domingo, 27 de septiembre de 2009

Devotio Hermetica (Primera Parte)


Desde hace ya mucho tiempo vengo dándole vueltas a uno de los motivos más recurrentes en el estudio del hermetismo: ¿podemos concebir al hermetismo como una piedad personal?, ¿hasta dónde llega su carácter gnóstico?, ¿es realmente el hermetismo una filosofía gnóstica, y en qué grado?, ¿de qué modo sirvió esta filosofía tardoantigua durante el proceso de intimación del sentimiento religioso cristiano operado desde el siglo XIV? Al fin y al cabo, todo se reduce a tratar de dilucidar qué es el hermetismo en sí, y al menos por el momento esta es una pregunta sin respuesta, y no tanto porque no conozcamos lo suficiente como para dar una más o menos convincente, como porque la propia pregunta está mal formulada. En efecto, no hay un "hermetismo" o una filosofía hermética sin más, sino que hay "hermetismos" (o hermeticismo, porque ya va siendo hora de que integremos el término para nuestra española lengua).

En mi caso, cuando hablo de "hermetismo", en mi cabeza se enciende algo muy muy concreto: la literatura hermética tardoantigua, o los textos conocidos como los Hermetica. Y hablo de literatura y no de "filosofía" hermética porque sólo somos capaces de trazar una serie de principios generales (por otro lado, muy fáciles de identificar), en estos escritos puestos bajo la advocación de Hermes kaì mégistos. Es más, y para que algún despistado por ahí no se confunda, la mayoría de los logoi y extractos herméticos tardoantiguos no describen una experiencia íntima de revelación o acercamiento a Dios en el sentido que todo el mundo está pensando cuando oye la palabra "hermetismo" con cierto conocimiento de causa; antes bien estos textos tratan de cuestiones cercanas a las polémicas filosóficas más importantes del periodo, en un tono que recuerda, como se ha dicho a menudo, a los filósofos medioplatónicos y sobre todo al estoicismo. Y ya en pleno apogeo del neoplatonismo (ya bien entrado el siglo III d. C.), nos encontramos con ese tipo de hermetismo que muchas veces se ha tomado como "todo", cuando en realidad es sencillamente "parte": la gnôsis théou hermética, un fenómeno que podemos identificar con el país del Nilo (desde luego un Egipto muy distinto del que imaginamos, ya ni siquiera "helenístico", sino integrado en la civilización grecorromana de un modo muy particular e indefinible: pura y simplemente el Egipto del Alto y el Bajo Imperio). En definitiva, la piedra de toque del cristianismo, un lugar sagrado que continuó siéndolo por otros derroteros, pero sobre el mismo trasfondo milenario, o al menos sobre el mismo ambiente filosófico y social derivado del helenismo ptolemaico.

Como decía, este hermetismo gnóstico floreció durante los siglos III y IV, y de hecho supuso el "glorioso" canto de cisne de esta filosofía helenístico-egipcia. A partir de entonces pareciera que el oleaje del cristianismo de orientación neoplatónica haya barrido todas las "antiguas" filosofías paganas. Desde luego, era aberrante para todo buen cristiano oír hablar de "estatuas parlantes" o imbuidas de pensamiento inteligible, y otras lindezas que sonaban peligrosamente a magia o goetia. La polémica fue, desde luego, bastante agria tanto de una parte como de otra (invito al lector a que se entretenga leyendo las obras de los polemistas cristianos y anticristianos), y de hecho muchas de las críticas ("nietzscheanas" o de otro tipo) que se han lanzado contra el cristianismo en la actualidad, encuentran dignos precedentes en la filosofía de Porfirio y Juliano César, por ejemplo. Otros filósofos como Plotino prefirieron atacar a un tipo muy peculiar y "destructivo" de cristianismo: el gnosticismo, cuyos integrantes además trataban de alejarse de la sociedad de "los griegos". Algo que a Plotino le mortificaba especialmente, como deja claro en En. II 9, 6:
"Porque forjan estos vocablos como si no tuvieran contacto con la lengua tradicional griega, siendo así que los griegos, que conocían el tema y lo conocían claramente, hablan sin pretensiones de salir de la cueva y de subir y avanzar poco a poco, más y más, hacia una contemplación más verdadera".
Sin extendernos demasiado en esto, Plotino no podía tolerar que estos "advenedizos" trataran de apropiarse de las cuestiones acerca de las cuales los filósofos platónicos habían estado discutiendo desde hacía siglos, adoptando la irritante actitud de los que se saben en posesión de un conocimiento "esotérico" (es decir, un conocimiento reservado a ellos mismos) acerca de la verdadera naturaleza del mundo material. Plotino rechazaba de este modo, al menos desde mi punto de vista, todo solipsismo elitista de carácter gnóstico-esotérico, para abrazar una dialéctica platónica que desde cierta historiografía clásica se le ha negado más o menos abiertamente (otra vez mi amigo E. R. Dodds o el mismo Philip Merlan, como creo se demuestra en su artículo "Plotinus and Magic", en Isis, vol. 44, nº 4, 1953, pp. 341-348). Al fin y al cabo, el mismo prejuicio constitutivo que ha hecho perder tanto tiempo en el estudio serio de la filosofía del periodo helenístico y romano.

Se me puede objetar contra esto todo un señor tratado de las Enéadas ("Sobre la bajada del alma a los cuerpos"), y en concreto el extracto introductorio que todo el mundo que se haya acercado más o menos a la filosofía plotiniana ha leído alguna vez:
"Muchas veces, despertándome del cuerpo y volviendo a mí mismo, saliéndome de las otras cosas y entrando en mí mismo, veo una Belleza extraordinariamente maravillosa. Convencido entonces más que nunca de que pertenezco a la porción de los seres, actualizo la forma de vida más eximia y, unimismado con la divinidad y establecido en ella, ejercito aquella forma de actividad y me sitúo por encima de todo el resto de lo inteligible. Pero cuando luego, tras esa estancia en la región divina, desciendo de la inteligencia al raciocinio, me pregunto perplejo cómo es posible esta mi bajada de ahora y cómo es posible que mi alma haya llegado jamás a estar dentro del cuerpo a pesar de ser tal cual se me manifestó en sí misma aun estando en un cuerpo". En. IV 8, 1.
¿Nos indica esto una experiencia religiosa en términos místicos? Bueno, mientras escribo estas líneas recuerdo una interesantísima conversación que tuve con Pablo García Castillo, insigne Catedrático de Historia de la Filosofía Antigua en la Universidad de Salamanca, cuya tesis había tratado de revalorizar precisamente el carácter dialéctico-platónico de la filosofía de Plotino, así como su radical originalidad, frente a las visiones historiográficas que primaban su influencia "oriental" (hablamos principalmente del maniqueísmo o el zoroastrismo, filosofías que florecían por aquel entonces en las brumosas fronteras del Imperio). Y cuando la historiografía habla de "influencia oriental", casi siempre se refiere a un "carácter religioso" que se supone "invadía" la filosofía (griega) desde al menos dos siglos antes de nuestra era, poniendo en evidencia su carácter "racional". Bueno, yo creo que esto no se puede afirmar para Plotino, y ahí le doy la razón al Sr. García Castillo, que en contra de Jesús Igal (el autor de la magnífica edición de las Enéadas publicada por la editorial Gredos), defendía este carácter dialéctico del que hablo.

Además, el elemento religioso y "místico" de Plotino es prácticamente el mismo que podemos rastrear en Platón (unas veces apenas esbozado y otras abiertamente explícito -como en el Timeo-), pero quizás intensificado por el ethos el periodo, lo que ocurre es a la peña no le va nada empaparse de los diálogos platónicos en su totalidad. Y a mí me queda por leer alguno, ojo, pero lo digo más que nada porque es cierto: a Platón cada vez se le lee menos. Algunas veces he observado, de hecho, cómo desde posiciones filosóficas contemporáneas se ha interpretado y leído a Platón como les ha venido en gana según sus particulares e intransferibles posiciones académicas, poniendo en boca del filósofo ateniense cosas que nunca sintió o dijo (como dejan claro los textos mismos y la crítica textual, vamos, cosa que a ellos les importa un bledo). Pues lo mismo con Plotino: ¿Mani?, ¿Zoroastro?... No sé, tenemos que aprender a ser rigurosos a la hora de enfrentarnos con un texto que por mucho que nos pueda resultar "parecido" a las ascensiones místicas de San Juan de la Cruz, no tiene absolutamente nada que ver con ningún tipo de experiencia íntima con la divinidad en términos místicos. Es más, yo cuando leo este fragmento no veo ningún anhelo por parte del filósofo egipcio de alcanzar una comunión íntima con algún Dios o theos totalizador, similar al gnóstico-hermético o el judeo-cristiano, mucho más cercano a nuestra visión de las cosas. Antes bien, indentifico algo así como una "filosofia de la belleza" (esto lo decía bien Alsina Clota en su conocida obra introductoria El Neoplatonismo, síntesis del espiritualismo antiguo, Barcelona: Anthropos, 1989). En pocas palabras, filosofía platónica sin más, caballeros, y no algún tipo de mística o religión soteriológica de origen oriental.

Remontémonos más atrás, y en concreto a la filosofía medioplatónica de Apuleyo de Madaura. En efecto, citemos un pequeño pasaje del extracto más conocido de su Asno de Oro o Las Metamorfosis:
"¡Qué maravillosa aparición! Trataré de daros una idea, suponiendo que la pobreza del lenguaje humano o la propia divinidad me otorgan el poder de la descripción, suministrándome todos los recursos de la más expresiva oratoria".


Grabado de la Isis de Apuleyo expuesto en el Oedipus Aegyptiacus (1652) de Athanasius Kircher
Esta experiencia de devoción inscrita en el culto sincrético isíaco, al parecer muy celebrado y extendido en los países ribereños del Mediterráneo de la época, me servirá para afirmar lo mismo que afirmaba G. Shipley en la obra que desde mi punto de vista mejor explica el mundo helenístico: El mundo griego después de Alejandro 323–30 a.C. (2001), p. 196, en la que este magnífico investigador defiende lo siguiente:
“Seguro que los nuevos cultos no eran, como se afirma con frecuencia, el producto de un terror existencial colectivo, sino de un enriquecimiento de la experiencia religiosa. Puede ser que hubiera una demanda de contacto personal con las deidades”.
Amén. Poco más que decir. Esto con respecto al surgimiento de las piedades sincréticas como la isíaca, aunque podríamos afirmar algo parecido para la filosofía platónica después de Plotino y también para las filosofías gnósticas y el hermetismo. Aunque esto habría que matizarlo mucho, y esta entrada del cuaderno no va de eso, así que sigamos. Creo que sólo podríamos afirmar una experiencia mística de revelación para la filosofía gnóstica, y la más cercana a nuestro sentir contemporáneo es la que introduce el hermetismo filosófico de orientación más gnóstica (NH VI 6-8, CH I y CH XIII), y en cuanto al técnico nos encontramos sobre todo con la Receta de la Inmortalidad (PGM IV 475-732), que en realidad nos remite al tipo de lógos de revelación:
“Ya que no me es posible, nacido mortal, elevarme con los rayos de oro de la claridad inextinguible, quédate tranquila, Naturaleza perecedera de los mortales y <retómame> enseguida, sano y salvo, después de la obligación de la despiadada Fatalidad. Porque yo soy el Hijo".
Esto demuestra algo más que la indistinción entre ciertos logoi herméticos y algunos textos de magia helenístico-egipcia, demuestra además que el hermetismo puede considerarse un tipo de piedad helenística (una religio mentis, como usualmente se ha definido, y como se refleja, por ejemplo, en CH VI 5, CH XI 20, o SH IIB 2), y en su fase tardía un corpus de textos relacionados con la experiencia mística propia de los siglos de desarrollo de la teúrgia, y por ende con los estertores de la filosofía platónica en la Antigüedad. Como podemos ver, el hermetismo evolucionaría también con los acontecimientos, y por lo tanto no podemos hablar con rigor de una doctrina filosófica única.

En cualquier caso, con esta entrada referida al mundo antiguo he querido hacer una pequeña introducción al sentido dado a laDevotio Moderna y al tipo de literatura "teológica" más cercana a nuestras pretensiones, como la Teosofía de Boehme, la llamada Theophrastia Sancta, el Rosacrucismo, y el posterior Pietismo. Todas estas formas místicas y religiosas ubicadas cronológicamente en la Baja Edad Media (hablo sobre todo de la mística renano-flamenca) y en plena Época Renacentista y Moderna (ss. XVI-XVIII), se considera que están relacionadas con el tipo de devoción introducida principalmente por la filosofía hermética en la Antigüedad Tardía (o mejor dicho, de piedad o gnôsis, dos conceptos en modo alguno equivalentes pero que nos remiten a un tipo de experiencia religiosa íntima). Aunque desde luego estas teologías y teosofías no fueron influidas solamente por la filosofía hermética tardoantigua, sino también por otras formas filosóficas helenísticas y platónicas, así como por la cábala plenomedieval y su reinterpretación cristiana, y además por cierto tipo de literatura mágica. Bueno, aunque desde mi punto de vista estas corrientes deben diferenciarse de la filosofía hermética, podemos integrarlas con mayor o menor fortuna en una clase especial de devoción y de acercamiento a la realidad divina.

Pero bueno, en la futura segunda parte de esta entrada trataré de introducir esta clase de teología-devoción moderna relacionada habitualmente con el hermetismo y la Reforma, tratando de explicar además el proceso de intimación del sentido religioso desde Eckhart. En fin, dejemos esto para el próximo mes.

En otro orden de cosas, "empiezo el cole" de nuevo, y espero que este sea mi último año de carrera de una vez por todas, porque ya estoy francamente harto de ser un estudiante universitario, una "categoría social" que me hastía y con la que nunca me he sentido muy identificado, por decirlo así. Sea lo que sea, espero terminar y ya está. Y en cuanto al futuro, ya habrá tiempo de hablar largo y tendido; seguro que haré mi tesis, pero si después de hacerla no puedo colocarme en ningún departamento, pues qué coño, a cuidar cabras como buen provinciano bucólico locusamoénico que soy. Además, que sepan los lectores que preparo desde hace meses algunos cambios y "mejoras" en la página, y que el año 2010 (¡Dios Santo, cómo pasa el tiempo!) seguramente lo estrenaré con una Studia Hermetica renovada y espero que más útil para la comunidad investigadora. Asimismo, aprovecharé estos meses para ver si termino de una vez mi primer artículo para Azogue sobre Magia Natural de "inspiración" jesuítica; y de ahí espero que mis artículos vengan en serie, y que José llegue a cansarse de mí. ¡Hasta pronto!