viernes, 25 de diciembre de 2009

Feliz Navidad


El mes pasado realicé uno de los mejores viajes de mi vida. Un mes antes ya lo estaba planeando para que todo saliera decentemente, pero jamás imaginé que saldría tan extraordinariamente bien. En ese viaje a Toledo tuve la oportunidad de conocer personalmente a las personas que trabajan en Azogue: a Mar, Miguel y por supuesto a su editor, José. Si dijera que me quedé asombrado por su amabilidad, generosidad, inteligencia y cultura, mentiría, porque yo ya sabía (aunque fuera leyéndoles o por teléfono) que eran así. Sólo con leerles y conocer el trabajo que desarrollan día a día por el solo placer de hacerlo, uno ya se hace una idea de quiénes son.

Asimismo, agradezco a Katja y a Carlos el que nos hayan tratado tan bien. Como le escribí a Miguel, en su casa me siento como un niño rodeado de cosas maravillosas, y su hospitalidad, educación y cultura me han dejado extasiado. Además, aún recuerdo el suculento manjar con el que nos deleitaron... Pido perdón por mi glotonería, pero ya se sabe que la carne es débil. Además, que no me olvido de esa perrita tan graciosa, alegre y agradecida, con la que podría estar jugando un día entero.

Lo que sí me sorprende es haberme encontrado con personas así en la vida. Casi había perdido la esperanza en este sentido, y el haberles conocido me reconcilia en parte con la fría y gris humanidad.

Bueno, sin más preámbulos procedo a hacer una crónica de este viaje tan productivo.

Viernes, día 20 de noviembre

06:00 AM (en mitad de Granada): Ivanito se cisca en todos sus muertos por su ridícula puntualidad. Si fuera una película de vaqueros se oiría el viento aullar en la pradera. Pero bueno, los primeros seres humanos (más allá de borrachos y demás capullesca nocturna granadina, llegaron sobre las 06:20). Al momento me metí en situación mientras el autobús dormía, y mientras oía una y otra vez de forma obsesiva las canciones Sin y Closer de NIN, me pegué de arriba a abajo la nueva edición española delAtalanta Fugiens (ed. Atalanta, prol. de Joscelyn Godwin). Esta edición la tenía desde el año pasado (me había caído por mi cumple), y personalmente tengo que decir que me gusta más la primera edición a cargo de Santiago Sebastián; es cierto que no trae el extenso texto bajo el epigrama de cada emblema, pero la introducción me pareció mejor. No sé, seguro que estoy equivocado, pero salvo por el cedé y el texto al que aludía, no le vi demasiada chicha al asunto. Aún así la recomiendo, porque yo de estos temas sé lo justo, y no procede hacerse el entendido.

Aprovechando que iba para una práctica en el antiguo Hospital de Tavera, justo a la entrada del casco histórico de Toledo, y en el que se asienta hoy día el Archivo Histórico General en su sección Nobleza, mi viaje comenzó entre documentos, archivos y laboratorios de restauración. Desde luego, aprovechamos muy bien la mañana, y pudimos ver cosas alucinantes: desde ejecutorias de hidalguía pasmosas, árboles genealógicos nobiliarios, y planos de propiedades que da gloria verlos, hasta los más ordinarios documentos económicos y judiciales; me congratula la forma en la que cuidan y protegen a estos documentos: temperaturas y emplazamientos adecuados, sistema de incendios y fundas y receptáculos precisos (y caros)... Es increíble todo lo que tienen allí, ¡y eso que sólo vimos una parte! En la última fase de la visita pudimos maravillarnos con la señora que restaura los documentos en cuestión, que con una tranquilidad pasmosa nos hablaba tanto de los bichos ("agentes extrínsecos", o algo así se les denomina) que se pueden encontrar en estos archivos (y que destrozan sin piedad el documento, cada uno con su particular manera de abordar la rica celulosa), como del proceso de restauración en sí. De hecho, nos hizo una demostración que nos dejó pasmados. Asimismo, en el interior de este bello edificio hay una botica, aunque lamentablemente no pudimos verla.
Aquí pongo una foto del interior del recinto.


Según nos comentó el guía, este antiguo hospital era más un balneario que un tenebroso edificio de muerte y enfermedad; más que nada porque el requisito de entrada principal era, en la práctica, el no estar enfermo (no permitían la entrada a los enfermos crónicos, contagiosos, los locos, etc.): lo dicho, que a este hospital se iba "de campo y playa". Quizás por eso gozaba de gran prestigio en el reino.
La visita duró desde aproximadamente las 11:30 hasta pasadas las 14:30. Desde luego mereció la pena, pero fue una lástima que mis compañeros se perdieran la hermosa ciudad castellano-manchega. Justo al acabar la visita, José pasó a recogerme y nos fuimos a su pueblo, Illescas. ¿Cómo relatar la exquisita amabilidad de su familia y de él mismo? No sé, se lo he dicho por activa y por pasiva personalmente, pero me gustaría dejar constancia aquí, en este cuaderno de notas. Sus padres y su hermano son gente sencilla, amable y hospitalaria, que me trataron desde el principio como si me conocieran de toda la vida. ¡Muchas gracias!

Desde el comienzo me quedé alucinado con la biblioteca de José. El fondo que tiene es alucinante. ¡Lo tiene todo! Iba de acá para allá viendo facsímiles, tesis, monografías y revistas. Su despacho dispone de una magnífica estantería dividida por siglos que me produjo una sanísima envidia. Y justo detrás de la mesa y la silla (bastante cómoda, por cierto), alberga un fondo importante de revistas (e incluso de literatura medieval, de la que por cierto, a mí también me gusta, sobre todo la de caballería). En cuanto pueda, voy a imitarle en su forma de trabajar, porque esa pulcritud y orden son los que personalmente necesito cuando estudio. A mí el desorden me vuelve loco y me desanima, y por esa razón la casa de José y su despacho me parecieron una delicia. De su abundante fondo, del que me hizo una precisa descripción, me quedé con algunos títulos que debo analizar en profundidad cuanto antes. Entre estos títulos puedo destacar: La Mystique Cosmologique Juive, de Nicolas Sed; La matière des choses, de Cristina Viano;Hermès Trismégiste, La Table d'Emeraude (pref. de Didier Kahn); The Alchemy of Glass, de Marco Beretta (este estudio, según me contó José ante mi atónita mirada, sostiene algo que me parece alucinante: la idea de la transmutación de los metales pudo surgir de la fabricación del cristal, que de hecho, era algo posible); y en uno de los tomos de Natural Sciences in Islam (vol. 58), Chemistry and Alchemy. Texts and studies, IV, 2001, en el que venían diversos estudios de Blochet: "Études sur le gnosticisme musulman", enRivista degli Studi Orientali (Roma), 2 (1908-09), pp. 717-756, 3 (1910), pp. 177-203; 4 (1911-12), pp. 47-79; 267-300; 6 (1914-15), pp. 5-67. Asimismo, Les Mages Hellénisés. Zoroastre, Ostanès et Hystaspe (este creo que lo había visto en mi añorada Salamanca, pero no estoy seguro), de J. Bidez y F. Cumont (2 vols.); Una cosmologia ermetica. Il Kitāb sirr al halīqa/De secretis naturae, de Pinella Travaglia (este estudio es fascinante, y lo había podido comprobar porque José me había enviado algunas referencias sobre él hace tiempo); asimismo, tengo que decir que me quedé pasmado por la fuerza de los dibujos de uno de los manuscritos que Mr. McLean edita y vende en su página (el MS. Ferguson 115, Universidad de Glasgow), que él denomina (con buen criterio) "Pneumo-Cósmico"; los demás manuscritos editados por McLean son impresionantes (con pliegos movibles y demás cosas maravillosas, pero éste en cuestión, no sé, me llegó especialmente). Se me parece de muchos modos a ideas que tengo en la cabeza a la hora de pintar y a la pintura de Ramiro, un pintor del que muchas veces he hablado en este cuaderno de notas.


Heme aquí, en pleno "éxtasis revelatorio", frente a la biblioteca de José, con mi cuaderno de notas, y pensando y repensando acerca del torrente continuo de nueva información que llegaba a mis oxidadas neuronas.
Asimismo, pude ver el increíble ejemplar facsímil del Splendor Solis que José tiene en su estantería, y echar un vistazo al voluminoso estudio adjunto. ¡Qué bárbaro! Además pude ver una edición del Amphitheatrum Sapientiae Aeternae (1595) de Khunrath en catalán (¡no sabía que existiera algo así!). Por otra parte, en cuanto pueda voy a pedir todos los ejemplares de la revista Chrysopoeia, que edita la S.É.H.A y Archè (Milán). En Salamanca tuve la oportunidad de ver uno de sus números y me quedé con ganas de más, debido al asombroso nivel de sus publicaciones y los temas que se abordan, de los que no conozco nada y en los que deseo profundizar.

Si fuera por mí, las conversaciones con José se prolongarían indefinidamente, pero el deber llama, y no nos recogimos muy tarde a descansar. ¡Espero que no crea que soy un pesado! Lo malo de que te gusten estas cosas tan "raras" es que no tienes demasiada gente con la que hablar de ellas, y en cuanto pillas un especialista de la talla de José quieres decirle todo lo que has pensado en sólo unas pocas horas. Hay que tener paciencia conmigo... Desde luego, el que más aprendió fui yo, porque José es una verdadera enciclopedia (y no sólo de alquimia), en la que uno se puede perder: en su cabeza tiene una cantidad de datos impresionante sobre fuentes varias, y también sobre bibliografía secundaria, desde la más temprana hasta la más reciente. Es increíble, y me he sentido como un privilegiado escuchándole. Espero que pronto se repita otra sesión como esa.

Sábado, 21 de noviembre

Hoy José me dejó en Toledo aproximadamente a la hora de comer, y pude aprovechar largo y tendido para visitar el casco antiguo de la ciudad. Además, ignoré el mapa, porque cuando llego a una ciudad nueva me gusta sencillamente perderme en sus calles (tan sólo una vaga referencia en plan "norte, sur, este y oeste", me valen); y además Toledo es una ciudad muy pequeña (al menos en su casco antiguo), con lo que esta tarea de exploración no se hace muy difícil. De Toledo llaman la atención muchas cosas, pero sobre todo sus calles angostas y sus recorridos empinados, que necesitan de unas piernas atléticas para un paseo como Dios manda. Pero bueno, como una imagen vale más que mil palabras, aquí haré una crónica fotográfica, más que otra cosa.


Este es mi hotel, que sin ánimo alguno de hacer publicidad, me pareció de lo más bonito y distinguido; además, mi habitación era acogedora y muy adecuada (una buhardilla), en la que casi me sentí como uno de los extraños héroes de las novelas de Lovecraft.

Desde cierta posición en la ciudad, se podía divisar el río Tajo, y en general el bonito paisaje castellano-manchego del entorno.

Esta preciosa vista era la que se podía divisar desde la habitación de mi hotel. Desde aquí creo que se puede apreciar la catedral, que es un monumento prodigioso, enquistado en pleno casco histórico, casi amenazante.

Este es un claro ejemplo de las calles de Toledo. Casi me da vértigo pasear por ellas. Se diría que detrás de cada esquina acecha algún secreto o algún maleante enfundado en una capa.

Como todos los que tenemos gatos sabemos, la fauna urbana más asombrosa no son los seres humanos, sino estos tigrecillos gordos con cara de pocos amigos. ¡Me lo pasé genial viendo una cantidad importante de gatunos por metro cuadrado! 

Destaco de mi visita, como no podía ser de otra manera, estos increíbles medallones cabalísticos en el bellísimo Museo Sefardí. 

He aquí un ejemplo de la brutalidad humana convertida en sórdida belleza. Esta "Dama de Hierro" (junto a ella destaco el detalle de sus terroríficos pinchos), en el Museo de los instrumentos de tortura de la Santa Inquisición, me recordó vivamente a un cuento tenebroso de Abraham Stoker: Una gata negra. 

Esta preciosidad de paisaje nocturno pude apreciarlo cuando ya mis pies se resentían de la caminata. Además, me había internado por un entramado de callejuelas en el que pensé que me iba a perder, por lo que decidí ir bajando para ver si veía de nuevo la muralla. Aquí ya me disponía a hacer el viaje de vuelta. 

De vuelta al hotel tras una jornada intensa de paseo. Esa noche casi no pegué ojo: mi cerebro bullía de pensamientos (desde el más ridículo hasta el más elevado). En fin... Hasta mañana.
Domingo, 23 de noviembre

Un buen desayuno y un paseo una hora antes de mi cita con Mar y Miguel (que iban a pasar a recogerme en la Puerta Bisagra). El fresco de la mañana me reconfortó y despertó, cosa que agradecí bastante, porque no me gusta el calor de invernadero nada nada. Otra foto más:


Esta foto la saqué pocos minutos antes de que Mar y Miguel me pasaran a recoger. El Emperador Carlos V aún vive en esta ciudad de encrucijada de culturas. ¡Espero volver pronto por Toledo!
Nada más intercambiar unas cuantas palabras con Mar y con Miguel me di cuenta de que estaba ante personas cultas, amables y sobre todo apasionadas de su trabajo. Íbamos camino de casa de Carlos Gilly, que es nada más y nada menos que el mejor investigador sobre hermetismo y corrientes relacionadas que existe, y sobre todas las cosas, una persona humilde y dotada de un juvenil entusiasmo que hace de él una isla asombrosa en un mar de pedantes e iletrados. Pero no adelantemos acontecimientos. Tuve la oportunidad de hablar de muchas cosas en casa de Carlos tanto con Mar como con Miguel, y de uno y otro saqué las mismas conclusiones que José (cuando alude a ellos en su cuaderno de notas). Ahora comprendo por qué (poco menos) les echaron de la universidad: su talento, cultura y educación son un insulto para esa panda de abotargados botarates y aburguesados, que no saben lo que es apasionarse por nada y querer profundizar de verdad en algo. En fin, que paso de este tema. Me harta.

El caso es que nada más llegar pude comprobar la hospitalidad y amabilidad de Katja y de Carlos. Viven en una casa alucinante, llena de libros y más libros... Y con una perrita maravillosamente cuidada que tuvieron la generosidad de salvar de la inmundicia callejera. Su casa tiene una luz y una vida que me enamoraron. Tienes la sensación de estar en un espacio acogedor, inspirador, donde reposar y leer. Su casa me recuerda a tardes de verano al calor de una buena lectura. Pero sobre todo recuerdo la inmensa luz que inunda su hogar. Además, la conversación se disfruta con ambos, porque los dos, tanto Katja como Carlos, son personas de una enorme erudición y cultura, y ambos tienen historias increíbles que contar. Esto unido al hecho de que tratan de ser extremadamente amables y dedicados para con sus huéspedes, les convierte en los anfitriones perfectos.

Ver estanterías repletas de Nicolás de Cusas, Paracelsos, Comenius, rosacruces, etcéeeeeetera, etcéeeeeeeetera, me volvió loco. Carlos y Katja tienen de todo: su fondo bibliográfico puede sonrojar a cualquier biblioteca universitaria (sobre todo a algunas que yo me sé). Porque no sólo tienen libros de hermetismo y corrientes afines, sino muchísimo más, lo que nos da una idea de su inmensa erudición en cualquier campo del saber. Aún estoy alucinando... ¿Qué más puedo decir para describir la ingente cantidad de microfilmes? De hecho, la mayor cantidad de microfilmes sobre magia, astrología, alquimia, rosacrucismo, teosofía, paracelsismo, hermetismo, etc., que seguramente existe en un mismo sitio. No hace falta salir de casa... Ejem, mientras escribo me tiemblan los dedos. Me gustaría haber hecho fotos de todo para no olvidarlo, pero por aquello de la educación me comedí bastante, más que nada para que no creyeran que tenía el síndrome del turista.

No obstante, y para fardar, he aquí la foto de la mesa de trabajo de Carlos Gilly. Jejeje, ¡y allí está mi página! Desde luego no está porque el Sr. Gilly la consulte ni mucho menos, pero me hizo una ilusión tremenda verla en ese contexto. Además, como ya dijera José en su cuaderno de notas, el sistema de trabajo de Carlos Gilly me dejó estupefacto: dos monitores y una máquina para reproducir microfilmes en la misma mesa, con el fin de ahorrar trabajo e ir rapidito y con buena letra. El resultado es un trabajo eficaz, solvente y magnífico. De hecho, el mejor que existe actualmente.



Volviendo a Miguel y a Mar, los tres nos divertimos como niños en la casa de Katja y de Carlos. Y además los platos que prepara Katja con soberbios: me quedé con las ganas de apuntarlo todo para reproducirlo en casa. ¡Menudos manjares! Con lo que me gusta una buena comida seguro que habré quedado como un glotón, pero bueno, que me quiten lo bailado.

Y con esto acabamos. Me dejo en esta crónica muchas cosas, pero no es conveniente que esta entrada del cuaderno se haga eterna. Doy las gracias a estos amigos que tan bien me han tratado. Ha sido todo un privilegio pasar estos magníficos ratos con ellos, y espero que nos veamos muy pronto.


¡Feliz Navidad! 

sábado, 28 de noviembre de 2009

Los secretos de mi madre Alquimia


Hoy hablaré, con permiso de Mar, Miguel y José (los verdaderos historiadores de la Alquimia), de esta técnica, ciencia, arte, filosofía y religión. Lo hago porque debía hacer una exposición oral para la asignatura Historia de la escritura y del libro manuscrito, que imparte con maestría (quien me conoce sabe que cuando digo esto lo hago sin ánimo alguno de pelotear) la Dr. Moreno Trujillo, y escogí a la Alquimia como tema. Por otro lado, tengo que decir que estoy disfrutando bastante de esta asignatura, y además la considero fundamental en la licenciatura de Historia (en general, considero importantísimas aquellas asignaturas que lindan con la Paleografía, la Codicología, la Diplomática o la Epigrafía), porque en ellas uno aprende, por ejemplo, a hacer una edición crítica o diplomática de un texto, aprende a leer los tipos de letra del pasado: la gótica, la carolina, los alfabetos del nuevo sistema romano (uncial, semiuncial y la minúscula cursiva), etcétera. Sobre esto aún no puedo hablar mucho porque lo estoy aprendiendo ahora mismo, pero desde el principio me pareció un tema muy complejo y vital si uno quiere dedicarse a esto de la Historia. Al fin y al cabo, ser un historiador "contemporáneo" es lo más fácil del mundo; de hecho, con frecuencia he observado cómo muchos sujetos se cuelan en los Departamentos de Historia Contemporánea precisamente por su falta de talento para la Historia en sí (en este Departamento, salvo honrosas excepciones que he tenido la suerte de conocer, a uno sólo le hace falta tener "ideología", elevar un ominoso discurso pseudointelectual y criticar de vez en cuando a los políticos... con eso basta). Jejejeje, ahora mismo me estoy acordando de más de un ejemplo, y es que me parto de la risa, se lo aseguro. Grotesco.

Volviendo al tema que me ocupaba, desde el principio barajé para esta exposición oral que comentaba, dos temas que me parecían interesantes: el Ars Magna de Ramón Llull y la simbología alquímica. El primero me pareció un tema muy difícil de tratar en una exposición oral, y me hubiera obligado a explicar conceptos filosóficos muy complicados y quizás cansinos para el común de los mortales. Además, el sistema lógico-simbólico luliano me resulta extremadamente difícil de aprender y muchísimo más de explicar. Hace años me metí en el cuerpo una cantidad nada despreciable de bibliografía sobre esto, y no saqué en claro demasiado. El segundo tema me pareció, en cuanto pensé más sobre ello, un candidato ideal.

Al fin y al cabo, la Historia de la Alquimia es un tema apasionante, atractivo y estéticamente seductor para cualquier lego. Hacía tiempo había leído un artículo de Barbara Obrist que me pareció genial: “Visualization in Medieval Alchemy”, en HYLE, International Journal for Philosophy of Chemistry, Vol. 9, No.2 (2003), pp. 131-170, y decidí que lo utilizaría como base para el tema. Pero no era suficiente. Tenía que hacerme con otra referencia bibliográfica, y en esto José (como es habitual), me echó un cable, y tuvo la amabilidad de pasarme el libro de la misma Sra. Obrist, Les débuts de l'imagerie alchimique (XIVe-XVe siècle), París: Le Sycomore, 1982. Esta última obra es alucinante, y no me extraña que José me comentara que le hizo madurar muchas de sus ideas y en general que cambió su visión sobre este asunto tan delicado y complejo (el de la iconografía alquímica, digo). La calidad intelectual y el cuidado análisis con el que la Sra. Obrist aborda este tema me dejó estupefacto. Aún lo estoy leyendo despacio, disfrutando cada página, y espero aprender lo suficiente como para defenderme en el asunto; un asunto que por otra parte, desde que me inicié en estos herméticos temas, siempre me fascinó, pero del que poco entiendo.

Bueno, en mi reciente viaje a Toledo (del que hablaré más tranquilamente el próximo mes), pude consultar algunas cosas, con el fin de preparar una exposición oral mínimamente digna. Desde el principio tuve claro que tenía que ser algo ameno pero razonablemente fundamentado. No quería hacer ninguna chapuza, pero tampoco quería que fuera un ladrillo insoportable, porque al fin y al cabo estás hablando ante personas a las que no tiene por qué gustarles el tema, con lo que se hace necesario exponer unas ideas-fuerza que resulten atractivas al oído y a la vista. En este sentido, con la Alquimia uno lo tiene bastante fácil: los libros y manuscritos que lindan de un modo u otro con ella -y hablo a partir del siglo XV principalmente-, son muy bellos, y se prestan a la fascinación con facilidad. Al menos a mí siempre me ha gustado ojear (porque no entendía mucho) las imágenes impresionantes del Splendor Solis (1532-1535), del Aurora Consurgens (ca. 1400-1420) o del Libro de la Santa Trinidad (1414-1418)... ¿Quién no ha oído hablar de -o ha visto alguna vez- la figura del Rebis? Sobre esto José ha hablado mucho y muy bien en su cuaderno de notas, y a éste me remito... Pero bueno, me parecía interesante elaborar en una presentación de apenas veinte o veinticinco minutos sobre la Historia de la Alquimia a través de sus libros y sus manuscritos.

Para la exposición oral tomé en consideración muchas de las explicaciones que había leído de José en su cuaderno de notas (sobre todo en su fabuloso ciclo de entradas Fluctuat nec mergitur), que me dieron la clave para hacer algo decente. Además, tuve claro desde el principio que la joyita iba a ser el archiconocido Atalanta Fugiens (1617) de Michael Maier (1569-1622), y que se encuentra publicado en Azogue misma. Eso de que un libro tan súper-antiguo de la muerte se pueda ver, leer y escuchar, resulta muy chocante para cualquiera. Y bueno, con el cedé que viene en la segunda edición de cierta importancia que se edita en España de esta enigmática obra, ya tenía parte del trabajo hecho. De hecho, la ejecución de estas fugas está fantásticamente llevada a cabo en este cedé del que hablo (o al menos a mí me lo parece), por lo menos comparada con otras interpretaciones que he oído. Además, por aquello de que fuera un tema de lo más "multimedia", vinculé la introducción del documental algo jolibudiense (pero muy bonito) "The Philosopher's Stone. The true story". Asimismo, y como ya he dicho, la idea era poner la fuga correspondiente a los emblemas expuestos en la presentación (al final, decidí poner solamente tres, por aquello de no eternizarse).

En fin, el resultado fue más o menos así: primero traté de explicar qué es lo que me proponía:

1. Hacer un esbozo divulgativo de la Historia de la Alquimia, sobre la base de sus textos más conocidos y llamativos (aunque me dejé muchos por el camino, eso seguro).

2. Con el fin de llevar a cabo esta tarea planteé una definición de la Alquimia sobre la base de tres definiciones que me parecieron muy pertinentes, y que José ha colocado en la presentación de Azogue (del Lapidario, del L'alchimiste chrétien y del Tratado de la Analysis del Arte de la Alchimia). Estas definiciones me parecieron interesantes porque me ayudaban a introducir varios conceptos que considero importantes en el estudio de la Alquimia: el primero introduce la idea de que la Alquimia trataba de "mejorar las cosas" (i. e. la materia, la naturaleza); el segundo, que la Alquimia está basada en mucho sobre bases "estoicas", en el sentido de que sostenía la unidad de la materia (=la unidad de la esencia divina en el "microcosmos matérico"), y que en la práctica aseguraba la posibilidad de la transmutación, entre otras cosas; y la tercera definición introducía a la Alquimia como un estudio del "Reino Mineral". Creo que estos tres conceptos ayudan bastante a comprender qué es la Alquimia. Asimismo, obvié la discusión que desarrolla Obrist acerca del lugar de la Alquimia en el conjunto de saberes medievales; al fin y al cabo, la Alquimia era una de las únicas scientias (o técnicas, o artes manuales), que se acercaban a la materia prima, a la materia, en definitiva; esto me lo explicó muy bien José. La Alquimia se encontraba al margen de la abstrusa y contemplativa "ciencia" aristotélica, y fue una pionera en el estudio y la experimentación de la materia en sí. Y supongo que en parte por esa razón se la consideró como una rama heterodoxa del saber.

3. Comencé por el principio: Zósimo de Panópolis y Egipto como punto de partida para mi análisis. Después continué un poco por la Alquimia árabe, de la que no sé absolutamente nada, por lo que me limité a mostrar esa curiosa y fascinante interpretación de los jeroglíficos en clave alquímica (y que venía de perlas para la asignatura en cuestión, un tema del que José habló en su entrada Fluctuat nec mergitur (III), el 30 de mayo de este año); de todas maneras, hablé algo del Kitāb sirr al halīqa como el texto que cambiaría la tradición alquímica en el Occidente Latino (ya se sabe: la Tabla de Esmeralda y la tradición de Hermes como Padre de la Alquimia). Después de esto, me dispuse a comentar un poco el tema de la Alquimia Medieval, de la mano del artículo de Obrist que ya cité y de nuevo de las explicaciones que dio José en su cuaderno de notas.

4. A partir de aquí me centré en lo que de verdad me proponía, que era comentar un poco los libros y los manuscritos alquímicos a partir del s. XV (debido a que son los más agradables a la vista, los más curiosos, los más complejos y los más interesantes para la asignatura en cuestión). Me centré en el "principio" (el Libro de la Santa Trinidad, 1414-1418), y comenté algunos de sus motivos iconográficos: primero, la representación alquímica de la Santísima Trinidad, después el Cristo resucitado (una alegoría del proceso alquímico de sublimación), luego obviamente el Rebis alquímico, del que expuse la representación ¿más conocida? La de este Libro de la Santa Trinidad, y la comparé con la que puso José en su cuaderno de notas cuando editó el Liber hermetis (en este tema ahondé en que el alquimista no sólo utilizaba para su obra los metales, sino también el reino animal, y de ahí esta metáfora o alegoría de la dualidad de los reinos intervinientes en la obra alquímica). Por último, bajo el epígrafe "Filosofía y escritura", comenté un poco lo que Obrist sostiene en cuanto a esta caligrafía de trazo circular, que trata de representar la perfección del círculo, y/o los procesos cíclicos del cosmos.

5. Luego me dispuse a comentar algunas imágenes del Aurora Consurgens: la dualidad a la que antes aludía, esa curiosa imagen del simio, y por último el principio alquímico de que "la naturaleza venza a la naturaleza", bajo el epígrafe de "La batalla entre el Sol y la Luna" (en el libro aludido de Obrist, ésta lo denomina así, "La lutte entre la lune et le soleil", pp. 214-218, en la que comenta que "Il s'agit en effet de faire 'vaincre' une 'nature' par l'autre, de sorte qu'un nouveau corps puisse être formé"). Este principio ahonda en esa concepción de que el alquimista se vale de los principios naturales para mejorarla, "enfrentando" de este modo a los elementos que componen la materia.

6. En el Pandora, das ist die edelste Gab Gottes (Anónimo, 1582), en el que sale una imagen del Trimegisto con la Tabla Esmeraldadesplegada, traté de comentar un poco aquella tradición de Hermes como "Padre de la Alquimia", y de dónde vino: su recepción el Occidente y su origen en la alquimia árabe. En definitiva, trataba de explicar uno de los temas más recurrentes en la Historia de la Alquimia, con el fin de captar la atención del público.

7. Después me dispuse a comentar un poco el proceso de la obra alquímica, y los momentos por los que pasa la materia en la Obra, sobre la base del bello manuscrito Sloane 2560 (s. XV). Me pareció conveniente hablar sobre el proceso alquímico en sí, uno de los temas más recurrentes tanto para los legos como para los entendidos en esto de la alquimia. Un tema fascinante, de eso no hay duda.

8. Después comenté algo qué es eso de la Lapis Philosophorum, siguiendo de nuevo las explicaciones de José en su cuaderno. Como ya indiqué, puse durante unos minutos el documental The Philosopher's Stone, y comenté algo sobre el tema: la búsqueda de la sustancia que permitiera la transmutación de los metales innobles en oro y plata y el elixir de la vida eterna. Por otro lado, y no sé si acertadamente, expliqué que este proceso se haría cada vez más metafórico, a medida que nos adentramos en el religioso siglo XVII, concibiéndose esta piedra filosofal como el resultado de la palingenesia (la regeneración espiritual). En fin, no sé si estoy equivocado en esto, pero sí creo que el aspecto religioso de la Alquimia se fue acentuando más y más a medida que nos encontramos con los fenómenos de la Pansofística y del Rosacrucismo, desde finales del s. XVI en adelante.

9. Siguiendo con esto, y aprovechando que habíamos visto en el Archivo de la Nobleza algunas documentos de ejecutoria de hidalguía, comparé a éstas con la representación iconográfica del Splendor Solis, sobre la base de dos de sus hermosas ilustraciones: la primera, que representa la correspondencia astrológica de los elementos (un Sol y su reflejo), y la segunda, el propio Hermes con una vasija en sus manos en la que un pliego reza "Vamos a la búsqueda de los cuatro elementos de la Naturaleza". Los dos me parecieron muy pertinentes para explicar convenientemente el tema. El Splendor Solis, según me comentó José, fue un intento de otorgar nobleza a la Alquimia, y desde luego está bastante conseguido este propósito. Estas "ejecutorias de hidalguía" son los más hermosos documentos de la Edad Moderna, de eso no hay ninguna duda.

10. Bueno, y no podía pasar sin comentar algo el Amphitheatrum Sapientiae Aeternae (1595) de Heinrich Khunrath: el "laboratorio" alquímico que se refleja en uno de sus más conocidos emblemas y su carácter pansofístico, en el que ahondé más tarde (explicando un poco más la cosmovisión que imbuía a la Obra) con el Opus Medico-Chymicum (1618), en su más conocida (y hermosísima) ilustración.

11. Después di algunas explicaciones sobre el Atalanta Fugiens, del que ya comenté algo más arriba, y tres de sus emblemas: la importancia del fuego en la Obra, lo que supongo es el Spiritus Mundi que inunda a la Creación y el Uróboros que afirma la unidad de la materia. Y además comenté algo sobre la figura de Michael Maier, como alquimista en la Corte de Rodolfo II.

12. Y para ir terminando, y como forma de "abrir los ojos", comenté algo sobre la parte menos conocida del trabajo de Isaac Newton (1642-1727): su dimensión como alquimista, sobre la base de sus notas en este aspecto (New Haven, Yale University, Mellon MS 79, ss. XVII-XVIII, ca. 1700). Lo hice porque me parece muy interesante subrayar la complejidad de estas personalidades de la ciencia a las que se les mete en categorías simplistas y anacrónicas. Y con ellos a toda una época del pensamiento humano que en sí misma posee una belleza y una dimensión intelectual en absoluto despreciables.

Y por último comenté los dos recursos de Historia de la Alquimia en Internet más importantes: la propia Revista Azogue y The Alchemy Website, porque en estos temas la morralla y la tontería abunda en Internet por encima de los planteamientos historiográficos serios y el despliegue artístico. Y ya como diapositiva final, puse una pequeña bibliografía con lo que conozco del tema (por lo que sé de lo que José escribe y demás). También llevé, para que vieran un poco los libros y demás, la edición de J. Godwin que publicó Atalanta y el bonito libro de ilustraciones que publicó Taschen, Alquimia & Mística.

¿El resultado? Pues creo que les gustó. Al menos un par de compañeros me dijeron que les había resultado muy interesante, e incluso uno de ellos me pidió una bibliografía para ahondar en el tema. Bueno, ¡a ver si hacemos cantera! Por lo menos yo me divertí bastante hablando en público sobre un tema del que poco se habla seriamente. Yo creo que con un poco de seriedad y buen hacer se puede lograr que más jóvenes investigadores se decanten por la alquimia o el hermetismo para desarrollar sus tesis. En fin, que estoy bastante satisfecho. ¡Y espero no haber metido mucho la pata en mis explicaciones!

En cualquier caso, he subido la presentación, y el interesado la puede descargar clicando sobre esta imagen:


jueves, 29 de octubre de 2009

Devotio Hermetica (Segunda Parte)


La entrada del mes anterior sobre este tema (Devotio Hermetica 1ª parte) me sirvió como introducción a mi verdadero propósito, que no es otro que el de esbozar una explicación sobre la visión y puede que la reinterpretación en la Edad Moderna de este tipo de piedad íntima por un lado y del conocimiento revelado o gnóstico por otro, procedentes de la Antigüedad Tardía. Porque aunque a veces puedan asemejarse a nuestros contemporáneos ojos, o simplemente a cualquier persona que no se haya acercado nunca al intrincado núcleo religioso de los siglos XVI-XVIII, no son lo mismo. Brevemente, podemos decir que una cosa es la nueva forma de religiosidad que se estaba forjando desde el siglo XIV y otra cosa muy distinta (aunque probablemente nacida en el mismo germen de piedad y efervescencia religiosa), la experiencia religiosa desarrollada por los rosacruces y sus simpatizantes (hablo sobre todo del Rosacrucismo clásico -siglo XVII-), incluido en este recuento la Theophrastia Sancta (es decir, la interpretación de los escritos teológicos de Paracelso), y los sistemas religiosos englobados en el concepto de "Teosofía", como el de Valentin Weigel (1533-1588), Jacob Boehme (ca. 1575-1624), Emanuel Swedenborg (1688-1772) y Louis-Claude de Saint-Martin (1743-1803), principalmente.

Volviendo al mundo antiguo, y continuando con la presentación del mes pasado, tenemos que dejar constancia de que A.-J. Festugière, en su genial Hermétisme et mystique païenne (Paris: Aubier-Montaigne, 1967, p. 18), elabora una visión general sobre las místicas de salvación de trasfondo helenístico, dando las siguientes características generales sobre las mismas:

1. El conocimiento de Dios, particularmente en sus aspectos soteriológicos (como Salvador), vinculado al concepto de gnôsis théou.

2. El conocimiento de uno mismo, en tanto que salido de Dios y susceptible de retornar a Él.

3. El conocimiento de los medios para elevarse nuevamente a Dios.

Pues bien, creo que estas características generales inherentes a la mística de salvación helenísticas pueden ser aplicadas fácilmente a nuestras construcciones "teosóficas", pero sin olvidar en ningún momento que han sido tratadas por el tamiz de muchos siglos de civilización cristiana, un hecho histórico que necesariamente implica (aunque no sólo) un vocabulario distinto para la consecución de estos sistemas religiosos, próximos, como hemos dicho, a la visión judeo-cristiana y a la hermenéutica o exégesis bíblica. Evidentemente, esta es una de las diferencias más notables con el hermetismo, y de hecho, se diferencia muy claramente de esta remota filosofía-piedad-gnôsis-teúrgia de los primeros siglos de nuestra era, entre otras cosas, por el hecho mismo de la inserción del Cristo como intermediario insalvable en ese camino a Dios:
"Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí" (San Juan, 14, 6).
A primera vista incluso podemos comparar a estas construcciones teosóficas con los gnósticos cristianos a partir del s. II d. C., sobre los que ya he hablado bastante en este cuaderno de notas, pero ésta es una falsa impresión, por razones a las que ahora no aludiré.

Otra cosa muy distinta, y dejo constancia aquí de esto con el fin de marcar las distancias, son los sistemas filosóficos derivados principalmente del platonismo tardío (medio y sobre todo neoplatónico), que inspiraron la obra de hombres como Ramón Llull (ca. 1232-1315), Nicolás de Cusa (1401-1464), Marsilio Ficino (1433-1499), Pico della Mirandola (1463-1494), Giordano Bruno (1548-1600), Francesco Patrizi (1529-1597), J. Amos Comenius (1592-1570), Tommaso Campanella (1568-1639) o Ralph Cudworth (1617-1688). Aunque este no es el tema de la entrada de hoy, tenemos que decir que la obra de estos autores está inspirada fundamentalmente en un modo de acercamiento a Dios en términos filosóficos (principalmente platónicos), y no tanto en una mística o acercamiento a la divinidad en términos "gnósticos". Se busca elaborar una teodicea heterodoxa de trasfondo platónico (y según quién, en parte hermético-estoico), y no una "teosofía" propiamente; aunque de muchos modos es este último concepto el que más se asemeja al hermetismo de raíz más puramente gnóstica (fraguado desde el siglo II, y que alcanza su esplendor muy probablemente en los siglos III y IV d. C.). En definitiva, no podríamos hablar con rigor de una tradición "prístinamente hermética" en la Edad Moderna (desde luego, mucho menos en épocas posteriores), sino en una recepción gradual de los textos antiguos, y de un desarrollo heurístico de los mismos desde la Plena Edad Media hasta el siglo XVII (hablamos, es evidente, de textos de inspiración exclusivamente platónica, incluyendo al hermetismo, además de obras de astromagia, alquimia, etc.).

Volviendo al tema que nos ocupaba, es decir, al terreno exclusivamente religioso, tenemos que tener claro antes de zambullirnos en estas nuevas formas de religiosidad, el porqué de su nacimiento en la Edad Moderna y su embarrancamiento en la Ilustración dieciochesca. En primer lugar, durante los siglos XIV y XV, la preocupación por la salvación y la pérdida de confianza en una Iglesia remota y muy ocupada en asuntos, digamos, excesivamente "terrenales", llevó a muchos hombres y mujeres "preocupados por su alma" a buscar nuevas formas de experiencia personal con Dios, alejadas de la vacua piedad popular y de la jerarquía eclesiástica. Ya en el siglo XIV se producía en Flandes una piedad religiosa que propugnaba el repliegue del alma sobre sí misma, y un modo de acercamiento a la divinidad de naturaleza menos "académica" o "teológica", con el fin de abrazar una nueva clase de religiosidad, en el seno de unos nuevos "hermanos del libre espíritu", sobre todo a través de sus dos máximos representantes: el Maestro Eckhart (ca. 1260–ca. 1328) y J. de Ruysbroeck (ca. 1293-1381). Y comienzo tan atrás porque he llegado a ver por ahí con estupefacción cómo los escritos del primero son etiquetados de "herméticos" (¿?).

No obstante, el primer movimiento en el que nos debemos detener si queremos conocer el porqué de esta nueva religiosidad que daría lugar a la Teosofía, es la bien conocida Devotio Moderna, comenzando por su "iniciador", Gerardo de Groote (1340-1384), y su legado, "los Hermanos de Vida Común", un tipo de movimiento que no estaba integrado propiamente en el seno de la Iglesia, y ni tan siquiera pretendía una vida monástica, sino tan sólo una vida en comunidad cristiana. Esta Devotio Moderna, a través de la Congregación de Windesheim (esta vez sí, un tipo de reforma claustral iniciada en 1387 por S. Agustín de Windesheim), daría lugar a la obra espiritual más famosa surgida de este movimiento: la Imitatio Christi, atribuida a Tomás de Kempis, y que pretende conducir a una unión con Dios, en una alianza entre virtud y piedad, alejándose, como viene siendo habitual en este tipo de religiosidad, de la pompa externa y de todo tipo de ceremonialismo. Como se puede observar fácilmente, se trata pura y exclusivamente de una religión interior, incluso íntima, muy distanciada tanto de la devoción popular, como de la jerarquía eclesiástica y de las elaboraciones teológico-escolásticas más estériles.

El orbe católico también disfrutó de un nutrido cuerpo de místicos y religiosos que se decantaron por esta nueva forma de religiosidad, tanto españoles (Francisco de OsunaBernardino de LaredoGarcía de Cisneros, Santa Teresa de Jesús, Bernabé de Palma, Pedro de Alcántara, Nicolás Factor, Diego de Alcalá, Juan de los Ángeles, Antonio Sobrino, Diego de Murillo, etc.), como franceses (Francisco de SalesPedro de Bérulle). Además del nacimiento de la Compañía de Jesús en la figura de Íñigo López de Loyola (1491-1596) y sus Ejercicios Espirituales, compuestos entre 1522 y 1523.

El Renacimiento que tenemos en mente es, sin lugar a dudas, el italiano. Y será en esta península, como todo el mundo sabe, donde se inicie una anábasis filológica y artística de imitación y superación del mundo antiguo, una labor en la que el hermetismo adoptaría una posición central como rival de la ortodoxia teológica de trasfondo aristotélico, entre otras cosas. Con esto pretendo decir simplemente que si bien en Italia hubo un tipo de Renacimiento "más pagano", en el norte y el centro de Europa las cosas irían por otros derroteros, dado su distinto bagaje pleno y bajomedieval. En el seno de la germanidad, es, de hecho, donde debemos dirigir nuestras pesquisas si queremos comprender el nacimiento de la Teosofía, y siempre sobre el trasfondo que he tratado de describir más arriba, en el que la interpretación rigorista e interior del mensaje vetero y sobre todo neotestamentario, tenía ya una tradición importante en plena irrupción del Renacimiento y durante el mismo final de la Edad Media. La extensión de la utilización de la imprenta, la relativamente elevada concentración urbana y unas condiciones socio-económicas muy determinadas, llevaron a un auténtico décalage entre el Norte y el Sur de Europa, y a la consagración de tradiciones culturales muy distintas, y por ende a una distinta interpretación de los textos antiguos y del sentido de la religiosidad cristiana.

Es precisamente en mitad de este caldo de cultivo religioso, que integraba la estructura mental de cualquier ser humano del siglo XVII en Europa, donde surgirán las voces discrepantes y los trastornos de la Reforma: luteranos, calvinistas, anabaptistas, y ahora sí, católicos, iniciarán una apasionante y muy peligrosa andadura de dimes y diretes, de panfletos y soflamas, y de espadas y lluvias de artillería... Y es en este peligroso y caldeado ambiente donde la tradición platónico-hermética, y el trasfondo intelectual y religioso antes presentado, generarán las condiciones oportunas para que surjan personalidades deslumbrantes, como la de Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido como "Paracelso" (1493-1541). Hoy día no se discute su contribución a la ciencia (hablo de la ciencia médica), como deja claro Laín Entralgo en su Historia de la Medicina (un libro muy conocido por los estudiantes de esta licenciatura), bajo el título "La visión panvitalista del universo" (Barcelona: Salvat, 1989, pp. 289-302); menos conocida, no obstante, es su dimensión como teólogo, que C. Gilly describe en estos términos:
"What Paracelsus was aiming at with his theological writings was not to establish a new sect, but on the contrary to try and deny all religious parties combating each other the very reason to exist, since he strove for a church of the spirit, subject only to God and nature" (en, "'Theophrastia Sancta'. Paracelsianism as a religion in conflict with the established churches").
No obstante, aunque no pretendiera entrar en liza, es precisamente lo que conseguirá tras su muerte. Más abajo, y a modo de ejemplo, C. Gilly nombrará el caso de Helisäus Röslin, un paracelsista que en su obra De opere Dei creationis seu De Mundo hypotheses(1597), censuraba las cuatro confesiones cristianas dominantes en aquel momento (la papista, la luterana, la calvinista, y la anabaptista), a la vez que defendía la libertad religiosa. De cualquier manera, el primero en hablar de una Santa Theophrastia sería Benedictus Figulus, que en su Pandora magnalium naturalium aurea et benedicta (1608), anunciaba su plan de promocionar los "libros cabalísticos y teológicos de su querido y excelso líder y maestro Ph. Theophrastus, de bendita memoria", para el "eterno beneficio y salvación de la Cristiandad", proclamándose un estudiante de la "Sacrosancta Theophrastia y la inmortal filosofía de Cristo".

Desde el lado rosacruz, nos encontramos con tres manifiestos aparecidos en Kassel (Alemania), en 1614: el Allgemeine und General Reformation der gantzen weiten Welt, la Fama Fraternitatis, y el Deß Löblichen Ordens des Rosenkreutzes, an alle Gelehrte und Häupter Europae geschrieben, dirigidos, como reza su propio título, a todos los dirigentes y sabios de Europa, con el fin de conseguir una renovación y una reconciliación en el corazón de la cristiandad, y que tuvo su primera contestación pública en la figura de Adam Haslmayr, un paracelsista convencido (Antwort An die lobwürdige Brüderschafft der Theosophen von RosenCreutz). Haslmayr creía que tanto Rosencreutz como Paracelso tenían el mismo propósito, y defenderá la Theophrastia Sancta en la mayoría de sus obras, afirmando su sustrato cristiano; no obstante, la exégesis bíblica defendida por Haslmayr, y en general por el resto de paracelsistas, teósofos, pansofistas y demás filósofos de inspiración platónico-hermética durante los siglos que nos ocupan, no se asentará sobre las mismas bases, sino que se buscará huir del sentido inmediato del texto con el fin de abrazar una hermenéutica de carácter más "esotérica" o simbólica, como hicieron los gnósticos cristianos; por otro lado una interpretación con la que el mismísimo Juliano estaba de acuerdo. Asimismo, y aunque Haslmayr caiga en desgracia a manos de los "oscuros" y "reaccionarios" jesuitas, serán las propias autoridades calvinistas y luteranas las que ataquen más duramente a esta nueva clase de peligrosa y "fanática" teología (en la que se inscribía la teosofía de V. Weigel y por supuesto la "nueva religión paracélsica").

En cuanto a la Teosofía, apenas citaremos a Weigel y a Johann Arndt (1555-1621). En otra entrada, cuando mis lecturas acerca de estas personalidades me lo permitan, prometo hablar de sus filosofías largo y tendido. Por su parte, J. Boehme continuará con esta visión heterodoxa que debe mucho a su maestro (para una visión general, remito al lector a la entrada oportuna del Dictionary of Gnosis and Western Esotericism, Brill, 2006, pp. 215-222). No obstante, me gustaría que la extraordinaria iluminación de sus obras (a cargo del redescubierto Michael Andreae) hablara por sí misma, siguiendo la magnífica presentación on-line que se muestra en la página de la Biblioteca Philosophica Hermetica. Posteriormente, como ya hemos dicho, nos encontramos con personalidades de la talla Swedenborg y Saint-Martin, los continuadores de esta Teosofía hasta bien entrado el siglo XVIII. No me olvido, además, de los herederos directos de la obra de Boehme: los piestistas alemanes, representados en las figuras de Philipp Jakob Spener (1635-1705), August Hermann Francke (1663-1727) o Christian Thomasius (1655-1728).

De cualquier manera, no debemos confundirnos o asombrarnos a la hora de enfrentarnos con este modelo de peculiar religiosidad. Otros filósofos y científicos plenamente integrados en el tejido de nuestro conocimiento cotidiano, como son Pascal, Montaigne, Descartes o Newton, gozaron de una dimensión religiosa acorde con su tiempo, lo que ocurre es que en nuestros días esta religiosidad no se comprende en su justa medida, dado que desde la Ilustración el conocimiento religioso y el "científico" están alejados el uno del otro, concibiéndose como maneras distintas e incluso contrarias de comprender la Naturaleza. Y no simplifiquemos: esto mismo fue agriamente discutido en la época en la que aconteció dicha ruptura epistemológica (un ejemplo de esto, sería la disputa mantenida entre Comenius y Descartes, y sobre esto recomiendo el artículo de J. Rohls "Comenius, Light Metaphysics and Educational Reform", integrado en la obra Platonism at the Origins of Modernity: Studies on Platonism and Early Modern Philosophy (2008), pp. 63–74). Y además esto sería discutido con un elevado nivel intelectual, nada de las burradas que a veces escucho por ahí de "el mito" contra la "ciencia", etc.

Es más, podemos afirmar que esta dimensión religiosa de naturaleza íntima es sistemáticamente ignorada, concibiéndose popularmente a la religión cristiano-occidental como una edificación jurídica de férrea y absurda disciplina, que basa sus postulados en la mera propaganda de unos valores ñoños y desfasados. Y con esto no estoy reivindicando nada (a mí eso ni me va ni me viene), pero sí me molesta bastante cuando veo cómo se simplifica la visión de nuestra herencia cultural cristiana, sobre todo porque en la práctica se está despreciando nuestro pasado y en buena medida nuestro presente. De cualquier manera, cuando aludo a este sentimiento religioso, me refiero a cosas tan bellas como esta obra de arte del periodo:



La Magdalena Penitente (1638-43), de Georges de la Tour

Y digo más: hay por ahí una nutrida panda de fulanos que se van a buscar a lamas y brahmanes por ahí, ignorando que su propia civilización contiene las mismas o similares premisas espirituales (de religiosidad interior, quiero decir) en su seno; corrientes "espirituales" que por supuesto, y todo el que me lea asiduamente lo sabe, yo no creo en absoluto que estén integradas en una supuesta "Tradición Esotérica Occidental", o en una dimensión espiritual "verdadera" e ignorada de Occidente, y demás historias de esa laya, sino que afirmo que sí existe una importante dimensión íntima (no necesariamente mística) en la religiosidad de Occidente, que no tiene nada que envidiar a otras "religiones" y "místicas" (o ambas cosas) del Oriente. Lo único que ha ocurrido, ya lo he dicho, es que han sido sepultadas por el proceso ilustrativo, y por consiguiente se ha dejado de estudiar seriamente la ubérrima producción de obras integradas en este conjunto de visiones filosóficas y religiosas (que a veces son "heterodoxas" y muchas otras veces no), cayendo, como sabemos los que nos dedicamos a esto más o menos seriamente, en el agujero de la especulación más vacua y gratuita, alimentada por personajes de lo más variopinto. Asimismo, desde mi punto de vista, la ignorancia generalizada acerca de estas corrientes, además de al proceso ilustrativo, va ligada al extrañamiento progresivo de cualquier noción de "intimidad", un hecho cada vez más evidente en nuestras sociedades occidentales de masas, que aparentemente han continuado el proceso de individualización e intimación operado desde el s. XVIII, cuando en realidad estamos asistiendo a un preocupante proceso de colectivización y de "masificación", provocado quizás por la presión demográfica y el aumento de prestigio de la técnica en detrimento de las facultades humanas más básicas.

Por cierto, ya he visto Ágora, de Alejandro Amenábar, y el próximo mes pienso comentarla largo y tendido en este cuaderno de notas, así que estad atentos amigos míos, porque ha sido una experiencia realmente interesante. ¡Hasta pronto!

sábado, 17 de octubre de 2009

Veritas Odium Parit


Hace pocos días he vuelto a revivir una sensación muy desagradable y me gustaría comentarla aquí. Al fin y al cabo, esta página y Azogue misma se basan en la persistente búsqueda del conocimiento por la misma necesidad de obtenerlo, una necesidad que todo ser humano consciente y lúcido alberga en su interior (más allá de otros discursos posteriores y más elaborados acerca del porqué de la Historia, etc.), con lo que esta entrada se justifica muy bien en este contexto. En otro orden de cosas, es posible que estas palabras se le antojen innecesarias a las personas cultas, pero a mí sí que me importa la dimensión pública del conocimiento, es decir, que no pretendo que todo el mundo sea culto o se interese por saber o conocer; al fin y al cabo no todos tenemos esa clase de talento o incluso el mero interés por esforzarnos en ese sentido, pero este hecho no es óbice para que a las personas sabias y cultas se las mire con respeto y simpatía, y que se acepte su "autoridad" con naturalidad. Me refiero, por lo tanto, a cómo se ve y siente la cultura, y a cómo se contempla al sabio, a la sabiduría y al conocimiento en nuestra actual civilización. En realidad, esta entrada trata de los libros, de los escritores y de los enseñantes.

Actualmente la visión más o menos común, o al menos la que he tenido la nefasta oportunidad de experimentar en mis años de universidad e incluso antes, es que los libros (me refiero sobre todo a los libros de texto, léase manuales, obras monográficas, artículos, ensayos, opúsculos, obras de filosofía, historia y sobre todo religión, etc.), son vistos como una especie de ladrillo o rémora pseudoepistemológica que trata de "comernos el coco" o contarnos algo que "no tiene nada que ver con nosotros", y que lo mejor es no tenerlos demasiado en cuenta, más que nada porque podría obstaculizar el libre desarrollo de nuestra fuerte y radicalmente original personalidad, y en consecuencia embrollarnos, "rayarnos" (o como se diga), confundirnos, darnos dolor de cabeza, contarnos un cuento que nos deje fríos, cansarnos, aburrirnos, decirnos algo que no tiene nada que ver con el conocimiento "real" de las cosas, que es "experimentar por uno mismo", o simplemente deformar nuestro prístino y forjado carácter de chicos y chicas súper-guais y súper-o-sea de este súper-siglo.

A alguien le podría parecer que exagero, pero si se le preguntara, uno a uno, a los estudiantes universitarios algo tan sencillo como "¿por qué estás aquí?" (en la universidad se entiende), la respuesta variaría en un 80% (y soy generoso, creo), entre el "pa' sacarme las oposiciones y/o buscar un curro chachi", o bien (y en este momento el preclaro interpelado pondría esa cara que se pone cuando no se ha pensado algo demasiado y te preguntan por ello, con lo que estás obligado a pensar algo rápidamente), se decantaría por el "pos, pos, no sé... pa no ser un lerdo, pa' saber algo..." Y quizás una parte de estos ilustrados y bien preparados estudiantes, diría algo en plan posmoderno-progre total: "Pues para ser crítico y aprender a pensar, pa' que no me engañen y defender mis ideas, porque como dijo Marcuse, y patatín y patatán y patatún". En fin, un coñazo marxistoideo-progre-antifascista, que una vez declamado ya nos indica que ha llegado la hora del botellón o de decirle a la Sandra que "lo nuestro ya no puede ser porque soy un espíritu libre, y tú también, etcétera".

Pero eso sí, cuidado con los libros, que son caca. Lo importante para un colega mío de generación es, sobre todo, hablar largo y tendido en clase, en la cafetería o en el pub, aunque no se tenga ni pajolera idea de lo que se está hablando y no se pretenda ir a una biblioteca a contrastar ese supuesto conocimiento. La otra parte de mi generación está en clase en plan "uffff, qué coñazo, uffff qué pesada es esta", o "ufffff, qué tonterías dice aquel que está preguntando", y así una larga lista de ufs (esta clase de estudiantes "ufosos" son cojonudos, porque si realmente no les interesa ningún tema en profundidad, ¿para qué demonios están más de un lustro en la universidad?). Por otro lado, muchos profesores tratan de convertir las clases en una sesión de debate, en un brainstorming-quilombo donde cualquiera puede decir cualquier estupidez de forma gratuita, y además acerca de cuestiones más o menos abiertas, en las que está claro que uno no se va a poner de acuerdo con el vecino ni de lejos (léase República-Monarquía, el sentido de religión, si la ciencia o la religión es un dogma o no, el capitalismo malo malísimo, si existe democracia en España actualmente, y demás obsesiones posmodernas). Esto convierte las clases en una especie de Noria, donde cada contertulio profiere pseudo-ideas, retales de lecturas más o menos "ligeras", opinioncillas chorras y perogrulladas defendidas casi con violencia, etc. al discurso con conocimiento de causa o al placer de escuchar, simplemente. En otras palabras, se prefiere la participación "porque sí" al esfuerzo continuado y a la atención. Porque seamos claros: sólo cuando una persona ha dedicado buena parte de su tiempo a instruirse y a pensar es cuando puede opinar y crear, y nunca antes.

Volviendo a los libros, recuerdo siempre un artículo del Sr. Pérez-Reverte, donde relataba el bombardeo de la biblioteca de Sarajevo en estos términos:
"Aquella noche, en Sarajevo, los cañones no apuntaban a la carne humana sino a la materia que conforma su alma y su inteligencia".
El artículo ("Asesinos de libros", en Patente de corso (1993-1998). Madrid: Alfaguara, 2003, pp. 44-47) es escalofriante, y se lo recomiendo a todos aquellos amiguitos míos que observen un libro con indiferencia. Puedo imaginar a todos esos hombres y mujeres que defendieron y defienden esos tesoros del alma y la inteligencia con sus propias vidas, como para tolerar a esa horda informe de iletrados y soberbios imbéciles que desprecian el esfuerzo continuado de la humanidad como si fuera algo ridículo y ajeno a ellos. Y eso es lo que de verdad me molesta: la soberbia, "la osadía del ignorante" que diría el Sr. Pérez-Reverte; yo mismo, sin ir más lejos, soy un ignorante total (tanto que casi me odio por ello), pero jamás se me ocurriría poner cara de pez ante el sabio y el erudito, o rehuir a aquellos que saben más que yo "pa' que no crean que soy tonto", o para que no me pongan en evidencia, y ni mucho menos se me ocurriría desacreditar a los que saben con el rencor propio de los mezquinos y los idiotas. Ante el sabio se muestra respeto y humildad, y ante el que no sabe y quiere saber, tres cuartos de lo mismo; pero ante el imbécil que no sabe y además se siente orgulloso y henchido de satisfacción por ello, a ese, jejejeje...

En realidad, en muchos casos (por lo menos en nuestros días, porque al sabio no siempre se le ha visto con buenos ojos en el pasado, pero por otras razones), es pura y simple inmadurez. En el pasado nos encontrábamos con "jovencitos" como Emily Brönte (Cumbres Borrascosas, 29 años), Rimbaud (Una temporada en el Infierno, 19 años), Isidore Ducasse (Los Cantos de Maldoror, 22 años), Leopoldo Alas Clarín (La Regenta, 31 años) o Mary Shelley (Frankestein o El Moderno Prometeo, 21 años), Lord Byron (Lara, 25 años), Poe (Manuscrito hallado en una botella, 24 años), Dostoievski (Pobres gentes, 25 años) y un largo etcétera, que generaban obras de arte deslumbrantes y portentosas a esas tempranas edades. He calculado a ojo, con lo que puede ser un año arriba o abajo, pero lo que pretendo decir es que estos hombres y mujeres habían aprovechado su juventud y desarrollado sus capacidades hasta el límite de sus fuerzas, y esto no sólo a causa de su genialidad, sino como consecuencia de su madurez intelectual. Y pongo ejemplos de escritores porque en sus páginas se puede apreciar no sólo inteligencia y audacia (esto es algo que cualquier hijo de vecino puede llegar a tener con veinte añitos), sino algo más: profundidad, lucidez, oscuridad... En lo que se nos puede antojar en nuestros días como "pocos años" (la "edad del pavo", incluso), ellos y otros muchos, habían conocido el dolor, la muerte, el amor y el desamor, la responsabilidad, la pena, el destierro, la guerra, la indigencia y otras muchos sentimientos y hechos (que no tienen por qué ser desgracias) que les habían convertido no sólo en adultos, sino en adultos lúcidos, desgarrados, fuertes, orgullosos, geniales y apasionados. No en "buenos chicos" o en "empollones", o en "pusilánimes" (creo que se entiende lo que digo), sino en personas fuertes y duras de pelar, y es posible que no demasiado "simpáticas", o "positivas" o "dinámicas", o "recicladoras", o "solidarias" o "sanas", o "extrovertidas", etc. Sino en lo que he dicho: personas maduras y con un par.

Claro que el pasado es el pasado, y ese estado intermedio e hispostasiado conocido como "adolescencia" en nuestros días dura hasta los cuarenta, arruinando toda capacidad humana para alcanzar grandes ideas y por encima de todo para desarrollar la capacidad de entusiasmo y pasión por conocer, "guerrear", descubrir, conquistar, amar, o crear. Pero no, como todo el mundo sabe es más divertido y urgente perder la etapa más pasional y despierta de la vida humana en pubs y discotecas, o haciendo el capullo entre trabajos idiotas y fines de semana infames, o demás terrores de la misma laya. Como los filósofos epicúreos pero sin jardín que valga, y además sin practicar la virtud y la felicidad. Ni siquiera hedonismo, como siempre se dice, sino tan sólo fealdad y pérdida. Y que nadie me malinterprete, he puesto ejemplos de genios absolutos del pensamiento y de la literatura (son la misma cosa, en realidad), pero bien podría poner como ejemplo a todo hijo de vecino de hace no tanto tiempo que a los veintipocos ya estaba casado y con responsabilidades, y nada de perder el tiempo en chorradas y zalamerías hasta los cuarenta tacos, como en nuestro magnífico y genial siglo, en la era de la "información", liberados como estamos de todas esas horribles rémoras de la educación del pasado, y de todo el oscurantismo "de los tiempos de antes", cuando Unamuno iba con su elegante trajecito paseando por Salamanca y no era del Pepé.

En mi carrera, de hecho, la mayoría de los mozalbetes que se decantan por estos estudios, lo hacen a causa de su interés por el rollo político contemporáneo, y se lo pasan genial imaginando historias como que una República defendida por los valientes y rebeldes Caballeros Rojos había sido atacada y derrotada por los Señores Negros Fascistas (o viceversa, porque a mí todo eso me parece el mismo borreguismo). De hecho, este tipo de pensamiento infantil, en plan "buenos y malos", "negros y blancos", etc., es despreciado ya por alguien tan lúcido como Marco Aurelio en el siglo II d. C.:

"De mi tutor, el no haber sido ni verde ni azul" (Med. I, 5)

Y se refiere a las facciones circenses, unos grupos sociales o "de presión" integrados en el entramado político del Imperio (tanto del Occidental como del Oriental, dado que pervivieron en Bizancio durante muchos siglos -sobre esto recomiendo la Historia Secreta de Procopio de Cesarea, s. VI d. C.-), a caballo entre el partido político de base palmera y el aficionado al fútbol medio. En realidad, los nefastos antecedentes de las actuales democracias de rivalidad clientelar y de masas.

En fin, que me he quedado a gusto, para qué engañarnos. Sé que esto es un Cuaderno de Notas dedicado a la Historia de la Filosofía Hermética, pero no puedo pasar sin comentar la estupidez campante de nuestra época, y esto sin ánimo alguno de reivindicar mi absoluta virtud sobre el resto de miserias humanas (el primer pecador yo, mea culpa, golpes de pecho, etc.), sino con el ánimo de la mera denuncia de la contradicción, la apatía y la miseria intelectual en la que muchas veces nadamos sin apenas darnos cuenta, porque estas cosas son incompatibles con el esfuerzo que toda sabiduría y erudición conlleva, y además son la base para la destrucción de todo lo bueno que hay en el ser humano (que es muchísimo, y quizás más que lo malo).

domingo, 27 de septiembre de 2009

Devotio Hermetica (Primera Parte)


Desde hace ya mucho tiempo vengo dándole vueltas a uno de los motivos más recurrentes en el estudio del hermetismo: ¿podemos concebir al hermetismo como una piedad personal?, ¿hasta dónde llega su carácter gnóstico?, ¿es realmente el hermetismo una filosofía gnóstica, y en qué grado?, ¿de qué modo sirvió esta filosofía tardoantigua durante el proceso de intimación del sentimiento religioso cristiano operado desde el siglo XIV? Al fin y al cabo, todo se reduce a tratar de dilucidar qué es el hermetismo en sí, y al menos por el momento esta es una pregunta sin respuesta, y no tanto porque no conozcamos lo suficiente como para dar una más o menos convincente, como porque la propia pregunta está mal formulada. En efecto, no hay un "hermetismo" o una filosofía hermética sin más, sino que hay "hermetismos" (o hermeticismo, porque ya va siendo hora de que integremos el término para nuestra española lengua).

En mi caso, cuando hablo de "hermetismo", en mi cabeza se enciende algo muy muy concreto: la literatura hermética tardoantigua, o los textos conocidos como los Hermetica. Y hablo de literatura y no de "filosofía" hermética porque sólo somos capaces de trazar una serie de principios generales (por otro lado, muy fáciles de identificar), en estos escritos puestos bajo la advocación de Hermes kaì mégistos. Es más, y para que algún despistado por ahí no se confunda, la mayoría de los logoi y extractos herméticos tardoantiguos no describen una experiencia íntima de revelación o acercamiento a Dios en el sentido que todo el mundo está pensando cuando oye la palabra "hermetismo" con cierto conocimiento de causa; antes bien estos textos tratan de cuestiones cercanas a las polémicas filosóficas más importantes del periodo, en un tono que recuerda, como se ha dicho a menudo, a los filósofos medioplatónicos y sobre todo al estoicismo. Y ya en pleno apogeo del neoplatonismo (ya bien entrado el siglo III d. C.), nos encontramos con ese tipo de hermetismo que muchas veces se ha tomado como "todo", cuando en realidad es sencillamente "parte": la gnôsis théou hermética, un fenómeno que podemos identificar con el país del Nilo (desde luego un Egipto muy distinto del que imaginamos, ya ni siquiera "helenístico", sino integrado en la civilización grecorromana de un modo muy particular e indefinible: pura y simplemente el Egipto del Alto y el Bajo Imperio). En definitiva, la piedra de toque del cristianismo, un lugar sagrado que continuó siéndolo por otros derroteros, pero sobre el mismo trasfondo milenario, o al menos sobre el mismo ambiente filosófico y social derivado del helenismo ptolemaico.

Como decía, este hermetismo gnóstico floreció durante los siglos III y IV, y de hecho supuso el "glorioso" canto de cisne de esta filosofía helenístico-egipcia. A partir de entonces pareciera que el oleaje del cristianismo de orientación neoplatónica haya barrido todas las "antiguas" filosofías paganas. Desde luego, era aberrante para todo buen cristiano oír hablar de "estatuas parlantes" o imbuidas de pensamiento inteligible, y otras lindezas que sonaban peligrosamente a magia o goetia. La polémica fue, desde luego, bastante agria tanto de una parte como de otra (invito al lector a que se entretenga leyendo las obras de los polemistas cristianos y anticristianos), y de hecho muchas de las críticas ("nietzscheanas" o de otro tipo) que se han lanzado contra el cristianismo en la actualidad, encuentran dignos precedentes en la filosofía de Porfirio y Juliano César, por ejemplo. Otros filósofos como Plotino prefirieron atacar a un tipo muy peculiar y "destructivo" de cristianismo: el gnosticismo, cuyos integrantes además trataban de alejarse de la sociedad de "los griegos". Algo que a Plotino le mortificaba especialmente, como deja claro en En. II 9, 6:
"Porque forjan estos vocablos como si no tuvieran contacto con la lengua tradicional griega, siendo así que los griegos, que conocían el tema y lo conocían claramente, hablan sin pretensiones de salir de la cueva y de subir y avanzar poco a poco, más y más, hacia una contemplación más verdadera".
Sin extendernos demasiado en esto, Plotino no podía tolerar que estos "advenedizos" trataran de apropiarse de las cuestiones acerca de las cuales los filósofos platónicos habían estado discutiendo desde hacía siglos, adoptando la irritante actitud de los que se saben en posesión de un conocimiento "esotérico" (es decir, un conocimiento reservado a ellos mismos) acerca de la verdadera naturaleza del mundo material. Plotino rechazaba de este modo, al menos desde mi punto de vista, todo solipsismo elitista de carácter gnóstico-esotérico, para abrazar una dialéctica platónica que desde cierta historiografía clásica se le ha negado más o menos abiertamente (otra vez mi amigo E. R. Dodds o el mismo Philip Merlan, como creo se demuestra en su artículo "Plotinus and Magic", en Isis, vol. 44, nº 4, 1953, pp. 341-348). Al fin y al cabo, el mismo prejuicio constitutivo que ha hecho perder tanto tiempo en el estudio serio de la filosofía del periodo helenístico y romano.

Se me puede objetar contra esto todo un señor tratado de las Enéadas ("Sobre la bajada del alma a los cuerpos"), y en concreto el extracto introductorio que todo el mundo que se haya acercado más o menos a la filosofía plotiniana ha leído alguna vez:
"Muchas veces, despertándome del cuerpo y volviendo a mí mismo, saliéndome de las otras cosas y entrando en mí mismo, veo una Belleza extraordinariamente maravillosa. Convencido entonces más que nunca de que pertenezco a la porción de los seres, actualizo la forma de vida más eximia y, unimismado con la divinidad y establecido en ella, ejercito aquella forma de actividad y me sitúo por encima de todo el resto de lo inteligible. Pero cuando luego, tras esa estancia en la región divina, desciendo de la inteligencia al raciocinio, me pregunto perplejo cómo es posible esta mi bajada de ahora y cómo es posible que mi alma haya llegado jamás a estar dentro del cuerpo a pesar de ser tal cual se me manifestó en sí misma aun estando en un cuerpo". En. IV 8, 1.
¿Nos indica esto una experiencia religiosa en términos místicos? Bueno, mientras escribo estas líneas recuerdo una interesantísima conversación que tuve con Pablo García Castillo, insigne Catedrático de Historia de la Filosofía Antigua en la Universidad de Salamanca, cuya tesis había tratado de revalorizar precisamente el carácter dialéctico-platónico de la filosofía de Plotino, así como su radical originalidad, frente a las visiones historiográficas que primaban su influencia "oriental" (hablamos principalmente del maniqueísmo o el zoroastrismo, filosofías que florecían por aquel entonces en las brumosas fronteras del Imperio). Y cuando la historiografía habla de "influencia oriental", casi siempre se refiere a un "carácter religioso" que se supone "invadía" la filosofía (griega) desde al menos dos siglos antes de nuestra era, poniendo en evidencia su carácter "racional". Bueno, yo creo que esto no se puede afirmar para Plotino, y ahí le doy la razón al Sr. García Castillo, que en contra de Jesús Igal (el autor de la magnífica edición de las Enéadas publicada por la editorial Gredos), defendía este carácter dialéctico del que hablo.

Además, el elemento religioso y "místico" de Plotino es prácticamente el mismo que podemos rastrear en Platón (unas veces apenas esbozado y otras abiertamente explícito -como en el Timeo-), pero quizás intensificado por el ethos el periodo, lo que ocurre es a la peña no le va nada empaparse de los diálogos platónicos en su totalidad. Y a mí me queda por leer alguno, ojo, pero lo digo más que nada porque es cierto: a Platón cada vez se le lee menos. Algunas veces he observado, de hecho, cómo desde posiciones filosóficas contemporáneas se ha interpretado y leído a Platón como les ha venido en gana según sus particulares e intransferibles posiciones académicas, poniendo en boca del filósofo ateniense cosas que nunca sintió o dijo (como dejan claro los textos mismos y la crítica textual, vamos, cosa que a ellos les importa un bledo). Pues lo mismo con Plotino: ¿Mani?, ¿Zoroastro?... No sé, tenemos que aprender a ser rigurosos a la hora de enfrentarnos con un texto que por mucho que nos pueda resultar "parecido" a las ascensiones místicas de San Juan de la Cruz, no tiene absolutamente nada que ver con ningún tipo de experiencia íntima con la divinidad en términos místicos. Es más, yo cuando leo este fragmento no veo ningún anhelo por parte del filósofo egipcio de alcanzar una comunión íntima con algún Dios o theos totalizador, similar al gnóstico-hermético o el judeo-cristiano, mucho más cercano a nuestra visión de las cosas. Antes bien, indentifico algo así como una "filosofia de la belleza" (esto lo decía bien Alsina Clota en su conocida obra introductoria El Neoplatonismo, síntesis del espiritualismo antiguo, Barcelona: Anthropos, 1989). En pocas palabras, filosofía platónica sin más, caballeros, y no algún tipo de mística o religión soteriológica de origen oriental.

Remontémonos más atrás, y en concreto a la filosofía medioplatónica de Apuleyo de Madaura. En efecto, citemos un pequeño pasaje del extracto más conocido de su Asno de Oro o Las Metamorfosis:
"¡Qué maravillosa aparición! Trataré de daros una idea, suponiendo que la pobreza del lenguaje humano o la propia divinidad me otorgan el poder de la descripción, suministrándome todos los recursos de la más expresiva oratoria".


Grabado de la Isis de Apuleyo expuesto en el Oedipus Aegyptiacus (1652) de Athanasius Kircher
Esta experiencia de devoción inscrita en el culto sincrético isíaco, al parecer muy celebrado y extendido en los países ribereños del Mediterráneo de la época, me servirá para afirmar lo mismo que afirmaba G. Shipley en la obra que desde mi punto de vista mejor explica el mundo helenístico: El mundo griego después de Alejandro 323–30 a.C. (2001), p. 196, en la que este magnífico investigador defiende lo siguiente:
“Seguro que los nuevos cultos no eran, como se afirma con frecuencia, el producto de un terror existencial colectivo, sino de un enriquecimiento de la experiencia religiosa. Puede ser que hubiera una demanda de contacto personal con las deidades”.
Amén. Poco más que decir. Esto con respecto al surgimiento de las piedades sincréticas como la isíaca, aunque podríamos afirmar algo parecido para la filosofía platónica después de Plotino y también para las filosofías gnósticas y el hermetismo. Aunque esto habría que matizarlo mucho, y esta entrada del cuaderno no va de eso, así que sigamos. Creo que sólo podríamos afirmar una experiencia mística de revelación para la filosofía gnóstica, y la más cercana a nuestro sentir contemporáneo es la que introduce el hermetismo filosófico de orientación más gnóstica (NH VI 6-8, CH I y CH XIII), y en cuanto al técnico nos encontramos sobre todo con la Receta de la Inmortalidad (PGM IV 475-732), que en realidad nos remite al tipo de lógos de revelación:
“Ya que no me es posible, nacido mortal, elevarme con los rayos de oro de la claridad inextinguible, quédate tranquila, Naturaleza perecedera de los mortales y <retómame> enseguida, sano y salvo, después de la obligación de la despiadada Fatalidad. Porque yo soy el Hijo".
Esto demuestra algo más que la indistinción entre ciertos logoi herméticos y algunos textos de magia helenístico-egipcia, demuestra además que el hermetismo puede considerarse un tipo de piedad helenística (una religio mentis, como usualmente se ha definido, y como se refleja, por ejemplo, en CH VI 5, CH XI 20, o SH IIB 2), y en su fase tardía un corpus de textos relacionados con la experiencia mística propia de los siglos de desarrollo de la teúrgia, y por ende con los estertores de la filosofía platónica en la Antigüedad. Como podemos ver, el hermetismo evolucionaría también con los acontecimientos, y por lo tanto no podemos hablar con rigor de una doctrina filosófica única.

En cualquier caso, con esta entrada referida al mundo antiguo he querido hacer una pequeña introducción al sentido dado a laDevotio Moderna y al tipo de literatura "teológica" más cercana a nuestras pretensiones, como la Teosofía de Boehme, la llamada Theophrastia Sancta, el Rosacrucismo, y el posterior Pietismo. Todas estas formas místicas y religiosas ubicadas cronológicamente en la Baja Edad Media (hablo sobre todo de la mística renano-flamenca) y en plena Época Renacentista y Moderna (ss. XVI-XVIII), se considera que están relacionadas con el tipo de devoción introducida principalmente por la filosofía hermética en la Antigüedad Tardía (o mejor dicho, de piedad o gnôsis, dos conceptos en modo alguno equivalentes pero que nos remiten a un tipo de experiencia religiosa íntima). Aunque desde luego estas teologías y teosofías no fueron influidas solamente por la filosofía hermética tardoantigua, sino también por otras formas filosóficas helenísticas y platónicas, así como por la cábala plenomedieval y su reinterpretación cristiana, y además por cierto tipo de literatura mágica. Bueno, aunque desde mi punto de vista estas corrientes deben diferenciarse de la filosofía hermética, podemos integrarlas con mayor o menor fortuna en una clase especial de devoción y de acercamiento a la realidad divina.

Pero bueno, en la futura segunda parte de esta entrada trataré de introducir esta clase de teología-devoción moderna relacionada habitualmente con el hermetismo y la Reforma, tratando de explicar además el proceso de intimación del sentido religioso desde Eckhart. En fin, dejemos esto para el próximo mes.

En otro orden de cosas, "empiezo el cole" de nuevo, y espero que este sea mi último año de carrera de una vez por todas, porque ya estoy francamente harto de ser un estudiante universitario, una "categoría social" que me hastía y con la que nunca me he sentido muy identificado, por decirlo así. Sea lo que sea, espero terminar y ya está. Y en cuanto al futuro, ya habrá tiempo de hablar largo y tendido; seguro que haré mi tesis, pero si después de hacerla no puedo colocarme en ningún departamento, pues qué coño, a cuidar cabras como buen provinciano bucólico locusamoénico que soy. Además, que sepan los lectores que preparo desde hace meses algunos cambios y "mejoras" en la página, y que el año 2010 (¡Dios Santo, cómo pasa el tiempo!) seguramente lo estrenaré con una Studia Hermetica renovada y espero que más útil para la comunidad investigadora. Asimismo, aprovecharé estos meses para ver si termino de una vez mi primer artículo para Azogue sobre Magia Natural de "inspiración" jesuítica; y de ahí espero que mis artículos vengan en serie, y que José llegue a cansarse de mí. ¡Hasta pronto!