viernes, 25 de diciembre de 2009

Feliz Navidad


El mes pasado realicé uno de los mejores viajes de mi vida. Un mes antes ya lo estaba planeando para que todo saliera decentemente, pero jamás imaginé que saldría tan extraordinariamente bien. En ese viaje a Toledo tuve la oportunidad de conocer personalmente a las personas que trabajan en Azogue: a Mar, Miguel y por supuesto a su editor, José. Si dijera que me quedé asombrado por su amabilidad, generosidad, inteligencia y cultura, mentiría, porque yo ya sabía (aunque fuera leyéndoles o por teléfono) que eran así. Sólo con leerles y conocer el trabajo que desarrollan día a día por el solo placer de hacerlo, uno ya se hace una idea de quiénes son.

Asimismo, agradezco a Katja y a Carlos el que nos hayan tratado tan bien. Como le escribí a Miguel, en su casa me siento como un niño rodeado de cosas maravillosas, y su hospitalidad, educación y cultura me han dejado extasiado. Además, aún recuerdo el suculento manjar con el que nos deleitaron... Pido perdón por mi glotonería, pero ya se sabe que la carne es débil. Además, que no me olvido de esa perrita tan graciosa, alegre y agradecida, con la que podría estar jugando un día entero.

Lo que sí me sorprende es haberme encontrado con personas así en la vida. Casi había perdido la esperanza en este sentido, y el haberles conocido me reconcilia en parte con la fría y gris humanidad.

Bueno, sin más preámbulos procedo a hacer una crónica de este viaje tan productivo.

Viernes, día 20 de noviembre

06:00 AM (en mitad de Granada): Ivanito se cisca en todos sus muertos por su ridícula puntualidad. Si fuera una película de vaqueros se oiría el viento aullar en la pradera. Pero bueno, los primeros seres humanos (más allá de borrachos y demás capullesca nocturna granadina, llegaron sobre las 06:20). Al momento me metí en situación mientras el autobús dormía, y mientras oía una y otra vez de forma obsesiva las canciones Sin y Closer de NIN, me pegué de arriba a abajo la nueva edición española delAtalanta Fugiens (ed. Atalanta, prol. de Joscelyn Godwin). Esta edición la tenía desde el año pasado (me había caído por mi cumple), y personalmente tengo que decir que me gusta más la primera edición a cargo de Santiago Sebastián; es cierto que no trae el extenso texto bajo el epigrama de cada emblema, pero la introducción me pareció mejor. No sé, seguro que estoy equivocado, pero salvo por el cedé y el texto al que aludía, no le vi demasiada chicha al asunto. Aún así la recomiendo, porque yo de estos temas sé lo justo, y no procede hacerse el entendido.

Aprovechando que iba para una práctica en el antiguo Hospital de Tavera, justo a la entrada del casco histórico de Toledo, y en el que se asienta hoy día el Archivo Histórico General en su sección Nobleza, mi viaje comenzó entre documentos, archivos y laboratorios de restauración. Desde luego, aprovechamos muy bien la mañana, y pudimos ver cosas alucinantes: desde ejecutorias de hidalguía pasmosas, árboles genealógicos nobiliarios, y planos de propiedades que da gloria verlos, hasta los más ordinarios documentos económicos y judiciales; me congratula la forma en la que cuidan y protegen a estos documentos: temperaturas y emplazamientos adecuados, sistema de incendios y fundas y receptáculos precisos (y caros)... Es increíble todo lo que tienen allí, ¡y eso que sólo vimos una parte! En la última fase de la visita pudimos maravillarnos con la señora que restaura los documentos en cuestión, que con una tranquilidad pasmosa nos hablaba tanto de los bichos ("agentes extrínsecos", o algo así se les denomina) que se pueden encontrar en estos archivos (y que destrozan sin piedad el documento, cada uno con su particular manera de abordar la rica celulosa), como del proceso de restauración en sí. De hecho, nos hizo una demostración que nos dejó pasmados. Asimismo, en el interior de este bello edificio hay una botica, aunque lamentablemente no pudimos verla.
Aquí pongo una foto del interior del recinto.


Según nos comentó el guía, este antiguo hospital era más un balneario que un tenebroso edificio de muerte y enfermedad; más que nada porque el requisito de entrada principal era, en la práctica, el no estar enfermo (no permitían la entrada a los enfermos crónicos, contagiosos, los locos, etc.): lo dicho, que a este hospital se iba "de campo y playa". Quizás por eso gozaba de gran prestigio en el reino.
La visita duró desde aproximadamente las 11:30 hasta pasadas las 14:30. Desde luego mereció la pena, pero fue una lástima que mis compañeros se perdieran la hermosa ciudad castellano-manchega. Justo al acabar la visita, José pasó a recogerme y nos fuimos a su pueblo, Illescas. ¿Cómo relatar la exquisita amabilidad de su familia y de él mismo? No sé, se lo he dicho por activa y por pasiva personalmente, pero me gustaría dejar constancia aquí, en este cuaderno de notas. Sus padres y su hermano son gente sencilla, amable y hospitalaria, que me trataron desde el principio como si me conocieran de toda la vida. ¡Muchas gracias!

Desde el comienzo me quedé alucinado con la biblioteca de José. El fondo que tiene es alucinante. ¡Lo tiene todo! Iba de acá para allá viendo facsímiles, tesis, monografías y revistas. Su despacho dispone de una magnífica estantería dividida por siglos que me produjo una sanísima envidia. Y justo detrás de la mesa y la silla (bastante cómoda, por cierto), alberga un fondo importante de revistas (e incluso de literatura medieval, de la que por cierto, a mí también me gusta, sobre todo la de caballería). En cuanto pueda, voy a imitarle en su forma de trabajar, porque esa pulcritud y orden son los que personalmente necesito cuando estudio. A mí el desorden me vuelve loco y me desanima, y por esa razón la casa de José y su despacho me parecieron una delicia. De su abundante fondo, del que me hizo una precisa descripción, me quedé con algunos títulos que debo analizar en profundidad cuanto antes. Entre estos títulos puedo destacar: La Mystique Cosmologique Juive, de Nicolas Sed; La matière des choses, de Cristina Viano;Hermès Trismégiste, La Table d'Emeraude (pref. de Didier Kahn); The Alchemy of Glass, de Marco Beretta (este estudio, según me contó José ante mi atónita mirada, sostiene algo que me parece alucinante: la idea de la transmutación de los metales pudo surgir de la fabricación del cristal, que de hecho, era algo posible); y en uno de los tomos de Natural Sciences in Islam (vol. 58), Chemistry and Alchemy. Texts and studies, IV, 2001, en el que venían diversos estudios de Blochet: "Études sur le gnosticisme musulman", enRivista degli Studi Orientali (Roma), 2 (1908-09), pp. 717-756, 3 (1910), pp. 177-203; 4 (1911-12), pp. 47-79; 267-300; 6 (1914-15), pp. 5-67. Asimismo, Les Mages Hellénisés. Zoroastre, Ostanès et Hystaspe (este creo que lo había visto en mi añorada Salamanca, pero no estoy seguro), de J. Bidez y F. Cumont (2 vols.); Una cosmologia ermetica. Il Kitāb sirr al halīqa/De secretis naturae, de Pinella Travaglia (este estudio es fascinante, y lo había podido comprobar porque José me había enviado algunas referencias sobre él hace tiempo); asimismo, tengo que decir que me quedé pasmado por la fuerza de los dibujos de uno de los manuscritos que Mr. McLean edita y vende en su página (el MS. Ferguson 115, Universidad de Glasgow), que él denomina (con buen criterio) "Pneumo-Cósmico"; los demás manuscritos editados por McLean son impresionantes (con pliegos movibles y demás cosas maravillosas, pero éste en cuestión, no sé, me llegó especialmente). Se me parece de muchos modos a ideas que tengo en la cabeza a la hora de pintar y a la pintura de Ramiro, un pintor del que muchas veces he hablado en este cuaderno de notas.


Heme aquí, en pleno "éxtasis revelatorio", frente a la biblioteca de José, con mi cuaderno de notas, y pensando y repensando acerca del torrente continuo de nueva información que llegaba a mis oxidadas neuronas.
Asimismo, pude ver el increíble ejemplar facsímil del Splendor Solis que José tiene en su estantería, y echar un vistazo al voluminoso estudio adjunto. ¡Qué bárbaro! Además pude ver una edición del Amphitheatrum Sapientiae Aeternae (1595) de Khunrath en catalán (¡no sabía que existiera algo así!). Por otra parte, en cuanto pueda voy a pedir todos los ejemplares de la revista Chrysopoeia, que edita la S.É.H.A y Archè (Milán). En Salamanca tuve la oportunidad de ver uno de sus números y me quedé con ganas de más, debido al asombroso nivel de sus publicaciones y los temas que se abordan, de los que no conozco nada y en los que deseo profundizar.

Si fuera por mí, las conversaciones con José se prolongarían indefinidamente, pero el deber llama, y no nos recogimos muy tarde a descansar. ¡Espero que no crea que soy un pesado! Lo malo de que te gusten estas cosas tan "raras" es que no tienes demasiada gente con la que hablar de ellas, y en cuanto pillas un especialista de la talla de José quieres decirle todo lo que has pensado en sólo unas pocas horas. Hay que tener paciencia conmigo... Desde luego, el que más aprendió fui yo, porque José es una verdadera enciclopedia (y no sólo de alquimia), en la que uno se puede perder: en su cabeza tiene una cantidad de datos impresionante sobre fuentes varias, y también sobre bibliografía secundaria, desde la más temprana hasta la más reciente. Es increíble, y me he sentido como un privilegiado escuchándole. Espero que pronto se repita otra sesión como esa.

Sábado, 21 de noviembre

Hoy José me dejó en Toledo aproximadamente a la hora de comer, y pude aprovechar largo y tendido para visitar el casco antiguo de la ciudad. Además, ignoré el mapa, porque cuando llego a una ciudad nueva me gusta sencillamente perderme en sus calles (tan sólo una vaga referencia en plan "norte, sur, este y oeste", me valen); y además Toledo es una ciudad muy pequeña (al menos en su casco antiguo), con lo que esta tarea de exploración no se hace muy difícil. De Toledo llaman la atención muchas cosas, pero sobre todo sus calles angostas y sus recorridos empinados, que necesitan de unas piernas atléticas para un paseo como Dios manda. Pero bueno, como una imagen vale más que mil palabras, aquí haré una crónica fotográfica, más que otra cosa.


Este es mi hotel, que sin ánimo alguno de hacer publicidad, me pareció de lo más bonito y distinguido; además, mi habitación era acogedora y muy adecuada (una buhardilla), en la que casi me sentí como uno de los extraños héroes de las novelas de Lovecraft.

Desde cierta posición en la ciudad, se podía divisar el río Tajo, y en general el bonito paisaje castellano-manchego del entorno.

Esta preciosa vista era la que se podía divisar desde la habitación de mi hotel. Desde aquí creo que se puede apreciar la catedral, que es un monumento prodigioso, enquistado en pleno casco histórico, casi amenazante.

Este es un claro ejemplo de las calles de Toledo. Casi me da vértigo pasear por ellas. Se diría que detrás de cada esquina acecha algún secreto o algún maleante enfundado en una capa.

Como todos los que tenemos gatos sabemos, la fauna urbana más asombrosa no son los seres humanos, sino estos tigrecillos gordos con cara de pocos amigos. ¡Me lo pasé genial viendo una cantidad importante de gatunos por metro cuadrado! 

Destaco de mi visita, como no podía ser de otra manera, estos increíbles medallones cabalísticos en el bellísimo Museo Sefardí. 

He aquí un ejemplo de la brutalidad humana convertida en sórdida belleza. Esta "Dama de Hierro" (junto a ella destaco el detalle de sus terroríficos pinchos), en el Museo de los instrumentos de tortura de la Santa Inquisición, me recordó vivamente a un cuento tenebroso de Abraham Stoker: Una gata negra. 

Esta preciosidad de paisaje nocturno pude apreciarlo cuando ya mis pies se resentían de la caminata. Además, me había internado por un entramado de callejuelas en el que pensé que me iba a perder, por lo que decidí ir bajando para ver si veía de nuevo la muralla. Aquí ya me disponía a hacer el viaje de vuelta. 

De vuelta al hotel tras una jornada intensa de paseo. Esa noche casi no pegué ojo: mi cerebro bullía de pensamientos (desde el más ridículo hasta el más elevado). En fin... Hasta mañana.
Domingo, 23 de noviembre

Un buen desayuno y un paseo una hora antes de mi cita con Mar y Miguel (que iban a pasar a recogerme en la Puerta Bisagra). El fresco de la mañana me reconfortó y despertó, cosa que agradecí bastante, porque no me gusta el calor de invernadero nada nada. Otra foto más:


Esta foto la saqué pocos minutos antes de que Mar y Miguel me pasaran a recoger. El Emperador Carlos V aún vive en esta ciudad de encrucijada de culturas. ¡Espero volver pronto por Toledo!
Nada más intercambiar unas cuantas palabras con Mar y con Miguel me di cuenta de que estaba ante personas cultas, amables y sobre todo apasionadas de su trabajo. Íbamos camino de casa de Carlos Gilly, que es nada más y nada menos que el mejor investigador sobre hermetismo y corrientes relacionadas que existe, y sobre todas las cosas, una persona humilde y dotada de un juvenil entusiasmo que hace de él una isla asombrosa en un mar de pedantes e iletrados. Pero no adelantemos acontecimientos. Tuve la oportunidad de hablar de muchas cosas en casa de Carlos tanto con Mar como con Miguel, y de uno y otro saqué las mismas conclusiones que José (cuando alude a ellos en su cuaderno de notas). Ahora comprendo por qué (poco menos) les echaron de la universidad: su talento, cultura y educación son un insulto para esa panda de abotargados botarates y aburguesados, que no saben lo que es apasionarse por nada y querer profundizar de verdad en algo. En fin, que paso de este tema. Me harta.

El caso es que nada más llegar pude comprobar la hospitalidad y amabilidad de Katja y de Carlos. Viven en una casa alucinante, llena de libros y más libros... Y con una perrita maravillosamente cuidada que tuvieron la generosidad de salvar de la inmundicia callejera. Su casa tiene una luz y una vida que me enamoraron. Tienes la sensación de estar en un espacio acogedor, inspirador, donde reposar y leer. Su casa me recuerda a tardes de verano al calor de una buena lectura. Pero sobre todo recuerdo la inmensa luz que inunda su hogar. Además, la conversación se disfruta con ambos, porque los dos, tanto Katja como Carlos, son personas de una enorme erudición y cultura, y ambos tienen historias increíbles que contar. Esto unido al hecho de que tratan de ser extremadamente amables y dedicados para con sus huéspedes, les convierte en los anfitriones perfectos.

Ver estanterías repletas de Nicolás de Cusas, Paracelsos, Comenius, rosacruces, etcéeeeeetera, etcéeeeeeeetera, me volvió loco. Carlos y Katja tienen de todo: su fondo bibliográfico puede sonrojar a cualquier biblioteca universitaria (sobre todo a algunas que yo me sé). Porque no sólo tienen libros de hermetismo y corrientes afines, sino muchísimo más, lo que nos da una idea de su inmensa erudición en cualquier campo del saber. Aún estoy alucinando... ¿Qué más puedo decir para describir la ingente cantidad de microfilmes? De hecho, la mayor cantidad de microfilmes sobre magia, astrología, alquimia, rosacrucismo, teosofía, paracelsismo, hermetismo, etc., que seguramente existe en un mismo sitio. No hace falta salir de casa... Ejem, mientras escribo me tiemblan los dedos. Me gustaría haber hecho fotos de todo para no olvidarlo, pero por aquello de la educación me comedí bastante, más que nada para que no creyeran que tenía el síndrome del turista.

No obstante, y para fardar, he aquí la foto de la mesa de trabajo de Carlos Gilly. Jejeje, ¡y allí está mi página! Desde luego no está porque el Sr. Gilly la consulte ni mucho menos, pero me hizo una ilusión tremenda verla en ese contexto. Además, como ya dijera José en su cuaderno de notas, el sistema de trabajo de Carlos Gilly me dejó estupefacto: dos monitores y una máquina para reproducir microfilmes en la misma mesa, con el fin de ahorrar trabajo e ir rapidito y con buena letra. El resultado es un trabajo eficaz, solvente y magnífico. De hecho, el mejor que existe actualmente.



Volviendo a Miguel y a Mar, los tres nos divertimos como niños en la casa de Katja y de Carlos. Y además los platos que prepara Katja con soberbios: me quedé con las ganas de apuntarlo todo para reproducirlo en casa. ¡Menudos manjares! Con lo que me gusta una buena comida seguro que habré quedado como un glotón, pero bueno, que me quiten lo bailado.

Y con esto acabamos. Me dejo en esta crónica muchas cosas, pero no es conveniente que esta entrada del cuaderno se haga eterna. Doy las gracias a estos amigos que tan bien me han tratado. Ha sido todo un privilegio pasar estos magníficos ratos con ellos, y espero que nos veamos muy pronto.


¡Feliz Navidad!