se me ocurre algo para remediarlo); los meses van pasando y no me gustaría que la gente interesada en estos temas y los amigos de Azogue en general no miraran atrás y leyeran con el mismo esmero aquellas entradas que pudieran ser de su interés. Por decirlo claramente, me gustaría que las anteriores entradas de este cuaderno (desde el 2008, ¡que ya ha llovido!) siguieran siendo de utilidad, y que no se aguarde siempre a su continua renovación. Paso de la cultura pop, amigos. Azogue es una base de datos con suficiente valor por sí misma, cuya constante renovación no es una prioridad en ningún caso.

Quiero aclarar, aunque pueda sonar un poco pedante, que lo que hacemos en Azogue y en Studia Hermetica (me refiero sobre todo a los cuadernos de notas) no se puede llamar con propiedad "divulgación". Hacemos mucho más que eso... A ver, a mí me trae al pairo que a Paco se le ocurra durante un domingo de tedio que esto de la alquimia y el hermetismo son temas chachis, y se tope con nuestro dominio en su frenética búsqueda googlenesca; por el contrario, lo que a mí me interesa es que los investigadores, aficionados y amantes a la cultura en general se acerquen a Azogue y aprovechen sus recursos todo lo que puedan, y que además (que es lo importante) lo encuentren útil para sus propias pesquisas. Yo puedo decir que he navegado por Internet y que he leído bastantes cosas sobre esto del hermetismo y el esoterismo en general, y que además conozco un número nada desdeñable de recursos, páginas (y blogs) en este nuestro ámbito, y puedo asegurar en consecuencia que no encontrarán otro lugar en Internet con tanto volumen de información aprovechable sobre estos temas, y además, pasado por el tamiz de especialistas. Con perdón, claro está, de la increíble página de J. H. Peterson, Twilit Grotto. Y por supuesto, sin contar con los recursos habituales de investigación, como los fondos digitalizados.

Siguiendo con esto, invito a los interesados en estos temas a que se acerquen a los otros blogs de la Dra. Mar Rey Bueno, que con un alarde de generosidad infinito no se guarda sus ingentes conocimientos para sí misma, y los comparte con todo el mundo. Lo digo porque además de su conocido Quintaessentia (integrado en Azogue), ha creado otros dos diarios de notas: Bibliotheca Magica yEpítome Americano. Ambos prometen lo mismo que el primero: sabiduría a raudales y pasión por conocer e informar. ¡Qué maestranos hemos perdido en la universidad española!, ¡cómo si pudiéramos permitírnoslo! En definitiva, invito a todos los lectores a que participen en ellos, siempre desde el respeto y el interés sincero, porque bien lo merecen. Yo mismo me he entretenido bastante este par de meses leyendo los demás blogs de Azogue, porque a veces lo que procede, en vez de parlotear, es escuchar y leer con atención lo que nos ofrecen los demás. Es la mejor forma de aprender, eso seguro.

Tengo que confesar que a veces pienso que si escribiéramos en inglés tendríamos mucha más repercusión, y sobre todo que seríamos más útiles... En cualquier caso, es una verdadera lástima que otros investigadores ajenos al ámbito hispano no se acerquen más asiduamente a estos cuadernos de notas. Pero en fin, escribimos en nuestro idioma, que es la preciosa lengua de Cervantes, San Juan de la Cruz y Benito Pérez Galdós, y que no tiene nada que envidiar al guiri.

lunes, 29 de marzo de 2010

El hombre y lo divino


"No le está permitida la elusión del infierno a quien pretende explorar la vida humana". María Zambrano, El hombre y lo divino.



Acabo de leer hace unos días una obra muy conocida de la filósofa española María Zambrano (1904-1991) y me gustaría hacer un pequeño análisis de la misma en este cuaderno de notas; se trata de la obra El hombre y lo divino (1953; la edición que he utilizado es la del Fondo de Cultura Económica, Méjico, 2005, una edición rácana y muy poco "profesional"). Vaya por delante que esto es, como todo el mundo sabe, una libreta de apuntes y reflexiones virtual, y esta entrada en concreto no pretende ser una especie de ensayo científico y riguroso sobre esta obra de Zambrano. Por lo tanto, pido perdón a los especialistas en la materia que me pudieran leer y considerar (acertadamente), que no cito aquí más bibliografía secundaria y otras referencias para fundamentar mis aseveraciones. Como digo, no se trata de ningún alarde de egolatría, tan sólo expreso una opinión con la información que he extraído del libro, por lo demás, una obra muy interesante. Además, tengan en cuenta que soy un historiador a secas, especializado en el pensamiento esotérico y místico de la Antigüedad, y no un historiador de la filosofía o un filósofo.

La inclusión de esta obra de María Zambrano en una página sobre hermetismo no es difícil de fundamentar. Al fin y al cabo, a los que estamos metidos en temas de estos nos resulta muy atractivo y apasionante tratar de dilucidar el sustrato religioso y místico de nuestra Civilización Occidental, y es esta compleja y casi inabarcable materia la que Zambrano trata de abordar en su obra. Es decir, la obra El hombre y lo divino pretende sumergirse en los orígenes de los conceptos de "Dios" y de "divinidad" (más que de religión o pensamiento místico), comenzando por nuestra génesis filosófica: Grecia y su particular concepción de lo divino. De este modo, Zambrano analiza muy acertadamente el nacimiento de los dioses griegos, su naturaleza, y la disputa entre la "poesía" (es decir, el modo de describir la realidad en términos míticos o "artísticos": Hesíodo, Parménides, Heráclito o Empédocles) y la "filosofía" (es decir, el modo de concebir la realidad mediante conceptos, un hecho que se corresponde, según Zambrano, con la obra aristotélica). En este sentido, Zambrano nos habla de cuatro fases algo maniqueas en esta relación poesía-filosofía (pp. 73-74). Por otro lado, se describe el pensamiento "religioso" (=no filosófico) de los "pitagóricos" sobre la base de la crítica aristotélica. Asimismo, y siguiendo con esta secuencia expositiva que tacharemos de "histórica", Zambrano analiza el proceso de paganización y la irrupción del cristianismo. En un plano exclusivamente filosófico, nuestra filósofa tratará de analizar conceptos abstractos como el superhombre, la piedad, la "envidia de lo divino", el amor, la "muerte de Dios", la "historia divina" y el "futuro" como proceso divinizado de la Historia en la filosofía moderna.

Lo primero que llama la atención de la dialéctica "zambranista" es su calidad poética y un bellísimo estilo, que sin lugar a dudas es un arma muy poderosa a la hora de filosofar, pero que al fin y al cabo es un arma de doble filo: podemos llegar a definir de mejor manera (y a veces de forma más lúcida y amena) conceptos muy intrincados y oscuros, pero por otro lado, podemos caer irremediablemente en la vacuidad discursiva, dado que nuestras aseveraciones estarán fundamentadas en el arte y la belleza estética antes que en una dialéctica sólidamente fundamentada en el utillaje y el vocabulario filosóficos. En este sentido, Zambrano no alcanza el prodigio de uno de sus maestros, Zubiri; y en el sentido de "poesía", desde luego no llega al virtuosismo y el buen hacer de Nietzsche, por ejemplo. En cualquier caso, siempre se agradece que un filósofo trate de aplicar el bello estilo al discurso filosófico.

No me resisto a poner algunos ejemplos de este "bello estilo" aquí; afirmaciones poéticas a la par que filosóficas que nos dan una idea muy ajustada de la hermosa dialéctica de María Zambrano. Por ejemplo, se demuestra en sus reflexiones sobre el tiempo, el no-ser y "los infiernos": "El tiempo es el horizonte que presenta la muerte perdiéndose en ella" (p. 11); o bien: "¿O el "eterno retorno" será la totalidad de la vida en el instante, la vida divinizada hasta no necesitar vivir?" (p. 172). Asimismo: "El suicidio en la luz, de donde antes había caído al infierno de la vida. Pues, la luz divina no pudo vencer al infierno terrestre, a la condición infernal de la vida humana" (p. 131). Además de la afirmación de la poesía como dialéctica develadora de la soledad y la exaltación humanas: "Entremezclado con la poesía, aparece fulgurante en Nietzsche. Y en él se verifica el más trágico acontecimiento que al hombre le haya acaecido: que es, en su soledad emancipada, soñar con dar nacimiento a un dios nacido de sí mismo" (p. 20). Por su parte, encontramos un ejemplo de belleza poética en sus disquisiciones sobre la música, con respecto al orfismo y el pitagorismo: "La música sale del infierno; no ha caído desde lo alto. Su origen, antes que celeste, es infernal" (p. 109), o bien: "Hundirse en el sueño es el origen de la música" (p. 111). También sobre la condición humana: "Ningún ensueño ni delirio sobre el propio ser se explicaría si el hombre no fuera un pordiosero; un indigente que puede y sabe pedir" (p. 156). Pero el capítulo que más me entusiasmó en este sentido es el que dedica al amor ("El amor en la vida humana", pp. 273-276): "Y el amor, que está en la misma palabra que designa la acción de filosofar dice ya de su intervención decisiva. La filosofía es mirada creadora de horizonte; mirada de un horizonte" (p. 268).

Ahora prosigamos con una crítica de la obra, hecha desde el máximo respeto. Comencemos por el principio. Pues bien, nos encontramos con que Zambrano no es ajena al problema fundamental inherente a toda la Historia del Pensamiento, a saber, que "se hace difícil revivir la vida en que la creencia era no fórmula cristalizada, sino viviente hálito que en múltiples formas indefinibles, incaptables ante la razón, levantaba la vida humana" (p. 13). Este problema es el que puedo identificar como la principal causa de que la dialéctica filosófica caiga sistemática en la "ahistoricidad", es decir, en un tipo de discurso que, basado en la Historia, paradójicamente prescinde absolutamente de ella. Se nos habla de una serie de procesos históricos que el filósofo no suele comprender porque no ha indagado lo suficiente en sus fuentes; esto significa nada más y nada menos que sin conocer a fondo el vocabulario filosófico de una época concreta, y sin saber identificar correctamente las aporías, diatribas y condicionantes de toda una época o serie de ellas, resulta muy difícil (cuando no imposible) hablar de forma tan genérica y categórica.

Estos "delirios de grandeza" de los que muchas veces hace gala el filósofo (lo digo sin acritud, como el lector tendrá ocasión de comprobar), se justifican muchas veces porque no se trata tanto de comprender un hecho histórico y explicarlo, sino de fundamentar, más o menos históricamente, un concepto filosófico actual o moderno. En este sentido, el filósofo no suele considerar que le haga falta nada más que una dialéctica desnuda y directa en sus reflexiones sobre el pensamiento "histórico", aunque se pierdan los todopoderosos matices y a pesar de que en realidad, el filósofo "histórico" en cuestión no tuviera en mente lo mismo que nuestro preclaro filósofo contemporáneo. Así, y con respecto al pensamiento religioso o filosófico antepasado, se nos habla de un supuesto tránsito del "mito al lógos", de "filosofías ingenuas", de lo "dionisíaco frente a lo apolíneo", de grandes procesos dialécticos hegelianos, o de "lucha de clases" como motor de la Historia, y un largo etcétera. Puedo afirmar que este tipo de pensamiento, al fin, es claramente ahistórico y no tiene pretensión alguna de conocer la Historia del Pensamiento, lo que en un principio no tiene por qué criticarse en términos intelectuales, debido a que lo que verdaderamente pretende el filósofo es desarrollar un razonamiento, una idea, un concepto, una teoría, etcétera, basándose en lo que más le convenga. Un ejemplo de esto que digo, lo afirma la propia Zambrano (p. 249):
 «"La pregunta acerca de lo que ha pasado no ha sonado nunca en el mismo tono de aquella otra "¿qué son las cosas?", "las cosas de la naturaleza" ».
Ahora bien, desde mi punto de vista esto no es un modo acertado de abordar nada, y demuestra más audacia y osadía que buen hacer, al menos en la obra de María Zambrano. Yo mismo (y traten de perdonar la excesiva irrupción de mi ego en este punto) me considero un "humanista", y no puedo concebir un modo de razonar y trabajar en mis estudios, que no sea el multidisciplinar. Aparquemos un momento esta aseveración y echemos mano de la fuerza del ejemplo.

Por ejemplo, comencemos por su concepción de lo divino en la Historia, sobre su sentido, cuando afirma un lugar común en la Historia de la Filosofía: "La filosofía vino a desplazar a los saberes todos -sabiduría, inspiración, misterios- del Mundo mediterráneo" (p. 93), una aseveración por lo pronto arriesgada e incierta: en efecto, la filosofía no vino a desplazar a ningún "saber" previo, sino que identificamos en el mundo antiguo, si se quiere y se puede expresar de ese modo, una fusión y una retroalimentación entre las distintas realidades filosófico-religiosas: el ejemplo extremo a favor de la filosofía es, desde luego, Aristóteles y la escuela peripatética, y si se quiere el epicureísmo, pero en términos generales, la filosofía devino sobre todo bajo el Alto Imperio en una progresiva sofisticación religiosa, que podemos identificar fácilmente en los textos (sobre esto ya he dicho mucho en este cuaderno de notas, así que ¿para qué repetirme?).

Curiosamente, Zambrano afirma lo siguiente: «No en la "Edad de Oro", sino en una edad de desdichas, hay que buscar la prehistoria de la actitud humana que se atreve a dirigirse a lo divino requiriéndolo en pregunta» (p. 36). Bien, esto es cuanto menos discutible, y nos obligaría a preguntarnos sobre la naturaleza de esas "edades de oro" (de la filosofía) y de esas "edades de desdicha", que casi todos los investigadores están de acuerdo en ubicar para la Antigüedad en el siglo IV a. C., en Atenas para las primeras, y en la helenística y el Bajo Imperio para las segundas. Pero en fin, yo no creo que se pueda hablar con rigor en estos términos, y ya he dicho que no creo que exista tal "edad de desdichas" en el Bajo Imperio, y mucho menos en el Alto y en el anterior perido helenístico. Por otro lado, nuestra filósofa está obligada a reconocer que: "En realidad, la filosofía no se presentará desprendida enteramente de los dioses. Hasta Aristóteles, ha contado con ellos de diversas maneras. Percibirlas y precisarlas es una tarea que se presenta cada día como más ineludible" (p. 66). En efecto, porque tal escisión no se dio jamás, hasta nuestro proceso científico-ilustrativo iniciado, siendo generosos, en el siglo XVII.

Otra idea, -yo creo incomprobable históricamente- pero interesante, es esta afirmación de Zambrano: "El pluralismo parece caracterizar a la religión griega, la más "plural" de todas las conocidas. Desconcierta un tanto, pues allí donde ha aparecido un dios solar es vehículo de monoteísmo" (p. 44). En definitiva, semejante "dios solar" no se comprueba como "nexo" entre el politeísmo y el monoteísmo. La unidad divina es un concepto filosófico que se sistematiza en Platón, y esta deidad solar "cosmoteísta" (así la llama Assmann) sólo la identificamos fugazmente con Akhenatón en el Imperio Nuevo y quizás con nuestro hermetismo, en su concepción totalizadora y monoteísta de Dios, pero desde luego no en los mismos términos que la "teología solar" egipcia.

Otro de los tópicos a los que alude Zambrano es el proceso de desligazón humana de lo divino, y por lo tanto del concepto de "culpa" o "necesidad" para con la realidad divina: "Uno de los más persistentes afanes del hombre moderno y actual es el de inocentarse" (p. 106). En verdad, esta concepción no se nos presenta de ese modo en las filosofías helenísticas, y desde luego dicha "angustia" no está planteada de ese modo en la Antigüedad: se buscaba sencillamente trascender, ascender, a la Unidad. El Anthropôs no estaba manchado por culpa original alguna, salvo quizás las derivadas del proceso de metempsicosis. De cualquier manera, resulta difícil dar una respuesta unívoca de entre todas las filosofías soteriológicas del Imperio.
Otra afirmación que me llamó la atención fue la siguiente: "En Grecia, el hombre siempre mantuvo esa vocación de ateísmo frente a los dioses múltiples, situando por encima de ellos a la necesidad, a la némesis en que el amor encadenado los encadena" (p. 144). No hay "vocación de ateísmo" alguna en "Grecia", planteada en esos términos. La necesidad (heimarméne) así como otros conceptos parecidos, como la providencia, prónoia, y el destino, anánke, son conceptos desarrollados sobre todo en el Cadre de la mística helenística, y no hay que confundir su realidad con la de otros conceptos de la religiosidad griega en sus "comienzos". Asimismo, su afirmación de que: "La verdad fue sentida en Grecia como liberación suprema y fue en la filosofía de Platón donde tal sentido adquiere el carácter de revelación sagrada" (p. 201), evidencia las carencias de preparación histórico-filosófica de Zambrano: con Platón no adquiere tal carácter revelatorio o palingenésico el concepto de verdad (casi se nos remite a la gnôsis en este sentido), sino que habría que buscar semejante concepto mucho después, en nuestra era, y yo diría que con las filosofías gnósticas y con algunos filósofos neoplatónicos. En el mismo plano podemos ubicar su otra afirmación de que: "En la cultura griega no llegó a darse la unidad indisoluble entre teología y misterio -oficio- que se ha dado en el cristianismo" (p. 222), lo que nos reitera su ignorancia, por ejemplo, en lo que respecta al platonismo teúrgico por un lado, y al gnosticismo pagano por otro, en el que se ubica el hermetismo.

Por otra parte, me llamó su atención su aseveración de que: "Todo poderío de conquista, de unificación en una cultura ha estado guiado por un dios universal" (p. 238). Y me llama la atención porque semejante idea es ajena al mundo antiguo. De igual modo, no me han gustado sus explicaciones sobre el proceso de "paganización", por simplistas y sesgados (pp. 240-241). Asimismo, no puedo entender su afirmación recalcitrante de que la alegoría de la caverna platónica puede entenderse casi en términos soteriológicos (pp. 302-303), cosa en absoluto válida en el Platón-Sócrates del que nos ocupamos, en la República. Esta efervescencia religiosa platónica la encontramos muchos siglos después, no en nuestra Atenas clásica.
Por otro lado, me llama la atención su desapego para con el pitagorismo y el neopitagorismo (dos tendencias de una misma filosofía que deberíamos distinguir): "No fue el pensamiento filosófico en todo su rigor el fruto del pitagorismo, sino de su desdeñoso antagonista Aristóteles" (p. 79). Esta afirmación me parece muy muy arriesgada, dado que mucha de la producción filosófica posterior se basó precisamente en las últimas obras de Platón, las más neopitagóricas. Sobre esto, véase la sección dedicada al platonismo en esta misma página. No se trata de Aristóteles frente al "pitagorismo poético" de Platón. La realidad filosófica posterior a estos dos gigantes es mucho más compleja (se trataría, de hecho, de armonizarlos). Sobre esta cuestión, nos encontramos con una curiosa pregunta: "¿Cuál podía ser el dios de los pitagóricos? ¿Lo había acaso?" (p. 82) En efecto, era el theos de Platón, descrito en el Timeo, y que condujo a la idea de mónada y Unidad frente a la multiplicidad y la Díada. La representación platónico-pitagórica del dios (que no de Dios), dominará de muchos modos el viraje filosófico imperial. Siguiendo con esto, Zambrano escribe que "Platón luchó titánicamente con esta contradicción de su pitagorismo creciente y su deber de filósofo" (p. 87). En fin, qué puedo decir, el neopitagorismo del último Platón no está en contra de la filosofía, ¿por qué iba a ser así? Como nuestra misma filósofa afirma en otra parte: "Moldear un pensamiento de estructura musical, a modo de la razón discursiva, será la carga de Platón en sus últimos años" (p. 88). Amén, ya está todo dicho, pero insisto: esto no se contrapone al "oficio del filósofo"; tan sólo se buscaba edificar un cosmos armónico, una metafísica y una cosmogénesis coherentes. Filosofía al fin y al cabo. De hecho, a vueltas con el cacareado pitagorismo, me encontré con esta sonrojante afirmación: "A partir del cristianismo, dentro de la tradición occidental cristiana, el pitagorismo cesará de existir como tal" (p. 91). Si hubiera tenido oportunidad, le hubiera recomendado a nuestra filósofa, por ejemplo, la obra de Docta Ignorantia de Nicolás de Cusa; todo un bello ejemplo de filosofía cristiana pitagorizante. Así como nuestra tradición esotérica en general, basada casi toda ella en una forma particular de pitagorismo.

Otro de las ideas que se reiteran a lo largo de la obra y que me llamaron poderosamente la atención (para mal, digo), fue la afirmación de Zambrano de que la intimidad nace poco menos que con el cristianismo: "El cristianismo al nacer había ensimismado al hombre volviéndolo hacia dentro, ya que "en el interior del hombre habita la verdad" (p. 17); o bien "La intimidad era el don que trajo el cristianismo al abrir en el interior del hombre una perspectiva infinita" (p. 241); o cuando afirma que: "La interioridad como tal es descubierta por el cristianismo que, mediante San Agustín, se incorpora al pensamiento y a la creencia del hombre común" (p. 285). Por el contrario, tendríamos que aseverar algo parecido para las filosofías gnósticas, místicas helenísticas y para el neoplatonismo en general, y no ya con el cristianismo triunfante en concreto. Y nuestro hermetismo una vez más es un ejemplo. De esto en realidad ya he hablado suficiente en esta misma página, ¿para qué repetirme? Esta aseveración en concreto denota un peligroso alejamiento de Zambrano del meollo filosófico-religioso fundamental en la Antigüedad, un hecho sangrante por cuanto que hablamos de que pretende escribir una obra que compendie las concepciones religiosas de este periodo.

Otra clase de postulados de Zambrano nos invitan a creer en ese desapego por el vocabulario filosófico al que se supone remite, por ejemplo cuando habla de que: "Al "alma pura" de Plotino corresponde el "estar fuera de sí" de Santa Teresa que se sabe por creencia cristiana dentro de sí misma, que si se siente al borde de estar fuera, sabe por qué" (p. 101). O bien, cuando asevera que: "Ese anhelo que los filósofos neoplatónicos llevaron también a su extremo bajo el nombre de "vida contemplativa", "vida de ángeles", "vida sin cuerpo en el cuerpo", que decía Plotino" (p. 195). Esto no es así: Plotino no cree en ningún "alma pura a la que le corresponda estar fuera de sí", y lo mismo con el resto de conceptos que cita, que sólo pueden ser aplicados a la filosofía neoplatónica en términos divulgativos, y nunca podrían ser afirmados de ese modo en una obra filosófica a ese nivel. Lo mismo se podría decir cuando habla del estoicismo (p. 215), sobre el que creo que no ha indagado lo suficiente.

También me ha llamado la atención que Zambrano escriba que: "Es lo que parece diferenciar a estas ciencias de la filosofía griega nacida de un movimiento humano encaminado a desprenderse de los dioses, y sobre todo del rito, del culto en todas sus formas; es decir, a constituirse aparte del mundo de lo sagrado" (p. 96). Y se refiere a las ciencias practicadas en Egipto y Mesopotamia, como las matemáticas, la astrología, etcétera. Bueno, es curioso entonces que precisamente fueran los griegos los que terminaran de sistematizar la astrología procedente de las tierras caldeas y egipcias, convirtiéndola en un dogma de fe, o bien que los reinos helenísticos vieran aparecer "ciencias de fusión y sincretismo" como la alquimia, la magia, la goetia o la misma teúrgia. Hablando de la teúrgia, es una lástima que Zambrano no se haya dado cuenta del juego tan excelente que hubiera dado esta particular forma de platonismo, por ejemplo cuando asevera que:
"La deificación que arrastra por fuerza la limitación humana -la impotencia de ser Dios- provoca, hace que lo divino se configure en ídolo insaciable, a través del cual el hombre -sin saberlo- devora su propia vida; destruye él mismo su existencia" (p. 23).
Esto no es tratado de la misma forma en, por ejemplo, el De Mysteriis de Jámblico, sino que simplemente se afirma la teoforía del hombre, su "transformación divina", en virtud precisamente de su participación divina en el Todo. Siguiendo con la Nada, Zambrano observa que "el hombre ha de estar muy adentrado en la edad de la razón para aceptar el vacío y el silencio en torno suyo" (p. 34), y yo digo que le hubiera venido muy bien conocer más sobre las filosofías gnósticas en general, sobre todo en sus manifestaciones más dualistas. Hubiera sido interesante conocer sus ideas al respecto de haberlas conocido.

De hecho, siguiendo con el tan manido tópico oriente-occidente, Zambrano escribe que "...su saber no nació de un preguntar, sino de su actitud común a todo el Oriente de responder a lo alto, a la llamada de lo alto, volcándose enteramente" (p. 99). Y en esto tendríamos que preguntarnos a qué orientes se refiere y en qué épocas, porque si hablamos del oriente helenizado, entonces tendríamos que afirmar lo mismo con la filosofía "griega", y entonces se vería obligada a replantear su teoría al respecto.

Por otro lado, no todas las ideas expuestas por Zambrano están basadas en inconsistencias históricas, sino que me han gustado sus aseveraciones sobre la filosofía griega como una búsqueda de la unidad desde el concepto de ilimitado o apeiron: "Mientras que la filosofía que descubre la realidad sagrada en el apeiron no descansa hasta extraer de ella lo divino Unitario: la idea de Dios" (p. 74). Yo creo que esta idea se ajusta bastante a la realidad histórica y además me resulta muy estimulante; sobre esta misma cuestión, me entusiasmaron aseveraciones como que "la acción entre todas de la filosofía fue la transformación de lo sagrado en lo divino, en la pura unidad de lo divino" (p. 76). Porque en efecto, así podemos describir su tránsito, desde la Magna Grecia a los reinos helenísticos y luego a Roma. A este respecto, estoy muy de acuerdo con que la "visión universal -amorosa y activa- sólo se da cuando se siente al par que todo está vivo y unido; la unidad es al par vivificación" (p. 292). Efectivamente, los conceptos de la unidad y de vivificación (aeízoon en el hermetismo), se dan en las filosofías del Imperio, y se puede afirmar esto sin miedo al error. Asimismo, y aunque no estoy de acuerdo con su fondo, es cierto que "todo el pensamiento platónico servirá a un designio religioso previo, que es lo que verdaderamente la mueve" (p. 95). Al menos es cierto en muchos sentidos para el último Platón y la producción platónica posterior, pero eso en ningún caso le resta "credibilidad". Al menos, esa es mi opinión. Por otra parte, me ha parecido muy interesante su idea de que el "ateísmo niega matemáticamente la existencia de Dios, mas se refiere al Dios-idea, pues con el fondo oscuro permanentemente, con las tinieblas del Dios desconocido, ni siquiera cuenta" (p. 138). Es una afirmación que me resulta muy estimulante, por cuanto que da mucho juego para la disección de cuestiones como el ateísmo o cierta clase de nihilismo. Y siguiendo con esta cuestión, también estoy de acuerdo con que: "Parece como si el hombre de hoy librase con la nada un cuerpo a cuerpo, como si hubiera intimado con ella más que hombre alguno" (p. 183). Esta idea fue magistralmente expuesta, por ejemplo, por Ernst Jünger o por Heidegger. Y como colofón, he encontrado grandiosa esta idea suya:
Pues el vivir según la conciencia aniquila la vida, los motivos reales, las cosas tal y como son vividas. La conciencia ha ido diciendo al hombre "inconscientemente": "No, no es nada". Y todo, cualquier contenido de una fe, aun inmediata, se ha ido reduciendo a nada (p. 184).
Esta precisamente ha sido la historia de la filosofía contemporánea, y en esa historia aún continuamos, lamentablemente.

Finalmente, ¿cuál es mi balance general? Pues malo, como el lector habrá tenido la ocasión de comprobar. No me convencen sus argumentos debido a sus numerosos descuidos de base historiográfica. La obra tiene un título excesivamente ambicioso para el resultado final, que hubiera precisado de muchísimo mayor rigor, tiempo y trabajo. Y precisamente esto me sirve para retomar mi idea del principio, porque después de utilizar la fuerza del ejemplo se me entenderá de mejor manera: la Filosofía y la Historia de la Filosofía no son actividades especiales que deban ignorar a otro tipo de dialécticas. Como decía un viejo amigo, "yo creo que la filosofía lo es todo". Y eso mismo, como es "todo" debe tener la aspiración de "comprenderlo todo", valiéndose de las otras disciplinas o saberes implicados en cualquier cuestión. Y si es la Historia del Pensamiento, pues eso mismo: a estudiar la obra de los historiadores especializados, a leer las fuentes y a imbuirse del vocabulario ad hoc. Si no, ¿qué estamos haciendo sino dar palos de ciego? En fin, al menos esa es mi opinión. Yo creo humildemente que deberíamos dedicar más tiempo al estudio continuado y sistemático de todos los campos del saber dentro de nuestras posibilidades, de nuestras ganas y de nuestro tiempo, y una vez hecho esto, quizás consigamos contruir (con mucha cautela) nuestras propias edificaciones filosóficas. La filosofía es, con mucho, la más difícil y la más elevada de las "ciencias", ya que debe aspirar a ser una metafísica, un basamento, un marco y una inspiración para el resto de actividades humanas.
Acabando con esta cuestión, he de decir que el día de hoy he subido dos artículos más a Studia Hermetica: mi propio artículo "Hermetismo, neoplatonismo y teúrgia" (originalmente publicado en la Revista Internacional de Investigación sobre Astrología y Magia Antiguas (MHNH), nº 9 (2009), pp. 5-29), que por lo que sé aún no se ha publicado. De cualquier manera, y con la venia de su co-director, el Sr. Calvo Martínez, lo subo a la página para su libre difusión. Asimismo, subo la tesis de un amigo investigador de Brasil, del que en su momento subí otro trabajo. El que presento hoy tiene por título Artífice do Segredo o Abade Johannes Trithemius (1462-1516), entre o magus e o secretarium do Princeps, publicado por la Universidade Federal de Minas Gerais. Con esto doy por inagurada la sección dedicada a los artículos en el presente año.